Jaime Clara: Todo lo que hago es desde la honestidad y que a uno lo reconozcan por eso no está nada mal
El conductor de Telenoche 4 acaba de publicar su primer libro de relatos en España, "Cambio de hora" que ya está en librerías uruguaya; aquí Clara habla de su carrera, sus exposiciones de caricaturas en Madrid y de alguna batalla perdida
No es novedad que Jaime Clara es un hombre ocupado. Además de conducir el informativo central de Canal 4; Sábado Sarandí, su programa radial que está por cumplir 25 años; y, todas las mañanas a las seis, Es noticia, también por Sarandí, Clara encuentra, milagrosamente, tiempo para otras dos actividades: escribir y dibujar. No queda claro cómo puede hacer todo.
Este año publicó en España, a través de la asturiana Velasco Ediciones -y acaba de editarse en Uruguay-, Cambio de hora, una colección de relatos inéditos (en realidad, se incluye, como un homenaje a este debut editorial español, "El velorio", de su primer libro, de 2015) y estuvo presentándolo en una gira que incluyó Zafra, Cáceres, Santiago de Compostela y Madrid. Es su cuarto libro de narrativa en una bibliografía que incluye dos libros de poesía, uno de ensayo y uno con sus caricaturas. Lo va a presentar en las feria del libro de San José, Montevideo y Durazno.
La capital española también ha sido receptiva a sus dibujos. En 2025 inauguró en la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías, ubicada en pleno Parque del Retiro, la exposición Caripelas, irreverentes caricaturas culturales, compuesta por 40 obras. Allí la vieron, le cuenta a El País un aún sorprendido Clara, un millón de personas. Se hizo itinerante, además, por las bibliotecas públicas de la ciudad. Este año expuso en Santiago de Compostela y, en el montevideano el Museo de Arte Precolombino e Indígena, presentó Artes y Letras del Perú en caricaturas.
Esta charla podría, así, ser sobre cómo hace para aprovechar así el tiempo (una pista: duerme poco), pero fue por el lado de su faceta de escritor y dibujante, su experiencia en España, el momento de su carrera, las noticias policiales en el informativo y alguna batalla perdida.
¿Cómo se siente como escritor?
Siento menos estrés al escribir y he generado una capacidad de encontrar temas o ideas, elaborarlas, por razones de tiempo, mucho en mi cabeza y después poder llevarlos al papel. Se me ocurre, por ejemplo, la historia en torno a una canción, de las que hay varias en el libro. Por ejemplo, la de "El mulitero", de Julián Muguía y Tabaré Etcheverry. Para mí, dentro de lo no dicho en sus tres minutos, hay una historia preciosa de un padre y un hijo. Entonces hago todo ese proceso, como el que hace un actor para armar el personaje, que piensa su vida más allá de lo que pasa en el escenario.
¿Cómo hace eso?
Agarro una frase, una idea o una canción y trato de armar la arquitectura en torno a esa idea central. La manejo mucho en mi cabeza, sobre todo cuando salgo a caminar los domingos de mañana y cuando me levanto de madrugada y empiezo a dar vueltas. Hay todo un proceso mental de masticar mucho eso. Entonces siento que, cuando me siento a escribir, tengo medio camino recorrido.
Y eso lo convirtió en su rutina de escritor...
Me ha permitido generar una suerte de gimnasia o de hábito que me facilita y me hace sentir más seguro. En los libros anteriores siempre caminaba con muchas más precauciones, pensando mucho más en el lector de lo que pensé en este. Acá hay una variedad de temas más grande, Me sentí más libre como para incluir un cuento policial negro o para jugar con el humor. Y estaba el desafío de que el público iba a ser totalmente distinto. Ese fue el reto para las presentaciones allá donde no me conocía nadie.
Es que en Uruguay un libro suyo está intermediado por su figura pública; en España estaba a la intemperie. ¿Cómo se sintió con eso?
Fue muy raro porque las presentaciones de Zafra y Cáceres estaban llenas y no había un solo uruguayo, que sí había en Madrid y Santiago de Compostela. Lo que funcionó es que hay una corriente muy fuerte en defensa del cuento. Hoy, el relato corto está dando una batalla muy fuerte y quienes militan en torno a él como que se abroquelan ante cada propuesta de narrativa corta.
¿Cómo llegó a Velasco Ediciones?
Ellos están publicando latinoamericanos y Cristian Velasco, su director, quería publicar a Uruguay. Les presenté el libro, les gustó y funcionó.
¿Le incidió saber que iba a ser leído en España?
Al ser una editorial de Asturias, pensé mucho en cómo redactar determinadas palabras. Christian, como editor, pretendía que escribiera en uruguayo. Y aunque no me esforcé por hacerlo neutro, tampoco me regalé: no puse "botija", pero tampoco puse "chaval". Y evité ponerme demasiado coloquial.
