Martes, 01 de Septiembre de 2026

Los relatos que gobiernan

UruguayEl País, Uruguay 1 de septiembre de 2026

Los relatos influyen en aquello que vemos y también en aquello que dejamos de ver.

Toda sociedad vive dentro de relatos. No hablamos de historias o cuentos en el sentido coloquial de la palabra. Hablamos de los relatos públicos que una comunidad construye para comprender e interpretar su propia realidad.

Los hechos ocurren. Pero los seres humanos no vivimos solamente rodeados de hechos. Necesitamos darles significado. Necesitamos comprender qué sucede, por qué sucede y qué decisiones debemos tomar frente a aquello que sucede. Entre los hechos y nuestras decisiones aparecen los relatos.

Un relato organiza la realidad. Selecciona acontecimientos importantes, establece relaciones entre causas y consecuencias, identifica responsabilidades y propone caminos de acción.

Por eso los relatos tienen poder.

Cuando preguntamos quién gobierna una sociedad, la respuesta suele estar vinculada a los gobiernos, las instituciones, las leyes o los poderes económicos. Pero existe otra forma de poder, menos visible y no por ello menos importante: el poder de los relatos.

Los relatos influyen en aquello que vemos y también en aquello que dejamos de ver. Determinan qué problemas consideramos urgentes, qué explicaciones aceptamos y qué soluciones imaginamos posibles.

Esa es la idea de los relatos que gobiernan. No significa que los relatos sustituyan a las instituciones. Significa que influyen en la manera en que una sociedad interpreta la realidad sobre la cual actúan esas instituciones. Sin embargo, no todos los relatos cumplen la misma función. Hay relatos que buscan comprender. Parten de los hechos, incorporan evidencia, aceptan la complejidad y están dispuestos a ser revisados cuando aparecen nuevos elementos. Y hay relatos que buscan construir una realidad conveniente.

Seleccionan solamente aquello que confirma una determinada mirada, dejan fuera lo que la cuestiona y convierten una interpretación parcial en una explicación absoluta. El problema no es que existan diferentes interpretaciones. Una sociedad plural necesita diversidad de perspectivas. El problema aparece cuando un relato se vuelve incapaz de dialogar con los hechos que lo incomodan. En ese momento deja de ser una herramienta para comprender y se convierte en una herramienta para confirmar.

Jorge Luis Borges expresó una profunda desconfianza hacia la actividad política cuando afirmó que "la profesión de los políticos es mentir". Su crítica señala un riesgo real: que quienes ejercen el poder utilicen los relatos no para interpretar la realidad, sino para manipularla, ocultar aquello que los contradice o construir explicaciones convenientes para sus propios intereses. Pero esa advertencia no significa que todo relato político sea necesariamente una mentira.

La política no puede existir sin relatos. Toda sociedad necesita interpretar su pasado, comprender su presente y proyectar un futuro posible. Los relatos políticos cumplen una función inevitable: ayudan a organizar la conversación pública, a definir prioridades y a orientar decisiones colectivas. El verdadero desafío está en distinguir entre los relatos que buscan acercarnos a la realidad y los que intentan reemplazarla. Las sociedades necesitan relatos porque necesitan sentido. El verdadero desafío no es vivir sin relatos, sino construir relatos que nos ayuden a comprender mejor el mundo que compartimos.
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