Domingo, 30 de Agosto de 2026

Rescate de un maestro de un Chile profundo: Arturo Pacheco Altamirano

ChileEl Mercurio, Chile 30 de agosto de 2026

Fue un pintor autodidacta que desarrolló un camino propio: el de botes, lanchones y pescadores de Angelmó. Romera y otros lo menospreciaron. La exposición de 40 pinturas que se inaugura el viernes en el Museo Pascual Baburizza de Valparaíso, junto a una investigación, "rompe por primera vez con las estructuras lineales y restrictivas del pasado", que lo relegaron a un lugar secundario. Se destaca también su etapa más vanguardista.

Defendía su pintura como esencialmente chilena, hablaba con fuerza del Chile profundo a través de esos botes y lanchones de Angelmó, de sus bahías y pequeños puertos. Arturo Pacheco Altamirano (1905-1978) dibujaba a sus habitantes, a pescadores y mariscadores del litoral que él tanto apreciaba. "Pinto la chilenidad", argumentaba contra las arremetidas del crítico Antonio Romera. Pacheco fue también menospreciado en círculos del Bellas Artes. Era autodidacta y estaba fuera del circuito de la Universidad de Chile; para algunos era algo así como un outsider , mientras otros valoraban su obra y adquirían trabajos suyos. No eran pocos.
Hoy se busca revalorizar su arte autodidacta de singular interés y variedad, que desarrolló durante 50 años y que se relaciona con su tiempo e incluso con influencias europeas. La exposición integrada por 40 pinturas, que se inaugura el viernes en el Museo Pascual Baburizza (junto a una investigación en proceso) --todo en base a la colección de un filántropo que posee 200 obras--, rompe por primera vez con las estructuras lineales y restrictivas del pasado". Se invita a observar una evolución estética que transita desde el rigor formal inicial del dibujo hasta la disolución de la forma.
"Cuando se logra investigar a fondo a Pacheco Altamirano, surge la diversidad de su trabajo. Hay etapas muy definidas y va más allá de sus lanchones chilotes, en lo que fue una obra más amplia y con un giro más rico de técnicas y estilos", precisa el curador de la muestra y editor del libro en proceso, Pedro Maino, en un trabajo con un equipo integrado por los investigadores Juan Manuel Martínez, Justo Pastor Mellado y Macarena Cebrián. El director del Museo de Bellas Artes de Valparaíso, Rafael Torres, añade: "La gran alegría por presentar primero esta muestra en el museo en Valparaíso, una ciudad en la que se le considera mucho. Será una valiosa oportunidad para que el público pueda apreciar obras tan distintas suyas".
Una de las sorpresas es su última y más desconocida etapa: sus obras sintéticas. Una pintura moderna y muy colorida, en la que realiza composiciones en base a unas pocas líneas y un fuerte color. Este trabajo, en sintonía con las vanguardias, fue clave. La exposición da cuenta de ello, junto al libro que se presenta en octubre, como parte de un proyecto de envergadura sobre Pacheco impulsado por el filántropo estadounidense Noah McMahon -dueño de la coleccion APA (ver recuadro)--, que incluye la muestra, el libro, restauraciones, itinerancias, un documental y más exposiciones.
Desde lo rural al mar
La investigación y muestra identifica cuatro etapas en la obra del pintor: La arquitectura del paisaje y memoria rural; el descubrimiento de Angelmó; experiencia diplomática y su apertura al expresionismo y la abstracción.
El tema de la ruralidad, entre 1924 y 1928, marcó sus inicios cuando fija su mirada en la tierra, en sus orígenes en Chillán. Dibuja antiguas casas de adobe, pinta portales coloniales, rincones históricos y escenas costumbristas. "Sentó las bases en las que desarrolló su lenguaje visual, con uso de perspectivas y contrastes cromáticos, antes de partir al litoral".
