El tiempo que se vive
Resulta de particular importancia captar cuál sea el tiempo que está corriendo en una determinada sociedad.
El tiempo por el cual transcurre la vida de una nación no es siempre homogéneo. Las hojas del calendario podrán ser todas del mismo tamaño y los años tienen invariablemente el mismo número de meses pero la naturaleza de los tiempos históricos es variada y variable.
El tiempo de guerra es diferente al tiempo de paz; eso lo entiende cualquiera. Igualmente fácil de entender, aunque más difícil de aceptar, es la diferencia que para una nación tiene un tiempo de empuje, una época de coraje y emprendimiento, con un tiempo de parálisis y pura repetición. Tanto para el historiador como para el analista político resulta de particular importancia captar cuál sea el tiempo que está corriendo en una determinada sociedad.
Para el historiador Tito Livio, nombre clásico que me complace citar, el concepto de decadencia está compuesto por dos elementos fundamentales.
En el prefacio de su Historia de Roma él describe la decadencia de su época de la siguiente manera: "hemos llegado a estos tiempos en los cuales no estamos dispuestos a soportar nuestros vicios y tampoco tenemos disposición para tolerar los remedios".
El Uruguay no es un país del que se pueda decir al bulto que está atravesando por un período de decadencia (como, quizás, pueda decirse de la Argentina).
Nuestro país vivió un período de clara decadencia entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, primero a la uruguaya, con moderación y disimulo, luego a la latinoamericana, es decir, a los tiros. No hemos reflexionado aún lo suficiente sobre ese declive nacional, pero la experiencia perturbadora de ser parte de una sociedad que iba para atrás es una de las vivencias de quienes tenemos suficientes años como para cargar recuerdos. El país hoy es muy otro, es cierto, pero las cosas no cambian todas juntas. En algunos aspectos este Uruguay de hoy sigue en esa particular situación de no poder soportar más sus vicios pero tampoco tolera los remedios necesarios.
Los modos de hacer política, la vida partidaria, todo lo que se procesa en ese mundo, a nadie deja contento en ninguno de los partidos. Los partidos históricos que durante mucho tiempo marcaron la partitura y el ritmo del quehacer público, se encuentran enredados en sus propios pasos, sin capacidad de reacción, asténicos. Las nuevas fuerzas poca novedad conservan. El Frente Amplio ha crecido numéricamente, ha captado votantes, pero está internamente bloqueado, ideológicamente bloqueado (¿históricamente?). Tironeado entre los viejos militantes educados en un marxismo que tenía todas las respuestas y ahora no pueden abandonar sin negarse a sí mismos tres veces. Y los nuevos izquierdistas, más de Fidel y Maduro que de Marx, atentos sobretodo a no perder el poder acumulado (en el estado, las burocracias del gobierno, la Universidad, los gremios, las murgas. y en el propio Partido).
Dice M. Crozier. "Un sistema de organización y un estilo de acción ineficaces o contraproducentes puede mantenerse si la sociedad dispone de medios psicológicos o sociales suficientes como para negarse a aceptar las pruebas de la inconveniencia de sus modos de acción" (La Sociedad Bloqueada).