Los cambios sociales a través de la fotografía matrimonial
"Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840-2026" muestra en 200 imágenes cómo este rito se ha ido ajustando a la realidad nacional.
"Deseo casarme con un joven honrado y trabajador, que pueda hacer prosperar la dote que yo aportaría al matrimonio. Exijo antecedentes de conducta y de amor al trabajo, que lo hagan estimable ante la sociedad; y no debe beber ninguna clase de licor, porque odio al borracho...". Este audaz -¿o desesperado?- aviso fue publicado en un diario de Arica en 1910, firmado por XXX. Como lo señala la historiadora Magdalena Dittborn, este anuncio "nos habla de expectativas sociales, de virtudes valoradas y de prácticas de su tiempo: la importancia de la reputación, el peso económico de la dote y la idea del matrimonio como una alianza con consecuencias sociales y materiales".
A pesar de los cambios que ha sufrido esta institución en más de 100 años y de las transformaciones de su rito celebratorio, el matrimonio sigue reuniendo en su realización modos de vida de la sociedad chilena. Y la nueva publicación del Archivo Patrimonial Brügmann, que dirigen Fernando Imas y Mario Rojas, junto al medio de comunicación digital Amo Santiago, da cuenta de ese recorrido.
Lanzado este domingo, "Archivo Brügmann: Fotografías de matrimonios en Chile 1840-2026" (disponible a través de las redes sociales de Amo Santiago y Estudio Brügmann, $30.000) ofrece 200 imágenes, desde las color sepia de 1800 hasta las digitales de nuestro tiempo, recopiladas por Imas y Rojas. El libro incluye palabras de estos investigadores, además de Paulina Cabrera, directora de Amo Santiago, y un análisis histórico de Magdalena Dittborn.
La pregunta que organiza el libro es simple: ¿qué se puede leer en una fotografía de matrimonio? Fernando Imas responde que "la principal lectura es evidenciar la evolución o más bien los cambios en la forma de relacionarnos. Pasamos desde la rigidez del siglo XIX, con apenas gestos que revelan un vínculo, a la paulatina soltura del siglo XX, donde podemos apreciar situaciones de afecto y mayor distensión, hasta llegar a la casi improvisación del siglo XXI, donde la fotografía captura momentos espontáneos".
La imagen también da cuenta de cómo han cambiado los estilos del vestuario; el nivel económico de los contrayentes, o los cambios legales en torno a esta institución. "El libro revela cómo el matrimonio por la iglesia cede espacio a nuevas formas de vínculo, siendo quizás el más relevante la Ley de Matrimonio Civil de 1884, que fue un verdadero escándalo cuando se promulgó. Más de un siglo después, nuestra sociedad se abre a nuevas modificaciones, como el acuerdo de unión civil y el matrimonio igualitario, no dejando la controversia de lado", señala Imas.
En su texto, Dittborn hace referencia a otros elementos que han cambiado. Por ejemplo, el sentido de la celebración, íntimo y familiar, que prevaleció en el siglo XX, donde la fiesta se hacía en la casa de la novia y se presentaban los regalos recibidos. "La escena tenía algo de vitrina doméstica: junto con celebrar a los novios, dejaba entrever -no sin cierta ironía- la generosidad, o la prudente economía, de cada invitado", escribe la historiadora. También hace notar cómo hoy el matrimonio se ha convertido en una celebración pensada a la medida de los novios, que ya no sigue protocolos definidos, como iniciar el baile con el vals, y donde la fiesta se ha convertido en una "experiencia inolvidable" para los contrayentes y sus amigos.
El traje de la novia es quizás lo que más se recuerda de un matrimonio. Las imágenes muestran que, aunque siempre debía ser un traje importante, no siempre fue blanco: en el siglo XIX, la novia se ponía su mejor vestido, fuera negro o de color oscuro, y lo adornaba con un velo o flores. La moda del blanco se copió de la reina Victoria de Inglaterra y recién a inicios del siglo XX se impuso como definitivo. Otras costumbres también han cambiado, como la dote de la novia, que hoy ya no existe.
Lo que sí se mantiene es que el matrimonio, para ricos o pobres, es siempre un motivo de celebración.