Dólar a $3.000: ¿bueno o malo?
Es quizás la pregunta que más nos hacen hoy a los analistas y, como manda el oficio, la respuesta es: depende
Es quizás la pregunta que más nos hacen hoy a los analistas y, como manda el oficio, la respuesta es: depende. El tipo de cambio es un sube y baja: cuando unos ganan, otros pierden. Una depreciación favorece a exportadores y a quienes reciben dólares, pero encarece las importaciones y presiona la inflación. Una apreciación, como la actual, hace lo contrario. No hay un dólar bueno o malo para todos. El nuevo Gobierno inició su mandato en medio de una fuerte apreciación, que se profundizó en los últimos días, incluso después del terremoto. El peso ya se acerca a $3.000 por dólar: se ha fortalecido 18,3% este año y alcanzó su nivel más fuerte desde octubre de 2018. Un peso, literalmente, bien pesado. Detrás hay factores externos, pero también locales y, en particular, una mayor confianza asociada al cambio político. Los hogares están entre los principales beneficiados. Un peso más fuerte aumenta su poder adquisitivo frente al mundo. A mayo, la masa salarial medida en dólares había aumentado 41%, ampliando la capacidad para comprar bienes importados, viajar o consumir servicios en el exterior. También ayuda, aunque marginalmente, a contener los precios: podría aliviar la inflación cerca de 20 puntos básicos, aunque las presiones de demanda contrarrestan este efecto. La otra cara está en quienes reciben ingresos en dólares. En el primer semestre, las remesas convertidas a pesos cayeron 9,1% anual, de $26,9 a $24,4 billones. Entre las empresas, los exportadores son quizás los más perjudicados. En el primer semestre habrían dejado de recibir $14,8 billones solo por la apreciación. Para quienes venden en dólares y pagan sus costos en pesos, el golpe se suma al aumento de los costos laborales, logísticos y arancelarios. Del otro lado están los importadores. Como Colombia compra al exterior más de lo que vende, el menor costo de las importaciones generó un ahorro mayor: $19,2 billones. Así, el efecto neto sobre el comercio exterior sería positivo en $4,4 billones. Por ahora, el dólar bajo no ha deteriorado significativamente el déficit comercial, más determinado por factores externos, como los precios de las materias primas. Las cuentas del Gobierno también se mueven al ritmo del dólar. Si cerrara cerca de los niveles actuales, la deuda neta podría ubicarse cerca de 2 puntos del PIB por debajo de lo proyectado, principalmente por la menor valoración en pesos de la deuda en dólares, cerca del 25% del total. En contraste, el balance fiscal podría deteriorarse unos $7,9 billones por menores ingresos petroleros y arancelarios. El dólar es, ante todo, un precio de mercado y, como la fuerza gravitacional que mueve un sube y baja, difícil de controlar. Más que intentar revertir sus movimientos, el reto es aprovechar las oportunidades y mitigar los costos. Para eso, primero hay que entender quién gana, quién pierde y cuánto.
César Pabón
Director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.