Turismo tóxico
Las protestas se multiplican
Las protestas se multiplican. En Barcelona, Palma de Mallorca, Venecia y otros lugares que reciben turismo masivo, sus habitantes reclaman porque colapsan los espacios públicos, las viviendas se hacen inasequibles, los medios de transporte fallan, la basura y los desperdicios afean el ambiente.
Hubo una época en que viajar era privilegio de personas pudientes, con recursos y tiempo para gozar de destinos que la imaginación popular volvía románticos o interesantes. La masificación, impulsada por la industria turística, cambió el escenario. Viajar se convirtió en algo sencillo, barato y posible para personas que antes no podían hacerlo. Critilo aún recuerda cómo algunos conocidos "hacían" Europa y convertían el viaje en un asunto de prestigio y éxito. Muchos "corremuseos" visitaban el Louvre, el Prado, la Academia sin saber exactamente por qué, pero quizá pensaban que era "culturizarse".
El "éxito" de muchos destinos ha sido su perdición. Ahora las autoridades locales, aunque recauden dinero por permitir el acceso, reciben de las poblaciones locales quejas a veces violentas. No parece haber soluciones. Solamente cabe reflexionar en qué distingue a los viajeros de los viajantes y cómo puede regularse lo que antes era satisfactorio y hoy es penoso. Porque también quienes viajan en la era de las masas móviles no siempre gozan de la experiencia.