Valdivia lo sedujo: su río navegable, sus orillas y bahías. Trabajaba in situ : plantaba su caballete en playas y muelles, en medio de fuertes vientos y después bajo peligrosas mareas. Esa práctica condicionó la materialidad tosca de sus soportes: telas gruesas, tramas rústicas. Salía a pintar con Ladislao Cheney y con los grandes acuarelistas de Valdivia, Hardy Wistuba y el maestro Ricardo Anwandter.
En Angelmó profundizó su fascinación por lo lacustre y despliega su vibrante temperamento pictórico. "Me deslumbraron sus barcos con las velas izadas. No olvidé nunca ese puertecito como tema de mis cuadros. A él le debo el 80 por ciento de mi éxito". Se le acercaban mariscadores y pescadores. Sentía un profundo aprecio por ellos. Esa pintura de bote se transforma en un sello distintivo. "Inaugura una pintura de escenas fluviales, de costas y botes".
Maino reconoce que Pacheco tuvo poca figuración en el circuito de las academias. "Pero la escena artística chilena es mucho más amplia. Estaba bien posicionado y vendía por todo Chile". Se autogestiona, recorre todo el país y vende mucho. Ese éxito comercial es mirado con recelo y desprecio.
Era un pintor autodidacta, pero que se dedicó formalmente a la pintura durante 50 años. El trabajo de la espátula, el trabajo voluminoso y denso de la materia es una constante en él, como el uso del color, lo que cambia son los asuntos y registros, subraya el curador.
Menosprecio y defensa
Antonio Romera, una de las voces con más autoridad de su tiempo, criticó muy mal a Pacheco Altamirano. Menosprecia, por ejemplo, el tratamiento que realiza de los reflejos en el agua en sus series de botes y lanchones. Pacheco le contesta y le dice que esos "botecitos" y reflejos hablan de Chile. "Si hay algo que respira en mis cuadros es chilenidad. Está en los colores de los motivos que pinto, chilenidad en las aguas que reflejan las luces que disgustan al Sr. Romera, y chilenidad en un cielo azulado, hospitalario y acogedor".
Pedro Maino reconoce que Pacheco cargaba con el ser intuitivo y con un supuesto de anteponer el comercio. El hecho es que vendía por todo Chile. Justo Pastor Mellado investigó sus recorridos. Exponía en hoteles como el Vicente Pérez Rosales de Puerto Montt y en salas locales. Eso encendía las críticas. "Tampoco a Pacheco nunca se le preguntó por sus referentes, y él tomó de su experiencia europea...". Identifican entre sus referentes a maestros como Nicolas de Stael y Maurice de Vlaminck. Aprovechó muy bien sus estadas como agregado cultural en París y en Londres. Explora nuevos lenguajes que estaban animando la escena europea.
Romera en un artículo posterior, firmado como A.R, en la década de los 60, suaviza su mirada hacia el pintor. Hace una relación con Mori y escribe: "Mori fue fruto de un clima universitario. Pacheco deriva de lo más radical de lo autodidacta. Los dos poseen eso que se llama sensibilidad artística. Al pintor le viene por tendencia innata, refleja instinto seguro, certero. En el impulso creador de Mori muy pronto ese instinto fue corregido por la razón. Mientras que en Arturo Pacheco muchas veces el instinto se desborda y no acierta a enmendar sus desafueros". Y agrega: "Mori puso en su pintura el reflejo de mil tendencias; Pacheco ha sido fiel y con ligeras variaciones a uno: un naturalismo expresivo y cromático...". Pero el pintor de Chillán "ha sentido el amor a los puertos humildes, a los viejos rincones de pescadores y a las callejuelas mojadas del sur". Y reconoce que "la pintura de Pacheco parece andar por caminos más favorables en lo expresivo...".
Pinta obras en que apenas se esbozan las embarcaciones. "Una de las que más me interesa es '18 de septiembre', por el color intenso, hay una clara síntesis que la hace ser muy liviana", precisa el curador.
