Domingo, 30 de Agosto de 2026

Luis Orlandini: E "La guitarra...

ChileEl Mercurio, Chile 30 de agosto de 2026

El miércoles en la tarde, Luis Orlandini Robert (1964) se encontraba en su casa de la calle Cristóbal Colón ensayando con el compositor chileno Mario Mora, ya que este martes al mediodía, en Valparaíso, y a las 19:00 horas, en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM ) -como parte del Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile-, estrenará junto al oboísta José Luis Urquieta la obra "Unión VII"

El miércoles en la tarde, Luis Orlandini Robert (1964) se encontraba en su casa de la calle Cristóbal Colón ensayando con el compositor chileno Mario Mora, ya que este martes al mediodía, en Valparaíso, y a las 19:00 horas, en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM ) -como parte del Festival de Música Contemporánea de la Universidad de Chile-, estrenará junto al oboísta José Luis Urquieta la obra "Unión VII". Instalado en la mesa de su comedor, recuerda que estaba en su residencia cuando sorpresivamente lo llamaron para comunicarle que el ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, quería hablar con él. "Me pasaron a buscar y me llevaron al Palacio Pereira. Fue todo muy rápido", señala Orlandini, quien acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Artes Musicales 2026.
El artista advierte que no es la primera vez que es postulado a este importante reconocimiento. Partió en 2018 y luego, cada dos años, fue sumando apoyos de distintas instituciones hasta que, en esta oportunidad, contó con el patrocinio de las universidades del Bío-Bío, de Valparaíso y Miguel de Cervantes; la Sociedad Bach y la Sociedad de Folklore Chileno. El pasado miércoles se convirtió en el primer guitarrista que obtiene este galardón.
"Muy emocionante. Uno se siente halagado, pero lo he dicho siempre y lo dije cuando estuve con el ministro de las Culturas: me siento parte de una gran cadena de personas que estamos trabajando fuertemente para desarrollar las artes en nuestro país. Y en ese sentido, no me considero tan especial, sino solamente un colaborador para que Chile sea mejor, en el ámbito que nos compete a nosotros".
Un boom de la guitarra
Otro de los aspectos biográficos que se ha destacado de este guitarrista y docente de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y del Instituto de Música UC, casado desde hace 33 años con la directora de coros Marcela Canales (y padres de un hijo violinista), es el hito que alcanzó, en 1989, tras ganar el primer lugar del Concurso de la Radio ARD de Múnich, en Alemania.
"Lo que pasa es que Chile tenía por aquellos años, en la década de los 80, un poquito de complejo de inferioridad respecto a otros países latinoamericanos que ya habían tenido un desarrollo muy importante en la guitarra, como Argentina, Brasil, Venezuela y México. Chile como que daba pasos lentamente y en ese sentido, ganar un concurso internacional, de la importancia del ARD de Múnich, fue muy relevante para sacarnos ese estigma de sentirnos menos. A partir de ahí hubo un boom y apareció una nueva generación donde están Romilio Orellana, Carlos Pérez, Wladimir Carrasco y José Antonio Escobar, por citar algunos".
Miembro de la Academia Chilena de Bellas Artes y Premio a la Música Nacional Presidente de la República 2007, es sabido que Luis Orlandini se formó con el legendario profesor Ernesto Quezada (1945-2016) en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Eso sí, su afición por las cuerdas pulsadas la recibió de su hermana Ana María. "Aprendí con ella y a los 11 años, con un grupo de amigos del barrio, muy cerca de Colón, se nos ocurrió estudiar guitarra, sencillamente como distracción de niños, y de los siete que empezamos a estudiar a los pocos meses, quedé solo yo (risas). La primera profesora que tuve fue la señora Sara Bravo. Ella sí me marcó mucho en mi infancia y adolescencia. Había sido la profesora de Roberto Bravo en sus primeros años. Con ella aprendí guitarra y piano", rememora.
Siguiendo con las figuras gravitantes en su trayectoria cita a Óscar Ohlsen (1944), Romilio Orellana (1970) y, recientemente, a su exalumno en el Instituto de Música UC Raimundo Luco (1998), con quienes ha conformado dúos y desarrollado una intensa agenda de grabaciones discográficas y presentaciones, nacionales e internacionales.
