Retírate
La expresión de Jesús a Pedro en el evangelio de este domingo sorprende por su dureza
La expresión de Jesús a Pedro en el evangelio de este domingo sorprende por su dureza. "!Retírate¡". Pedro acaba de confesar su fe en el Maestro, pero ahora intenta apartarlo del camino que conduce a Jerusalén, al sufrimiento y a la cruz. Quiere evitarle el dolor. Habla desde el afecto, pero piensa según la lógica humana. Por eso Jesús lo corrige con firmeza.
La palabra "retírate" tiene varias resonancias. Puede significar "apártate", cuando algo se transforma en obstáculo para cumplir una misión. También puede entenderse como "ponte detrás de mí", que es el lugar del discípulo y no el de quien pretende indicar el camino al Señor. Pero existe una tercera lectura que quizás nos ayuda especialmente hoy: retírate un momento, toma distancia, vuelve a mirar las cosas desde una perspectiva más profunda.
Al concluir agosto, Mes de la Solidaridad, y disponernos a comenzar septiembre, Mes de la Patria, vale la pena aceptar esa invitación. Retirarnos por un instante del ruido cotidiano, de las urgencias y de los cálculos inmediatos para preguntarnos qué es realmente lo esencial. No se trata de escapar de la realidad, sino de contemplarla mejor.
La solidaridad auténtica, aquella que recordamos especialmente en torno al legado de san Alberto Hurtado, nunca ha sido un ejercicio cómodo. Implica tiempo, generosidad y capacidad de cargar con preocupaciones ajenas. Quien sirve de verdad descubre pronto que el amor encuentra resistencias: la indiferencia, el cansancio, la incomprensión y, muchas veces, las propias limitaciones. Sin embargo, es precisamente allí donde el Evangelio sitúa el seguimiento de Cristo. No en la búsqueda de una vida sin dificultades, sino en la disposición a entregarse por algo más grande que uno mismo.
Pedro representa una tentación permanente: la de querer llegar al fin sin aceptar el camino. La de privilegiar la seguridad por sobre la misión. La de buscar los frutos sin asumir las exigencias de la siembra . Jesús, en cambio, recuerda que ciertas dificultades no son necesariamente señal de fracaso. Algunas forman parte de la fidelidad a aquello que vale la pena.
Esto es importante también para la vida social. Al acercarse las Fiestas Patrias solemos agradecer los bienes que compartimos como nación: la historia, las tradiciones, los afectos y la pertenencia a una comunidad. Pero una patria no se construye solo con celebraciones. Se construye cuando las personas están dispuestas a contribuir al bien común, aun cuando ello demande esfuerzo, renuncia o perseverancia.
En el fondo, la corrección de Jesús a Pedro apunta a una confusión frecuente: la de los medios con los fines. La seguridad, el reconocimiento, el éxito e incluso nuestras instituciones son medios necesarios y valiosos. Pero no son el fin último. Cuando los convertimos en absolutos terminan ocupando un lugar que no les corresponde. El fin es siempre mayor: la voluntad de Dios, la dignidad de toda persona, el amor que da sentido a la existencia.
Quizás por eso el "retírate" del Evangelio no es una invitación a alejarse, sino a reordenarse. A sacar del centro aquello que no debe ocuparlo. A tomar la distancia suficiente para reconocer nuevamente qué es lo que merece nuestra entrega.
Al terminar un mes dedicado a la solidaridad y comenzar otro dedicado a la patria, la palabra de Jesús nos invita a discernir qué obstáculos debemos apartar y qué compromisos debemos asumir. Porque el seguimiento de Cristo no consiste en evitar toda dificultad, sino en caminar con fidelidad hacia aquello que realmente importa.
"El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga".
(Mt. 16, 24).
Pero una patria no se construye solo con celebraciones. Se construye cuando las personas están dispuestas a contribuir al bien común, aun cuando ello demande esfuerzo, renuncia o perseverancia.