El sindicato del futuro
Proteger al trabajador ya no es defender su rutina.
La historia es digna de Ripley. Hace un tiempo, una empresa buscó implementar un nuevo protocolo de atención al cliente. La idea era tener "anfitriones" a la entrada de sus locales. Oportunidad de oro para todo vendedor/reponedor o cajero amenazado por la automatización. Pero el sindicato reclamó y la Dirección del Trabajo concluyó el 2023 que "la actividad de Anfitrión no aparece acordada por las partes" y dictaminó que resultaría "improcedente si afecta a los trabajadores tanto en la organización diaria de su trabajo y su descanso, el contenido de sus contratos laborales, o si transgrede el orden público laboral vigente". Aunque usted no lo crea, adiós idea.
La tecnología está revolucionando el mundo del trabajo. No es la primera vez en la historia. De hecho, la revolución industrial (1750-1840) no solo impulsó la productividad, sino que generó las condiciones para que los trabajadores se organizaran. Así nacieron los sindicatos modernos, que con el tiempo se adaptaron para cumplir un rol clave.
Sin embargo, en las últimas décadas, algo parece haber dañado la capacidad de adaptación de dichas organizaciones. Quizás sea la mirada vetusta, previa a la era digital, la que ya no atrae, pues desde el 2000 la densidad sindical cae en casi todos los países con datos comparables (fuente: OCDE/AIAS). Chile es una excepción: su densidad sindical total sube, aun cuando no supera el 20%.
En este contexto, hay que reparar en lo que distingue a la actual revolución tecnológica de las versiones anteriores. Voy al grano: su inusual velocidad y fuerza pueden amenazar el funcionamiento de los ya mermados sindicatos.
A primera vista, el riesgo no es obvio. Si la IA domina las tareas cognitivas rutinarias y falta poco para que los robots hagan las manuales, ¿no debería la posibilidad de reemplazar trabajadores por máquinas potenciar al sindicato? Solo en el corto plazo. Con el tiempo, a este ritmo, la transformación productiva será incontenible. Es más, la combinación de legislación obsoleta y líderes sindicales miopes (nivel "anfitrión") acelera la automatización de tareas.
Esto no tiene por qué ser así y cuanto antes lo entiendan los representantes de los trabajadores, mejor para todos. Aquí la clave: un sindicato exitoso en el 2026 debe abandonar la idea de que la protección del empleo pasa por garantizar la rutina. Eso es pan para hoy y (literalmente) hambre para mañana. Por el contrario, lo que protege al trabajador frente a la nueva tecnología es precisamente la posibilidad de experimentar y desarrollar nuevas tareas. Esto permitiría defenderlo en lugar de aceptar una imposición de la empresa. ¿No ha visto las cajas automáticas? A fin de cuentas, ser anfitrión no era tan mala cosa.
Suena extravagante, pero quizás exigir una legislación moderna y una Dirección del Trabajo a la altura sean banderas de lucha de las nuevas generaciones de líderes sindicales. La transformación que vivimos es de tal magnitud que puede llevar a un cambio de mentalidad así de profundo.