El bueno, el malo y el feo cumple 60 años: por qué el clásico de Clint Eastwood cambió el western para siempre
La obra de Sergio Leone, favorita de Quentin Tarantino y con música de Ennio Morricone, vuelve al cine este lunes con una función especial en Movie Punta Carretas por sus 60 años.
El bueno el malo y el feo cambió toda la iconografía del Lejano Oeste para siempre, y es la película favorita de Quentin Tarantino, quien la ha calificado como "la película mejor dirigida de todos los tiempos" y "el logro más grande en la historia del cine".
Para conmemorar los 60 años de su estreno mundial (a Uruguay llegó en agosto de 1969, de acuerdo al sitio Cinestrenos), este lunes 31, a las 18.50 en Movie Punta Carretas, se exhibirá este clásico genial de Sergio Leone que solidificó la estrella de Clint Eastwood y consagró la música de Ennio Morricone. La función incluirá una presentación y un conversatorio a cargo del editor de Espectáculos de El País, Fernán Cisnero.
El bueno, el malo y el feo es una producción italiana es decir, no hollywoodense y es un paradigma del spaghetti western, un subgénero que tuvo su auge en las décadas de 1960 y 1970.
Allí, el Oeste americano representado por los españoles desiertos de Almería era un lugar violento y sucio, con la clásica figura del sheriff reemplazada por el cazarrecompensas. Otros ejemplos fueron Django, con Franco Nero, o Me llaman Trinity, con Terence Hill y Bud Spencer. Tuvo, además, su estrella uruguaya, George Hilton, quien había nacido Jorge Hill Acosta y Lara en Montevideo.
El bueno, el malo y el feo llegó tras los éxitos de Por un puñado de dólares y Por unos dólares más, cerrando una trilogía no oficial (bautizada como la de "el hombre sin nombre"), siempre con Eastwood, Leone y Morricone.
La idea partió del guionista Luciano Vincenzoni, que junto al productor Alberto Grimaldi y el propio Leone, le propusieron a la United Artists "una película sobre tres forajidos que buscan un tesoro en la Guerra Civil norteamericana".
Conseguir el elenco no fue nada fácil. Eastwood, que ya se percibía a sí mismo como una estrella internacional, se rehusaba a hacer un tercer western en Europa, así que Leone tuvo que viajar a California para convencerlo, y el actor aceptó interpretar a "Rubio" (Blondie, el bueno) si se le pagaban 250.000 dólares y el 10% de las ganancias en la taquilla norteamericana.
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Mucho se puede decir de la inexpresividad de Eastwood pero lo cierto es que su "hombre sin nombre" es uno de los grandes superhéroes de la historia del cine, cambiando la capa por el poncho, y con el agregado de un cigarrillo y un revolver que maneja con una letal habilidad.
Para el rol de "Ojos de Ángel" (el malo), Leone quería a Charles Bronson, pero el actor ya se había comprometido a filmar Doce del patíbulo. Fue entonces cuando al director se le ocurrió volver a trabajar con Lee Van Cleef, tras Por unos dólares más, ya que pasaría a interpretar el opuesto exacto a lo que hacía en aquella película. El sádico villano de Van Cleef es uno de los más grandes del western, y como bien dijo Leone: "solo un actor con una mirada que hace agujeros en la pantalla, lo podría haber creado". Solo la escena de tortura basta para corroborarlo.
Para cerrar el trío, Tuco (el feo). Si bien Leone originalmente consideró a Gian Maria Volonté para el papel, sintió que el rol requería "talento cómico natural". Seleccionó a Eli Wallach, un secundario siempre eficaz de Hollywood, tras verlo en La conquista del Oeste. Es difícil no terminar sintiendo cariño por el pillo Tuco, un personaje impensado para un western clásico, pero al que Leone y Wallach le dan el toque justo y necesario de picardía latina que El bueno, el malo y el feo necesitaba.
La película se filmó en los estudios Cinecittá para los interiores, y luego en España, principalmente en Burgos y Almería, para representar al suroeste de Estados Unidos. Es famosa la creación del cementerio Sad Hill (donde ocurre el legendario duelo final), que empleó a cientos de soldados españoles como se cuenta en el documental Desenterrando Sad Hill.
Música y cinefilia. Morricone compuso la banda sonora de El bueno, el malo y el feo antes del rodaje, lo que ayudó a Leone a darle forma, ritmo y atmosfera a la película, ya que la música de Morricone se ponía en el set para que los movimientos de la cámara y los actores se emparejaran con el sonido.
Morricone usó una paleta orquestal poco convencional que combinaba la instrumentación tradicional con efectos sonoros distintivos, como disparos, silbidos y vocalizaciones. El tema principal de la película, homenajeado varias veces por bandas de rock como Ramones o Motörhead, está compuesto por un motivo de dos notas que evocan el aullido de un coyote, y este tiene un timbre diferente para los tres protagonistas: una flauta para el bueno, una ocarina para el malo, y voces humanas para el feo.
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Otro de los temas, "El éxtasis del oro", también se volvió muy popular. Desde 1985, la banda Metallica ha empleado la pieza como música de introducción en sus conciertos y grabó una versión para un álbum en homenaje a Morricone. El tema y su característico motivo vocal también se ha utilizado con frecuencia en contextos deportivos y de radiodifusión.
Es obvio que El bueno, el malo y el feo sea la película favorita de Tarantino, y que Leone sea una de sus principales influencias. En muchos sentidos, Leone fue Tarantino antes de Tarantino: un cineasta tan cinéfilo como iconoclasta, que rompió esquemas, tanto en lo visual como en lo auditivo.
Según el filósofo francés Jean Baudrillard, Leone fue el primer director posmoderno, señalando a esa obra maestra que es Érase una vez en el oeste, como un ejemplo paradigmático de cine sobre el propio cine, algo que siempre ha sido la marca registrada de Tarantino.
Esto ya estaba en El bueno, el malo y el feo, donde en esa brillante secuencia de duelo final entre los tres protagonistas, Leone usa todos los recursos que existen en el lenguaje cinematográfico, desde un gran plano general hasta primerísimos primeros planos en una clase maestra de cine en tan solo cuatro minutos.
Es una de las tantas escenas memorables de la película que cambió el western para siempre, dejando atrás las panorámicas de John Ford y la chuequera de John Wayne, para quedarse con los rostros curtidos de Sergio Leone y el poncho de Clint Eastwood, mientras suenan los aullidos de la música de Morricone.