"Cuando yo me acababa de titular, en 1986 y antes de irme a Alemania, Óscar Ohlsen me pidió dar nuestro primer concierto y fue una experiencia muy linda y estimulante. Fue mi primer dúo. Óscar ya era una figura importante en nuestro país. Él, además, fue clave en el renacer de la música antigua en Chile, en el acceso a la información de las fuentes originales, en el cultivo del laúd, que era un instrumento que no se había desarrollado mucho", apunta.
De su paso por la Universidad de Chile y su maestro Ernesto Quezada, fallecido en 2016 y quien fue un renombrado concertista en laúd y promotor de diversas iniciativas relacionadas con la guitarra clásica, Luis Orlandini expresa que él le inculcó amor, compromiso y gran responsabilidad por tocar la música de la mejor manera posible. "Él era una persona que se informaba, que conocía el mundo musical y que había tenido contacto en Suiza y ese mundo lo transmitía a sus estudiantes. Ernesto marcó una época, supo encontrar talentos y levantarlos paso a paso, en forma gradual, algo muy importante en la formación. No puede ser una explosión y que en un año un alumno haga conciertos por todo el mundo. Tiene que haber un proceso".
Sin duda otro de los sellos de su elogiada carrera ha sido la difusión de la música chilena. "Desde muy joven, me las di de compositor y partí creando algunas piezas pequeñas. Eso me permitió valorar la composición como un acto creativo. Empecé a desarrollar este ámbito que me contactó con la sociedad musical, por decirlo así. Me hizo sentir muy vivo como intérprete. Porque se solía asociar al intérprete con músicos ya muertos. No. Ahora yo era amigo del compositor, hablábamos e interpretaba sus obras. Eso ha sido una constante en mi vida. La primera pieza que estrené en Chile fue de Carlos Botto (1923-2004). Él era mi profesor de armonía en los años 80. Después conocí a Miguel Letelier (1939-2016) y estrené composiciones de Jaime González. Santiago Vera, Gabriel Matthey y Eduardo Cáceres. La lista es interminable".
-A propósito de la importancia de Óscar Ohlsen y Ernesto Quezada en su carrera. ¿Pensó en dedicarse a la música antigua?
"No (risas). Adoro la música antigua, pero a mí me atrajo más, en mi juventud, la música contemporánea. Fue más estimulante y me contactó mejor con mi presente. Eso sí, este repertorio lo valoro enormemente y es clave para la formación de mis estudiantes. Es importantísimo dar a conocer la música antigua, especialmente en la guitarra que tiene antecedentes como el laúd, como la guitarra barroca y la vihuela, que son instrumentos afines, digamos, primos hermanos".
-¿Qué nos puede decir de su trabajo en la Fundación Guitarra XXI y su exitoso dúo con Romilio Orellana?
"Tiene una importancia enorme porque Romilio ha sido mi colega, mi amigo, y nos hemos apoyado mutuamente durante más de dos décadas. Junto con el dúo, creamos la Fundación Guitarra XXI justamente para promover este instrumento y generar nuevos espacios en Chile. Formamos parte del Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC) del Ministerio de las Culturas, ya que nuestro objetivo es generar ensambles de guitarra en varias ciudades del país. Esa ha sido una iniciativa que está empezando a dar muy buenos resultados. Con Romilio Orellana llevamos muchísimos años haciendo giras por América, Europa, a largo de todo Chile y estrenamos obras, tocamos con orquestas. Hicimos muchas cosas y, en algún momento, como que naturalmente él empezó un dúo con Horacio Salinas y yo con Raimundo Luco. Fue natural y eso nos amplió un poco el espectro. Nos obligó a no ser restrictivos".
-En una entrevista que dio, en 2018 para Artes y Letras, dijo que "ha bajado mucho el nivel cultural del país". ¿Lo sigue sosteniendo?
