La actriz conversó con El País sobre su rol en el unipersonal originalmente escrito por Duncan Macmillan. También repasó los desafíos del formato y el vínculo que mantiene con sus compañeras de elenco.
A una niña se le ocurre una idea para curar la depresión crónica de su madre: hacer una lista de las cosas maravillosas de la vida. Esta crece y avanza con el paso del tiempo, al igual que quien la escribe. La niña se convierte en adulta, y esas cosas maravillosas cambian.
Esa es la premisa de Las cosas maravillosas, una obra originalmente escrita por el inglés Duncan Macmillan y que se reestrena en Uruguay este 3 de setiembre. Es un unipersonal a cargo de intérpretes rotativos construido en conjunto con el público y cuyo espíritu, se anuncia, es resaltar lo bueno de la vida, más allá de los golpes y los contratiempos.
El éxito fue lo suficientemente grande como para que adaptaciones de Las cosas maravillosas se expandieran por todo el mundo. En Argentina, por ejemplo, la protagonizaron Natalie Pérez, Peter Lanzani y Franco Masini. En Uruguay, la directora Jimena Márquez la estrenó en mayo en el Undermovie con Danna Liberman y Manu Da Silveira. Ahora se reestrena con Jimena "Jige" Vázquez (los jueves 3, 10 y 7 de setiembre) y Florencia Infante (que estará los jueves 8 y 15 de octubre). Las entradas están disponibles en la página de Movie a 760 pesos.
Vázquez comenzó a actuar a los 11 años y desde entonces no paró. Tuvo un paso por televisión con dos temporadas de La Culpa de Colóny es una de las presencias destacadas en Carnaval, del que fue su Figura Máxima en 2018. Es, además, docente en el Instituto de Actuación de Montevideo.
En diálogo con El País, Vázques afirma que el mayor desafío de Las cosas maravillosas es el formato. "Es mi primera vez haciendo unipersonal, no es changa estar sola arriba del escenario", dice. Ayuda bastante el vínculo con Liberman, Da Silveira e Infante. Si bien sus interpretaciones son independientes, se dan aliento y se apoyan, dice Vázquez. Con Márquez, a quien conoce hace años y con quien ha compartido estudios de televisión y tablados, generaron una forma de trabajo que, según ella, hace que todo sea más fácil.
Las cuatro actrices convierten la obra en una diferente. Pero, para Vázquez, el secreto de Las cosas maravillosas es que es conmovedora. Y eso, sostiene, es indispensable en el teatro. "Esta obra invita a hacer una pausa y conectar con lo simple", explica.
Sobre esto y más conversó con El País.
La obra ya la protagonizó Danna Liberman y Manu Da Silveira. ¿Hacerla después de ellas es algo que te da presión?
Siento mucha responsabilidad, pero presión no, porque nos queremos mucho y nos alentamos. Supimos que el proyecto era así desde el principio, entonces el encanto es que es la misma obra, pero hecha por cuatro personas distintas, con otras sensibilidades, experiencias y formas de actuar.
Tener un vínculo previo, tanto con Márquez como con Danna y Manu, te ayudó?
Sí, sin duda. Con Márquez ya sabemos qué es lo que la otra le interesa o quiere transmitir. Siempre es un placer trabajar con ella, más allá de entendernos, empatizar en los gustos artísticos y en las elecciones. A Manu la quiero mucho y Danna fue mi profesora de clown hace mucos años. Con Flor también compartimos carnaval. ¿Qué ponés en la interpretación para que sea única?
Siempre me cuesta hablar de mí misma en estos aspectos. Tanto Dana, como Manuela y yo tenemos energías diferentes, sea desde el humor o nuestros estudios de actuación. Además, a la obra la hace diferente cada encuentro. Ese es uno de los desafíos, porque participa la gente y el público no es el mismo. Con Márquez nos conocemos hace mucho tiempo, entonces ya sabe qué es me gusta o por dónde ir. Entre nosotras cambiamos de acuerdo a lo que nos queda más orgánico. Por ejemplo, a mí me gusta Les Luthiers y capaz que a Manu le gusta Star Wars, entonces vamos modificando algunas cosas de la lista, porque también hay que respetar el texto, pero creo que por ahí va la impronta de cada una.
¿Hay algo de este proyecto que te haya cambiado tu forma de ver la vida?
Se empatiza mucho. Es una obra que atraviesa una gran tragedia e intenta alentar a que la vida vale la pena. Hay una frase que digo en un momento y con la que empatizo bastante: si llegamos a esta etapa de la vida sin haber estado tristes, decepcionados o frustrados, es que no tuvimos atentos. Todos en algún momento tocamos fondo. También está bueno que aborde el suicidio, que es un tema sumamente cercano porque todos estamos indirecta o directamente relacionados. No es cae en ningún cliché, maneja un tema tan complejo que creo que es lo que la hace particular y única.
¿Te acordaste de la Jige de siete años en algún momento?
Sí, la obra porque te revuelve a vos también. Hay un límite súper delgado de hasta dónde yo y hasta dónde es ficción, porque te estoy contando cosas que a mí me parecen maravillosas. Hay un momento en el que saco una caja con cosas maravillosas de mi infancia y son mías, pero es ficción porque esta historia no me pasó a mí. Es casi como hacer terapia. También me pasó de decir: "Qué feliz que era de niña", extrañás un poco lo que era antes. Ser adulto te hace darte cuenta de tantas cosas, fue como un viaje en el tiempo
¿Pudiste poner un límite entre dónde está la ficción y dónde estás vos?
Sí, incluso con Márquez tironeamos un poco porque quería que el límite fuera aún más confus, que la gente dudara si realmente la historia no me había pasado a mí. Son búsquedas, pero marqué un poco más de distancia que Márquez, que lo aceptó y lo entendió. Creo que la obra juega un poco con eso.
¿Qué te gustaría generar en el público?
Me gustaría cumplir el propósito de la obra, que es conmover. El teatro tiene que conmover, y esta obra ya de por sí es muy conmovedora. Invita a la reflexión y a reirse de lo difícil que es ser feliz hoy en día también. La cantidad de estímulos de todo tipo que estamos recibiendo, lo enloquecedor que es el mundo hoy por hoy. Entonces, creo que esta obra invita a hacer una pausa y conectar con lo simple de las cosas. La obra arranca con una lista con las cosas maravillosas que la protagonista hizo con siete años, y comienza con los helados, la guerra de bombitas de agua. Esas simplezas que a veces, en la vorágine del día a día, perdemos.