¿El retorno de la historia?
La gravedad de esta conclusión exige alguna reflexión sobre los límites entre la investigación académica y la opinión reflexiva.
"Finalmente, mostramos que, a partir de un Estado democrático, la acumulación de capital y una mayor automatización incentivan a los capitalistas a apoyar un golpe de Estado a la democracia para establecer un sistema represivo". Esta es la conclusión de uno de los últimos trabajos del destacado economista Daron Acemoglu, quien, con coautores, argumenta que la inteligencia artificial (IA) y la robótica van a hacer irrelevante el trabajo de las personas. De ser así, las élites -dueñas de la tecnología- van a desechar la democracia para evitar pagar impuestos y "esclavizar a las masas".
Esta visión cataclísmica de las nuevas tecnologías es coherente con la lógica de desarrollo institucional con que Acemoglu ha querido explicar el crecimiento económico y el surgimiento de la democracia. Su trabajo ofrece evidencia de que son las instituciones inclusivas las que promueven el desarrollo, al otorgar derechos de propiedad, asegurar el trato parejo ante la ley y permitir el cultivo de los talentos. En cambio, aquellas sociedades dominadas por unas élites han instaurado instituciones extractivistas que, en esencia, protegen los intereses de unos pocos a costa del bienestar y libertad de muchos.
Aunque existen algunos ejemplos de lo que Acemoglu llama extractivismo, también es cierto que las grandes mejoras tecnológicas han conducido -no sin dolor- a significativas mejoras en el bienestar de la humanidad. Y estos desarrollos han hecho florecer la libertad en el mundo después de siglos de verdadera esclavitud. Subyace, por tanto, a la interpretación catastrofista, la visión de que los acontecimientos actuales son diferentes a la revolución industrial. En este último caso, el trabajo tenía valor, por lo que había que cuidarlo, mientras que la IA lo desvaloriza al ser reemplazado por máquinas.
La gravedad de esta conclusión exige alguna reflexión sobre los límites entre la investigación académica y la opinión reflexiva. La "demostración" que motiva esta columna no es posible en Ciencias Sociales, y descansa en una serie de supuestos que forman parte del método de trabajo en investigación académica. La interpretación no debe ser, por tanto, epistemológica o literal, sino entendida como un resultado lógico de un modelo matemático, donde, bajo ciertas condiciones, cuando un grupo de personas alcanza mucho poder y no necesita a los demás, tiene incentivos para reprimirlos. En este modelo, no es la naturaleza del grupo específico lo que determina el resultado, sino el incentivo que enfrentan.
¿Será la historia de viejos imperios informativa de los desafíos actuales? ¿Habrá aprendido la humanidad -tanto en su reflexión sobre el valor de las personas como en su desarrollo institucional- lo suficiente para acomodarse mejor a estos cambios?