Viernes, 28 de Agosto de 2026

Editorial

ColombiaEl Tiempo, Colombia 28 de agosto de 2026

Crecer con lo nuestro
Colombia sigue con la necesidad de saber cómo crecer y ahora urge más que nunca

Crecer con lo nuestro
Colombia sigue con la necesidad de saber cómo crecer y ahora urge más que nunca. El terremoto que sacudió varios departamentos hace unas semanas dejó un costo que no hemos terminado de calcular, y el Ministerio de Hacienda acaba de estimar que el déficit fiscal cerrará este año en 8,2% del PIB. Con esas cuentas, la tentación es aplazar la conversación sobre el crecimiento hasta que la casa esté en orden. Sería un error, porque sin crecimiento la casa no se ordena. Durante décadas la receta ha sido exportar manufacturas, engancharse a las cadenas globales de valor y esperar que la industria absorbiera a los trabajadores del campo. Colombia ha tenido también impulsos de ‘commodities’ que llenan las arcas públicas pero ocupan a poca gente. Hoy la receta está un poco agotada. En la convención bancaria que termina hoy en Cartagena, el profesor Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, explicó por qué. Las fábricas modernas producen más con menos gente, y los empleos que más van a crecer hacia 2036 en el país no estarán en la manufactura ni en la alta tecnología, sino en oficios corrientes como los vendedores, conductores, obreros de construcción, cocineros y vigilantes. La buena noticia es que la productividad de esos oficios sí puede subir, y rápido. Hay ejemplos a la vista, como las cadenas de descuento que le compran casi todo a proveedores locales y emplean a decenas de miles con contrato; billeteras digitales que llevaron a millones de usuarios a su primer crédito; plataformas de domicilios que dieron ingreso a quienes venían del desempleo; empresas que contratan a las trabajadoras del hogar como asalariadas y con seguridad social. Lo que tienen en común no es tecnología de punta ni maquinaria costosa, sino otra manera de organizarse. La evidencia sugiere que crean empleo formal sin desplazar al informal. El problema es la escala. Según cifras presentadas en la convención, solo 22% de los trabajadores está en empresas de más de 51 personas y 44% trabaja por cuenta propia. Esa fragmentación, y no la falta de talento, es el verdadero rezago. A eso se suma que la inversión en maquinaria, infraestructura y activos productivos cayó del 24% del PIB en 2015 al 16% en 2025. De ahí salen varias tareas. La primera es abaratar el costo de ser formal y de crecer. Según el Gobierno que acaba de llegar, en veinte años se expidieron más de 45.000 normas, un laberinto que solo la empresa grande recorre. La segunda es destrabar lo que ya está listo, porque solo en los proyectos viales de quinta generación hay, según Corficolombiana, $49 billones en obras represadas, con licencia en mano. La tercera es gastar mejor en las regiones, porque, según el propio Gobierno, quince años de regalías repartidas en miles de proyectos pequeños han dejado poco que mostrar. Y la cuarta, la menos vistosa, es que el Estado cumpla con lo suyo, que es educación que enseñe a aprender, seguridad física y jurídica, e infraestructura que ninguna empresa construye sola. Nada de esto da un salto espectacular en un semestre. El crecimiento no se puede imponer en un documento, sino que aparece cuando miles de empresas descubren cómo hacer mejor lo que ya hacen. Lo que sí se decide es si el camino está despejado o lleno de piedras. Un crecimiento apoyado en esos oficios será más lento que el que prometen las viejas recetas, pero más parejo. Llega primero a quienes trabajan solos y sin red. Esa decisión está sobre la mesa, y definirá si la próxima década se parece o no a la anterior.
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