Lunes, 31 de Agosto de 2026

9 mil toneladas de basura espacial ponen en riesgo las comunicaciones en la Tierra

ChileEl Mercurio, Chile 31 de agosto de 2026

Los nuevos satélites están incrementando la cantidad de objetos que rodean nuestro planeta, lo que ya supone complicaciones para la astronomía y podría interferir en servicios como información climática o la navegación satelital.

La nueva carrera espacial ha multiplicado los lanzamientos y llenado de objetos las órbitas que rodean el planeta. Así, junto a los cientos de satélites en funcionamiento, hay miles de aparatos fuera de servicio y restos de cohetes, cuya acumulación ya preocupa a científicos y agencias espaciales.
Y no solo por su efecto en la Tierra: el impacto de la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX en la superficie lunar, el 5 de agosto, es un ejemplo de que las misiones deben considerar qué ocurrirá con sus desechos.
Según datos de la NASA, actualmente orbitan la Tierra más de 25.000 objetos de más de 10 cm. La cifra llega a medio millón para las partículas de entre uno y 10 cm y supera los 100 millones si se consideran aquellas de más de un milímetro. En conjunto, la basura espacial superaría las 9.000 toneladas.
El problema es la enorme velocidad a la que se desplazan. Un pequeño fragmento puede transformarse en un proyectil capaz de dañar un satélite. Y una colisión, advierten los expertos, puede generar nuevos residuos y desencadenar una reacción en cadena conocida como síndrome de Kessler.
Para Eduardo Unda-Sanzana, director del Centro de Astronomía de la U. de Antofagasta, uno de los principales problemas es que "para muchas actividades en el planeta dependemos del uso de la órbita baja, como comunicaciones, navegación (satelital), información climática, respuesta ante desastres". El espacio, agrega, "se está congestionando; está demasiado poblado".
El teniente Wilson Pradenas, jefe de la Sección SSA/SDA (Space Situational Awareness y Space Domain Awareness) del Centro Espacial Nacional de la FACh, coincide en que el principal peligro está en los servicios que dependen de los dispositivos en órbita. Una colisión puede afectar "las telecomunicaciones, navegación, observación de la Tierra y monitoreo ambiental" y producir miles de nuevos fragmentos. "El mayor impacto está asociado a la pérdida o interrupción de servicios satelitales de los que dependemos diariamente", explica.
La basura espacial también es una amenaza para la propia ciencia. Los objetos que reflejan la luz solar, incluidos satélites activos y futuras piezas fuera de servicio, pueden interferir en las observaciones astronómicas (ver recuadro).
Reutilizar
Los reingresos son otra preocupación. Aunque "la probabilidad de que alguno de estos objetos caiga y afecte a una persona es bien baja, es un riesgo latente", dice César Fuentes, astrónomo de la U. de Chile.
Además, Unda-Sanzana plantea una interrogante todavía en estudio: los materiales liberados durante la desintegración podrían acumularse en la estratosfera y eventualmente afectar fenómenos como la capa de ozono o el albedo terrestre (la capacidad del planeta de reflejar la radiación solar que recibe).
La solución pasa, primero, por evitar seguir produciendo basura, concuerdan los especialistas. Fuentes plantean que los satélites deberían contar con sistemas que permitan desorbitarlos al finalizar su vida útil, lo que no siempre ocurre. Pero también advierte que "la competencia entre empresas hace indispensable avanzar hacia una regulación".
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, precisó hace unas semanas que ha habido "un gran progreso" en la gestión de los residuos espaciales y su reutilización. "Antes, la norma era desechar los cohetes en el océano. Hemos visto cómo en los últimos años SpaceX ha recuperado más de 600 de sus propulsores, y Blue Origin ha hecho lo mismo con el New Glenn", dijo.
Pradenas destaca dos líneas de trabajo: la prevención, mediante mejores prácticas y el retiro de satélites inactivos, y el desarrollo de tecnologías de remoción activa, capaces de capturar o modificar la órbita de objetos abandonados.
Sin embargo, detectar y anticipar posibles colisiones continúa siendo una herramienta fundamental.
En este escenario, Chile puede desempeñar un papel relevante. El país posee condiciones privilegiadas para las observaciones astronómicas y ya ha contribuido a la caracterización de objetos en órbita. Desde el Centro Espacial Nacional, además, se desarrollan tecnologías para detectar, seguir y analizar satélites activos, inactivos y desechos espaciales, cuenta Pradenas.
Además, dice Unda-Sanzana, Chile ha impulsado en Naciones Unidas la discusión sobre la protección de los cielos oscuros y silenciosos frente al avance de las grandes constelaciones (de satélites).
El desafío ahora es que la capacidad de vigilar lo que ocurre en el espacio, junto con la regulación y la cooperación internacional, avance a la misma velocidad que los lanzamientos.
Despega el telescopio de la NASA que hará un nuevo "atlas del universo"El telescopio Nancy Grace Roman de la NASA, el observatorio panorámico más grande jamás construido, despegó ayer con éxito a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX con la misión de explorar el universo y buscar respuestas sobre la energía oscura, los exoplanetas y la astrofísica infrarroja, que podrían cambiar los modelos actuales de la física.
El lanzamiento se produjo a las 7:26 hrs., hora local, desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en el centro de Florida (EE.UU.). Roman emprendió así un viaje de tres meses y unos 1,6 millones de kilómetros hasta su órbita final alrededor del punto de Lagrange L2, una zona gravitacionalmente estable entre el Sol y la Tierra. "Roman nos dará un nuevo atlas del universo, ampliará las fronteras del descubrimiento", expresó tras el lanzamiento el administrador de la NASA, Jared Isaacman.
La agencia confirmó el despliegue exitoso de los paneles solares y del parasol inferior del observatorio, ocurrido una hora y 23 minutos después del lanzamiento.
En los próximos días se desplegarán la antena de alta ganancia y la cubierta protectora de la apertura, se realizará la primera de dos correcciones de trayectoria y se encenderá el instrumento coronógrafo, que probará tecnologías destinadas a futuras misiones.
La NASA precisó ayer que en unas semanas se activará el principal instrumento de Roman, la infrarroja Cámara de Campo Amplio, de 300 megapíxeles con 18 detectores 4K, que permitirá al telescopio explorar el universo a una velocidad mil veces superior a la del Hubble.
La agencia prevé publicar las primeras imágenes del observatorio a comienzos de 2027.
Cielos más luminososEl creciente número de satélites y fragmentos en órbita supone un problema también para la observación astronómica. Cuando un objeto iluminado por el Sol cruza el campo de visión de un telescopio "deja una línea brillante que arruina la imagen", advierte Unda-Sanzana. El problema no termina ahí: "Los fragmentos pueden rotar y producir destellos que, por su brillo momentáneo, podrían confundirse con fenómenos astronómicos reales, como una supernova, dificultando la clasificación de los datos".
Además, la acumulación de objetos puede aumentar el brillo general del cielo.
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