No sé si tiene algo que ver con eso, pero encuentro cierta diferencia en el tono y la manera en que está escrito...
Seguramente. Usted ya me ha señalado eso mío de tomar una historia mínima, poner la lupa, acercarme, hacer foco en zonas donde parece que no pasa nada y buscarles algo. Si bien eso está en este libro, también confieso que me tomo un poco de distancia pensando en un lector, aunque suene raro, más internacional.
El vínculo de su obra con España creció en el último tiempo. ¿Cómo se fue dando eso?
La verdad que fue muy sorpresivo. El año pasado, la exposición de mis caricaturas de Madrid, durante la Feria del Libro, fue impresionante: la vio un millón de personas en la biblioteca pública más importante de Madrid. Cuando me dijeron que iba a exponer ahí, no podía creerlo. Le contaba, por ejemplo, a Rosa Montero que yo estaba exponiendo ahí y se sorprendía. ¡Caparrós fue en su silla de ruedas a ver la exposición! Es mucho. A España entré por una puerta pequeña, la de una ciudad como Zafra, donde hice dos muestras en 2024. El año pasado fue esa inmensa de Madrid, a la que siguió una muestra itinerante por todas las bibliotecas públicas madrileñas. Y este año, Santiago de Compostela, donde pensé que iba a haber cuadros colgados en un patio de un viejo hospital, que es un centro cultural, y mis caricaturas terminaron siendo gigantografías de metro y medio. He logrado el objetivo de colocar a la caricatura, por lo menos en determinados ámbitos, en la conversación.
Hace muchas cosas. ¿Qué es lo que une todas sus facetas?
Alguien me decía, hablando de mis cuentos, que sentía que yo escribía de forma honesta. Me pareció una definición muy apropiada. Todo lo que hago es desde la honestidad y que a uno lo reconozcan por eso no está nada mal.
¿Cómo se define?
No puedo dejar de ser yo en todo lo que hago. La radio es lo que me ha consolidado, me ha dado nombre. Ahora me ve y me conoce más gente. No sé si eso ha redundado en más oyentes para la radio, pero, por suerte, el programa siempre se escuchó. Pero, en definitiva, creo que el germen de todo es la radio y el periodismo cultural que hago. Nunca me aparté demasiado. Inclusive hoy, dando las noticias policiales más terribles, trato de ser el mismo Jaime de Sábado Sarandí.
¿Cómo se siente cuando tiene que presentar tanta noticia de crónica roja?
Pasa que es la realidad. Es lo que pasa. El otro día le saqué una foto al banco en la Rambla donde pegó una de las balas que mató al niño de 12 años. ¡Paso por ahí todos los domingos! No ocurre en una zona alejada. Sería absurdo que, además, siendo periodista y teniendo la curiosidad del periodista, mirara para otro lado y me quedara, como a veces pasa, en mi micromundo. A mí eso ya no me pasa y me siento muy libre. Me parece también muy honesto decir: un periodista que disfruta de un libro, de una ópera, de un concierto, no puede ignorar que hoy es un día de cinco homicidios. Eso existe y está creciendo. Es más, al revés: yo creo que si hubiera más Sábado Sarandí, para decirlo de forma muy gráfica y egoísta, más cultura, más educación, seguramente minimizamos lo otro. Cuando rengueás de algo, lo otro te gana terreno.
Cambiando de tema. Era un férreo opositor a las cámaras en los estudios de radio...
Esa es una batalla que perdí mal. Lo asumo como una realidad, pero se perdió la magia de la radio y no quiero que se pierda la magia del arte de conversar. Hoy casi ningún medio se permite poner una charla de media hora, de 40 minutos. Pero el sábado pasado, por YouTube, estuvieron conectadas 3.300 personas. Esas pruebas son las que me demuestran que, obviamente, una vez más el equivocado soy yo.
¿Se siente en un gran momento profesional?
Hago lo que me gusta y estoy en los lugares que quiero estar. Sábado Sarandí, mi programa, está por cumplir 25 años y en Telenoche hacemos un noticiero que ha crecido muchísimo. Estamos muy contentos y se generó ambiente de laburo y un equipo (del que, obvio, soy el más grande) increíbles. Es una bendición trabajar en lo que me gusta.
Y en lo que siempre soñó...
A los ocho años ya quería hacer esto. Y no sé hacer otra cosa. A veces me pongo a pensar qué hubiera sido de no haber entrado a la radio hace tantos años. Quise ser electricista, dentista y maestro de escuela, porque mis dos padres eran maestros. Y a los ocho años decidí hacer esto. Para mí es increíble cómo se han dado las cosas.