La justicia importa
Gustavo Piedrahíta
Empieza un nuevo gobierno y con él una nueva persona a cargo de la cartera de justicia
Gustavo Piedrahíta
Empieza un nuevo gobierno y con él una nueva persona a cargo de la cartera de justicia. En las pocas entrevistas y comentarios que se han visto, el nuevo ministro se enfocará en algunos ejes temáticos que buscan reducir o agilizar los tiempos en los procesos; como por ejemplo la eliminación de la imputación de cargos en asuntos penales, la incorporación integral de la inteligencia artificial o la reducción del papel del Ministerio Público en algunos asuntos. Y la verdad, es que cualquier medida que ayude a la reducción de tiempos y la celeridad de los procesos sin perder la eficacia, se requiere de manera urgente. Con un ritmo acelerado en la radicación de procesos judiciales con casi 3.700.000 procesos ingresados anualmente; una brecha de 700.000 entre estos y los egresados y unos niveles de congestión judicial que al finalizar el 2025, llegaban al 50% -según la información reportada por la Corporación Excelencia en la Justicia-, urge una solución. En promedio un proceso judicial en Colombia puede durar aproximadamente 1.880 días, cifra que dependiendo el despacho, la especialidad y muchos otros factores puede subir o bajar, pero lo que realmente nos debe impactar en términos de justicia es el tiempo en el que un ciudadano puede encontrar respuestas a un problema. Tal vez esa sea la razón por la que el número de personas que decide no acudir a la justicia y "dejar así" incrementa año a año. Un país sin justicia no crece, así de simple. No hay desarrollo económico sostenible, no hay inversión, generación de empleo ni confianza institucional cuando las reglas no se cumplen o cuando resolver un conflicto toma años. La justicia no es un asunto exclusivo de abogados o jueces: es una condición necesaria para que empresarios inviertan, para que los ciudadanos confíen, para que los contratos se cumplan y para que las instituciones funcionen. Un país que garantiza una justicia oportuna, eficiente, independiente y cercana genera confianza; y la confianza es, en últimas, uno de los principales motores del crecimiento. Por eso, hablar de justicia no es hablar solamente de tribunales: es hablar de desarrollo, competitividad y futuro. Al nuevo ministro y al equipo que lo acompañará toda la suerte. Pero, sobre todo, acierto. La justicia necesita reformas, sí, pero necesita también una mirada que ponga al ciudadano en el centro y que entienda que detrás de cada expediente hay una historia, un patrimonio, una empresa, una familia o una expectativa que no puede quedar suspendida indefinidamente. Ojalá las decisiones que vienen logren transformar los diagnósticos en resultados y las buenas intenciones en respuestas concretas. Si la justicia funciona mejor, gana el ciudadano, gana la empresa, gana la institucionalidad y, en últimas, gana Colombia.
Director del Centro de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Bogotá.