Cuando la guerra es
mal llevada
Para Trump, Israel y todo Occidente, la campaña militar contra Irán se ha convertido en una encrucijada
Para Trump, Israel y todo Occidente, la campaña militar contra Irán se ha convertido en una encrucijada. Los analistas y académicos en seguridad han vuelto por ello a la palestra. En la revista Foreign Affairs, la reconocida en el medio militar y crítica de la política con la Otán del presidente republicano, Kori Schake, analiza cómo este nuevo capítulo del viejo conflicto con Irán falló en su planeación, ejecución y comunicación. Ahí está el meollo de la incapacidad para salirse de él, "ya no logrando una victoria improbable, sino evitando una derrota cataclísmica". Recuerda Schake que Collin Powell, jefe del Estado Mayor Conjunto y secretario de Estado durante los conflictos del Golfo, Irak y Afganistán, propuso unas pruebas que todo presidente norteamericano debía pasar antes de ir a la guerra: si hay intereses nacionales vitales en peligro; si hay decisión de poner al servicio de la guerra los recursos del Estado necesarios para la victoria; si se tienen objetivos políticos y militares claramente definidos; si se está dispuesto a la revisión de gasto, objetivos, alistamiento y despliegue, en la medida en que las circunstancias vayan variando; si se puede ganar el apoyo mayoritario de la ciudadanía y del Congreso, comunicando con franqueza los motivos para usar la fuerza y oírlos a ambos; si llevar a los militares al combate es la última opción, después de usar la diplomacia y la coerción económica; si se tiene una clara estrategia de salida, victoriosa o no; y si se ha logrado un fuerte y visible apoyo internacional. Las seis primeras las hizo célebres uno de los Halcones, el secretario de Guerra de Reagan, Weinberg, y las otras dos, el propio Powell, convirtiendo las ocho en doctrina que lleva su nombre. La decisión de Trump de ir a la guerra con Irán no cumple con los requisitos planteados: si bien impedir que Irán tenga capacidad bélica nuclear es de interés vital para los Estados Unidos, dados los antecedentes de apoyo al terrorismo de la dictadura islámica, se dejó pasar demasiado tiempo para tratar de impedirlo, y el tiempo marchita los intereses nacionales que no se defienden. Trump comprometió demasiados recursos en otros frentes, para él importantes también, como las operaciones en el Caribe y el Pacífico americano y asiático, debilitando la disponibilidad en el frente de Ormuz; se quedó sin suficientes misiles y municiones para ganar rápidamente sin comprometer tropas terrestres, amén de la tronera en la defensa antiaérea de Ucrania. La meta política del cambio de régimen fue mal calculada, con inteligencia añeja, débil y resultados no comprobados de los ataques puntuales anteriores; los objetivos militares también, como lo demuestran los ataques sin tregua de Irán a la región y la insistencia en mantener su uranio enriquecido. Al revisar el gasto adicional de la estrategia, Trump se encontró con que el Congreso no le caminaba a un aumento. El apoyo de la ciudadanía cayó, como subió el galón de gasolina al ritmo de la guerra; el del Congreso es cada vez más incierto; no ha habido franqueza sobre la guerra ni las negociaciones. Se usó impertinentemente la diplomacia, con reculadas en lo militar, la coerción económica y lo político, que dejaron a los militares no como última opción, sino como una más. La opción de salida era la caída del régimen y la desnuclearización, con victoria aplastante y toma popular del poder por líderes nuevos y moderados; como eso nunca sucedió, no hay salida favorable; Trump quedó en manos de aliados inciertos, Pakistán y Catar, quemó a Vance en el proceso, perdió la libertad de navegación del estrecho de Ormuz y terminó mal con los aliados que no quisieron entrar a la improvisación. ¡Qué lecciones importantes para quienes quieren guerra a toda costa! Sobre todo, la enseñanza lapidaria de Powell: "Los militares deben en todo caso evitar que los políticos los usen cuando hay una crisis, y uno de estos grita: ¡Hay que hacer algo!".
Lecciones del conflicto con Irán
Luis Carlos Villegas
La opción de salida era la caída del régimen y la desnuclearización, con victoria aplastante y toma popular del poder por líderes nuevos y moderados; como eso sucedió, no hay salida favorable.