Su obra más vanguardista
Su última etapa representa un "desafío intelectual y pictórico", ese mismo que se le negaba a Pacheco. Es una pintura más moderna. Esa que mantuvo fuera de su interés comercial y en la que pinta abstracciones geométricas de temas que eleva en el color; sobresale un hermoso y sintético kiosco en la playa. Seduce con una pintura con pequeños barcos pequeños, de 1963, que parecen de juguete. Están sus expresivos y coloridos pavos reales.
"Esta etapa no fue un paréntesis", responde el curador. "Fue lo más importante que desarrolló en sus últimos 25 años". En la década del 50, vivió un proceso similar al de Camilo Mori durante su último viaje a Europa. Pudo conocer ese lenguaje abstracto expresionista. El artista lo explica en noviembre de 1969: "Para mí esta pintura no es nueva. No pretendo escandalizar con ensayos de esta naturaleza. La he hecho siempre, desde hace 30 años y ha estado guardaba esperando el momento oportuno para mostrarla. Se trata de una disciplina de color, de forma y de composición".
Un hecho que habla de su interés en ella es el gran libro que publicó en 1964 en el que destaca esas pinturas y las muestras que hizo en Madrid y en Santiago. Y devela el lugar que le da al montar su museo en los años 60: reunió ahí toda su pintura abstracta expresionista. !Era su museo¡ En la galería estaban sus botes y lanchones, que siguió pintando y hablaban de su fascinación por el Chile profundo, por sus rincones y habitantes, a los que les dio dignidad.
Filántropo estadounidense: "Esta colección es para Chile"Noah Mc Mahon es un exitoso empresario estadounidense, trabajó antes con varios presidentes de Estados Unidos y hoy es un filántropo de bajo perfil. "Mi vida profesional es asesorar a familias y fundaciones sobre cómo donar bien, así que paso los días en el mundo filantrópico más que en el mercado del arte". Es el mayor coleccionista de Pacheco Altamirano, tiene 200 obras y de las cuales se expondrán 40.
- ¿Por qué se interesó en este pintor chileno?
Todo comenzó en Santiago, en 2001. Era joven, andaba de viaje, y vi un cuadro del que no pude despegar la vista. Lo compré con una tarjeta de crédito que no podía pagar. No sabía su nombre, ni su historia, ni lo que Chile había olvidado de él. Solo sabía que la luz de esa tela se sentía como un lugar en el que nunca había estado y que, sin embargo, extrañaba. 25 años después sigo detrás de ese primer cuadro. Chile me dio una educación que nunca pedí y que aún no termino"
- ¿Qué le gusta más de su obra?
"Pintó a quienes nadie estaba pintando. Angelmó, las caletas, los botes, los pescadores, las mujeres del mercado. Le dio dignidad a la vida chilena cotidiana en una época en que eso no estaba de moda, y lo hizo con una paleta que no tenía nadie más. Esos colores me detienen cada vez, y la pincelada es gruesa, rápida, inconfundiblemente suya. La obra temprana es cuidadosa y observadora. La obra madura es segura, casi impaciente con el detalle, porque ya sabía lo que estaba mirando. Más que estudiar estos cuadros, los siento".
- ¿Y cómo continuará su gran proyecto?
"Valparaíso es el comienzo. Sigo creyendo que está subvalorado, y siento la responsabilidad de ayudar a que se le celebre como corresponde. Luego del libro, la obra va al Museo de Aysén. Estamos en conversaciones con instituciones chilenas para una retrospectiva en 2028, a 50 años de su muerte. Pero lo que más me interesa es la catalogación, restauración, traducción e investigación seria de su obra, que están haciendo chilenos dirigidos por Carolina Musalem.Mi mi intención de largo plazo es que la colección pertenece a Chile. Es la única colección que he construido con intención. Se convirtió en una responsabilidad".
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela