De Sarthou a Rada, hambre de armonía
Con el egoísmo elevado a filosofía, con el Derecho leído sin ideales, atropellamos a personas concretas.
El abogado Hoenir Sarthou relató en su columna de Voces una peripecia que desborda los límites de lo profesional y denuncia una durísima realidad.
Ocurrió que una ex docente tuvo un percance grave de salud y estando sola e inconsciente, con intervención del Mides fue a parar a una casa de salud de Piedras Blancas sin su consentimiento. Y allí le iniciaron proceso para declararla incapaz.
Sin celular, perdió los contactos. Aun así, con lucidez logró contactar al distinguido colega, quien la visitó y se puso a averiguar. Se topó con que ya estaba convocada por el Instituto Técnico Forense a la pericia psiquiátrica de rigor, para el 17 de agosto a las 14.30.
El Dr. Sarthou se presentó a las 13.00 en el residencial para trasportarla, pero el dueño de la casa de salud se negó a dejarla salir. Sin documento alguno, opuso que la señora "estaba judicializada". Y por más que el abogado esgrimió razones, no logró vencer la negativa, por lo cual partió raudo a buscar apoyo en la Seccional 17º.
Allí esperó, junto a otros ciudadanos que habían llegado antes, de 13.20 a 13.50. No tuvo a quien plantear para qué iba. Sólo le espetaron: "Estamos en el cambio de turno, ya lo vamos a atender". Nadie supo de la angustia en juego ni de la urgencia institucional. Resultado: marchó al ITF a explicar y pedir nueva fecha.
Lo relatado podría parecer una frustración más en un país que las fabrica en serie y en una profesión hoy sitiada por barbaries del pensamiento. Podría resbalarnos en el tobogán de la insensibilidad resignada. Pero no. Es una parábola. Enseña a sentir la decadencia del trato a los ancianos, la desconexión institucional y la flojedad de las custodias legales, que se cumplen a desgano por "protocolos" sin luz para la dimensión humana.
El Dr. Sarthou señala: "En el asunto han intervenido, o tuvieron oportunidad de intervenir, una institución médica, el Mides, el ITF, la policía y un juez, pero la persona sigue donde no quiere estar, privada de cédula de identidad, de su jubilación, de comida suficiente, de acceso a su casa, de control sobre su cuerpo, de libertad ambulatoria y de comunicación telefónica". ¿Desconexión a combatir con normas y comisiones de enlace? No: decadencia de la sensibilidad, desamor al prójimo, ineducación de los sentimientos.
Entre leyes y convenios internacionales tenemos declarados todos los derechos y garantías que necesitamos. Normas no nos faltan, pero nos hemos debilitado en el modo de vivirlas e interpretarlas. Con el egoísmo elevado a filosofía, con el Derecho leído sin ideales ni principios y con la convivencia entendida como lucha de intereses sin amor al prójimo, terminamos no sólo violando las reglas generales y abstractas sino atropellando a las personas particulares y concretas.
El Título Preliminar de nuestro Código Civil manda interpretar la ley de manera que entre todas sus partes "de manera que haya entre ellas la debida correspondencia y armonía." Nos manda, pues, aplicar en todo las reglas de la poesía y la música.
Acaso nuestra tragedia deriva de trivializar como entretenimiento banal el mensaje de fondo de esas artes nobles, llamadas desde siempre a enseñarnos la seriedad de la vida.
Acaso debamos cavar en la hondura de los mensajes de los trovadores, que siembran mucho más que un rato de solaz.
Uno lo siente así a cada rato. Y hoy lo saca a luz para rendir homenaje a Ruben Rada, ejemplo de uruguayo en lucha, que supo ascender al empíreo de nuestro arte popular y culto a la vez.