Lunes, 24 de Agosto de 2026

Jaime Collyer: "Lo irracional nos acecha cotidianamente"

ChileEl Mercurio, Chile 24 de agosto de 2026

Postulado por primera vez al Premio Nacional de Literatura, el escritor regresa al género que lo ha hecho reconocido en "Fauna", un volumen de cuentos en que se infiltra lo inexplicable a la realidad.

Hacia el final del taller de escritura, el profesor corrige a un alumno con tanta voluntad que de pronto se transforma: pasa de ser un hombre más bien sereno, a convertirse físicamente en un viejo grotesco de ojos desorbitados. En un sepulturero monstruoso salido de alguna literatura gótica que los alumnos, impresionados, terminan llamando Kromberg. Más aún, todos lo incluyen de alguna forma en sus libros, con ese personaje como faro, y se convierten en la punta de lanza de una nueva generación en la literatura chilena, el "neorrealismo macabro". La historia está en un nuevo cuento de Jaime Collyer y algo tiene de autobiográfica, aunque exagerada: como tutor de talleres por años, ha visto cómo una lección suya aparece en los textos de sus alumnos y también lo que dicen ellos en sus propios textos.
"Un taller fructífero termina operando siempre como una especie de comité editorial en que los textos de todos son de algún modo reparados por el grupo, en el mejor sentido del término. Y en ese proceso suele haber coincidencias extrañas. Muchas veces me ha ocurrido que los tres o cuatro cuentos que se leen en una sesión de taller tratan casi con exactitud de lo mismo", cuenta Collyer, que incluye aquel relato del sepulturero -"Kromberg"- en su nuevo libro, "Fauna" (Lom, $12.600). Ahí, como ya es una costumbre en su obra, se repiten las extrañezas: en los 10 relatos que contiene, la naturaleza se mueve misteriosa, los lectores terminan habitando los libros que leen, los tiempos se superponen y los personajes se entregan a la irracionalidad.
Parte de la generación de escritores que despuntó en los 90, Collyer (Santiago, 1955) ha sido considerado uno de los cuentistas más valiosos de la escena local. Para él, el género ocupa tanto de su tiempo como las novelas, pero tiene la gracia de llevarlo a lo desconocido: "En el cuento opero un poco en penumbras, sin saber muy bien adónde va lo que estoy contando, y es esa imprevisibilidad lo que más me convoca del género. A veces es también una historia que se escapa por su cuenta. Y esas son, creo yo, las mejores historias o las que mejor funcionan", cuenta.
Comparado con Borges, su volumen de cuentos "Gente al acecho" (1992) hoy es un clásico del género en Chile. También un emblema de la llamada Nueva Narrativa, cuando Collyer tenía un rol público más activo que en la actualidad. Pero desde entonces ha publicado sistemáticamente más de 12 libros. Hoy, por primera vez, es postulado al Premio Nacional de Literatura por editorial Lom. "Me siento agradecido y a la vez un poco abrumado, porque la sola postulación amenaza con sustraerte a cierto aislamiento en que discurre la creación literaria y que a mí me acomoda muchísimo. Pero igual halagado, ciertamente", dice.
Lo inexplicable
En ese aislamiento, Collyer trabajó en estos relatos, sin pensar en un destino preciso: "Al ir escribiendo los cuentos comencé a advertir en ellos la presencia de un bestiario real o imaginario que acechaba casi siempre a los personajes. A partir de ello, surgió la idea de una totalidad e incluso el título de esa totalidad", explica, y quizá ese lazo aparezca nítidamente en un relato como "Bosque en movimiento": dos botánicos trabajan aislados en la selva negra alemana hasta que en un momento se dan cuenta de que el bosque está en movimiento. No alcanzan a inquietarse cuando ya no tienen salida.
En parte, los relatos de "Fauna" están siempre atravesados por una sustancia misteriosa y acaso es la forma de Collyer de ver la cotidianidad. "Sin la menor duda es así, y yo diría que por fortuna. A estas alturas de la vida, tengo la convicción más o menos insoslayable de que lo irracional y hasta lo surrealista nos acechan cotidianamente y que la forma más sabia de lidiar con ello es, precisamente, la de no lidiar con ello y asumirlo con alegría, aceptar que somos entidades en esencia ilógicas, emocionales y un poco inexplicables", cuenta.
Incluso Collyer pasa por el filtro de lo irracional para abordar un asunto tan crudo como el estallido. En el cuento "Algarabía" un profesor ve desde su balcón cómo en las calles se enfrentan día a día manifestantes con las fuerzas del orden, y llega a creer que en esas luchas regresan como combatientes pueblos originarios con soldados españoles.
"El cuento surgió en una conversación con el periodista Rafael Otano, cuando hablábamos acerca de lo que él presenciaba a diario, por aquellos días, desde sus ventanas en el centro de la ciudad", cuenta Collyer. "Luego me dio por imaginar que esa batalla cotidiana entre los manifestantes y las llamadas fuerzas del orden traía a colación, en cierta forma, las refriegas atávicas que han ocurrido en Santiago del Nuevo Extremo desde sus orígenes. Era una idea suficiente para un cuento: la idea de un ciclo histórico que se renueva ad infinitum . Una bella idea, con todo lo que ella tiene de renovador y, a la vez, fatalista", explica.
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