Lunes, 24 de Agosto de 2026

La deuda, el próximo gran problema de la economía mundial

UruguayEl País, Uruguay 24 de agosto de 2026

No estamos todavía ante una crisis de deuda, pero sí ante el final de una anomalía histórica: la época en la que los Estados podían endeudarse casi gratis.

Los mercados financieros están enviando una advertencia que los gobiernos deberían escuchar. La rentabilidad de los bonos a treinta años está subiendo con fuerza en Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y Japón. El movimiento ha sido especialmente llamativo en Estados Unidos, donde el rendimiento supera el 5,3%, su nivel más alto desde 2007.

No estamos todavía ante una crisis de deuda, pero sí ante el final de una anomalía histórica: la época en la que los Estados podían endeudarse casi gratis.

Conviene aclarar el lenguaje. Cuando se dice que se dispara el bono, lo que realmente está subiendo es la rentabilidad (el tipo de interés) de la deuda pública, en este caso a treinta años.

Los inversores están pidiendo más rentabilidad: los acreedores solo aceptan prestar dinero durante treinta años si reciben una remuneración mayor.

¿A qué puede deberse?

1. Aumento de las expectativas de tipos de interés futuros. Los inversores creen que los tipos oficiales se mantendrán altos (o incluso subirán) durante mucho más tiempo de lo que se pensaba. Por eso exigen más rentabilidad para prestar dinero a tan largo plazo.

2. Mayor inflación esperada en las próximas décadas. El mercado anticipa que la inflación no volverá fácilmente a los niveles bajos de la última década. Si el dinero va a perder poder adquisitivo más rápidamente, los inversores piden una compensación mayor.

3. Menos confianza en la solvencia del Estado (prima de riesgo). Cuanto más se endeuda un gobierno y más débil se percibe su capacidad para devolver la deuda, mayor es la prima de riesgo que exigen los inversores para comprarla a treinta años. Es el conocido riesgo de impago.

4. Prima de plazo más elevada. Inmovilizar el dinero durante tres décadas implica soportar fuertes oscilaciones de precio y el riesgo de que aparezcan mejores oportunidades. Cuando la incertidumbre es alta, esta prima se dispara.

En treinta años pueden cambiar los gobiernos, la inflación, los impuestos, los tipos de cambio, el volumen de deuda pública y la estabilidad internacional. Cuanto mayor es esa incertidumbre, mayor es la rentabilidad que reclama el comprador de deuda pública.

El problema es que la deuda acumulada es enorme

Según el FMI, la deuda pública mundial se situó cerca del 94% del PIB en 2025 y podría alcanzar el 100% en 2029. Por su parte, la OCDE calcula que la deuda soberana negociable de sus miembros llegará al 85% del PIB en 2026. Gobiernos y empresas prevén emitir este año unos 29 billones de dólares en bonos, el doble que hace una década. Nunca hubo tantos títulos compitiendo por el ahorro disponible.

La causa principal es el aumento del gasto público debido al envejecimiento de la población (pensiones y sanidad), la defensa, la transición energética, las infraestructuras y la política industrial. A ello se añaden las tensiones geopolíticas y el encarecimiento de la energía. Los gobiernos prometen cada vez más, pero muestran poca disposición a elevar impuestos o reducir el gasto público. La diferencia, el déficit público, termina financiándose con deuda.

Durante los años de tipos cercanos a cero, esa estrategia parecía indolora. Ahora, los bonos antiguos vencen y deben refinanciarse a intereses mucho mayores. El deterioro no se produce de golpe, sino gradualmente. Cada renovación eleva la factura financiera y resta recursos a la educación, la inversión pública o las políticas sociales. Aparece entonces un círculo peligroso: más intereses generan más déficit; el déficit exige nuevas emisiones de deuda; y la mayor oferta de bonos obliga a pagar rentabilidades todavía más altas.

Cómo afecta a América Latina

América Latina no puede contemplar este fenómeno desde la distancia. Cuando aumenta la rentabilidad del bono estadounidense, sube el suelo sobre el que se calcula el coste de financiación de los países latinoamericanos. Si el Tesoro norteamericano ofrece más del 5% a treinta años, un Gobierno emergente deberá pagar ese rendimiento más su prima de riesgo. Aunque la prima nacional no aumente, el coste total de endeudarse ya se habrá encarecido.

La situación regional, sin embargo, es muy desigual. Países con bancos centrales independientes del gobierno, reservas de divisas suficientes, mercados financieros amplios en moneda local y cuentas públicas relativamente ordenadas pueden absorber mejor el golpe. Otros, con déficits persistentes, inflación elevada, inestabilidad política o una gran proporción de deuda en dólares, son mucho más vulnerables. Una depreciación de su moneda eleva inmediatamente el peso real de sus obligaciones exteriores.

Según el FMI, la deuda pública bruta de América Latina y el Caribe denominada tanto en monedas nacionales como extranjeras equivale aproximadamente al 73% del PIB regional. Una cifra manejable.

¿Será entonces la deuda la causa de la próxima gran crisis mundial?

No necesariamente, porque muchas economías cuentan con mercados financieros profundos. Pero probablemente será el gran condicionante de los próximos años.

La subida de los tipos de interés del bono a treinta años no está anunciando el apocalipsis. Está diciendo que los gobiernos han perdido el privilegio de endeudarse a costes bajos. Y, si quieren recuperar ese privilegio, tendrán que elegir entre: a) contener el gasto público; b) recaudar más impuestos; o c) ambas cosas a la vez.

- Rafael Pampillón Olmedo, Profesor de Entorno Económico en el IE Business School
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