Domingo, 30 de Agosto de 2026

Los que no se rindieron

ColombiaEl Tiempo, Colombia 30 de agosto de 2026

Durante estos cuatro años, hacer empresa en Colombia exigió mucho más que producir, invertir y generar empleo

Durante estos cuatro años, hacer empresa en Colombia exigió mucho más que producir, invertir y generar empleo. Exigió resistir. Resistir la incertidumbre, la estigmatización y decisiones públicas que deterioraron la confianza. Y, aun así, miles de empresas siguieron abiertas, pagaron salarios, exportaron, tributaron y sostuvieron millones de empleos. Esa resistencia merece ser reconocida. Gustavo Petro construyó buena parte de su discurso económico sobre la desconfianza hacia ciertos sectores empresariales. Habló de "raquíticos capitalistas", cuestionó a los gremios y presentó con frecuencia la relación entre capital y trabajo como una confrontación. Pero Colombia comprobó algo distinto: cuando una empresa cierra no pierde una abstracción llamada "capital". Pierden el trabajador, su familia y el país, que deja de producir. Los resultados tampoco admiten triunfalismos. La inversión extranjera directa pasó del 5 % del PIB en 2022 al 2,5 % en 2025 y S&P rebajó la calificación soberana a BB-. Pero la factura más grave apareció al sincerar las cuentas: el nuevo gobierno calcula que, antes de los ajustes, el déficit podría llegar al 9,4 % del PIB en 2027, al reconocer obligaciones y presiones de gasto que no estaban plenamente reflejadas. Esa es parte de la herencia que ahora tendrá que administrar. En medio de esas circunstancias hubo dirigentes gremiales que entendieron que su responsabilidad no era agradar al poder, sino advertirle al país. Bruce Mac Master pidió un Acuerdo Nacional cuando la polarización parecía política de Estado. Ana María Vesga advirtió sobre la crisis de la salud y recordó que "la vida de los colombianos no da espera". Jaime Alberto Cabal denunció la estigmatización del empresariado. Germán Bahamón defendió a la Federación de Cafeteros y su autonomía aun cuando el Gobierno amenazó con quitarle la administración del Fondo Nacional del Café. Alejandro Castañeda insistió en una verdad elemental: sin energía firme no funcionan hospitales ni fábricas. No fueron los únicos. Tampoco todo el que discrepó merece el mismo reconocimiento. Pero quienes defendieron la institucionalidad, el empleo, la iniciativa privada y el interés nacional, aun cuando hacerlo tenía costos, contribuyeron a que Colombia llegara hasta aquí con mucho todavía por proteger. Churchill entendió en 1940 que enfrentar a Hitler exigía algo más grande que su propio partido. Convocó a Clement Attlee, su contradictor, a un gobierno de unidad nacional. No porque desaparecieran sus diferencias, sino porque existía un propósito superior que obligaba a sumar incluso a los adversarios. En la guerra, resolución; en la victoria, magnanimidad. Abelardo prometió gobernar para todos. Esa frase tiene fondo si incluye también a quienes discreparon de Petro pero defendieron al país desde la legalidad, la democracia y las instituciones. El Presidente debería recogerlos y convocarlos. No para borrar diferencias ni repartir homenajes, sino para proteger juntos aquello que está por encima de cualquier gobierno: la democracia, la Constitución, la libertad económica, la seguridad y el derecho a emprender y trabajar. Colombia no necesita que el nuevo gobierno descubra que la empresa es importante. Necesita que arrope a quienes soportaron las avalanchas de estos cuatro años y cuya solidez evitó que las crisis fueran todavía más profundas. A quienes resistieron desde la empresa, los gremios y las instituciones no hay que pedirles silencio ahora que cambió el poder. Hay que pedirles que sigan hablando. Porque reconstruir también exige unir a quienes no se rindieron.
Convocar al sector empresarial
Luis Felipe Henao Cardona
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