"Me recuerdo perfectamente de este artículo y, de hecho, fue una frase que me costó caro. Decir algo así es fuerte, pero es la verdad. Nosotros sufrimos un bajón cultural que tiene que ver con un modelo de sociedad que valora más unas cosas en relación a otras. Y las artes, desgraciadamente, quedaron atrás. Las artes y las humanidades hay que sumarlas. Tenemos, entre todos, que dar cuenta de la importancia que tiene el arte para la formación de las personas y propiciarlo más. Lo que está haciendo la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles ha sido fantástico. Es una iniciativa maravillosa de Fernando Rosas pero, desgraciadamente, los instrumentos que no son parte de una orquesta quedaron como aislados. Y esto no es un fenómeno nuevo. También pasó con el Sistema en Venezuela, donde la guitarra, que tenía una tradición enorme, quedó fuera. Entonces no podemos repetir los errores de otros países. Y en ese sentido, en Chile, no solamente en la universidad, sino que a través de las fundaciones privadas como la nuestra y la Fundación Guitarra Viva Ernesto Quezada, debemos levantar este movimiento nacional que tenemos que es muy valioso, muy fuerte y que ha dado grandes frutos".
-¿Cómo ve a la guitarra hoy en Chile?
"Hay una gran cantidad de talentos que están no solo en Chile, sino en el mundo haciendo patria, promoviendo la guitarra y su desarrollo en Europa, Estados Unidos y América misma, donde tenemos el caso de Renato Serrano que vive en Brasil. La historia sigue siendo muy auspiciosa, pero hay que trabajar para desarrollarla más. Se puede trabajar la confluencia de las instituciones. En este momento yo, por ejemplo, me siento como un actor múltiple, como un pulpo. Estoy en la Universidad de Chile, en la UC y en mi fundación, pero creo que hay que aunar la actividad entre todos para hacer más fuerza, para generar mayor desarrollo y para no competir. Porque competir no nos lleva a nada bueno. La guitarra es un instrumento muy doméstico y que cualquiera, con un poco de dedicación, puede intentar tocarla. Genera mucha cercanía en las personas. Además que es nuestro instrumento nacional, sin ir más lejos. O sea, en toda América, por el trasplante que hubo desde España, la guitarra se convirtió en nuestro instrumento nacional".
-En este momento, la sede Alfonso Letelier Llona de la U. de Chile se encuentra en toma. Usted, además, fue decano de la Facultad de Artes de ese plantel y vivió momentos complejos...
"Mi período como decano fue doloroso porque hubo acusaciones que no tuvieron sentido. Decidí que había que dar un paso al costado, dedicarme a lo mío y entender que son momentos donde uno tiene que escuchar lo que está ocurriendo. Fue una buena decisión dar un paso al costado, pero lo que hice, lo hice con convicción y con mucha dedicación.
Mi mirada es que los estamentos que componen la comunidad universitaria, los estudiantes, funcionarios y académicos, debiéramos tener una capacidad de conversación mayor y lo otro es que ojalá nuestra universidad, y confío mucho en la actual rectora Alejandra Mizala, pueda tener una mirada más amplia de lo que son sus diferentes quehaceres y facultades para generar mayor equidad, porque en general las artes y las humanidades son las más desprovistas de recursos. Siento, además, que la Universidad de Chile ha sido un poco reactiva y por eso, quizás, llegamos un poco tarde a los conflictos".
-¿Cuáles son sus próximos proyectos?
"Además del Festival de Música Contemporánea, el viernes 25 de septiembre, a las 20:00 horas, voy a tocar 'El Concierto de Aranjuez', de Joaquín Rodrigo, en CA660. Tengo un viaje a Uruguay y el 3 de noviembre voy a abrir un Festival de Guitarra en los jardines de Lo Matta Cultural, junto a Raimundo Luco".
'' Nosotros sufrimos un bajón cultural que tiene que ver con un modelo de sociedad que valora más unas cosas en relación a otras. Y las artes, desgraciadamente, quedaron atrás. Las artes y las humanidades hay que sumarlas. Tenemos, entre todos, que dar cuenta de la importancia que tiene el arte para la formación de las personas y propiciarlo más".
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