¿Pueden los festivales de música salvar a unos Alpes que se derriten?
Los centros de esquí de Europa deben reinventarse para un futuro más caluroso.
Fue un concierto decididamente meditativo, a cargo de un pianista compositor y de una mujer que frota cuencos de cristal. Unas 250 personas se habían reunido en una pradera en lo alto de los Alpes italianos, frente a la mole del monte Chaberton iluminada por la luna. El festival Dei prati e dell estelle ("De praderas y estrellas") lleva música, danza y artes escénicas a una zona conocida normalmente por sus deportes de invierno. En medio de las intensas olas de calor que afectan a Europa, este tipo de eventos ha adquirido una importancia adicional: los Alpes se están calentando a más del doble del ritmo promedio del hemisferio norte. "No se puede basar todo el turismo en el esquí cuando la temporada de esquí se hace cada vez más corta", dice Daniela Cattaneo, productora del festival.
La fabricación de nieve artificial ayuda. Una investigación de 2023 determinó que, de 2.000 centros de esquí en Europa, más de la mitad no tendrá suficiente nieve uno de cada dos inviernos si las temperaturas medias llegan a situarse 2 °C por encima de los niveles preindustriales. Si contaran con cañones de nieve para la mitad de su superficie esquiable, esa proporción bajaría al 27%. Pero producir nieve artificial es caro y consume mucha electricidad y agua. "No puede seguirle el ritmo al calentamiento global", dice Daniel Scott, geógrafo de la Universidad de Waterloo, en Canadá. En los centros situados a menor altitud, que son precisamente los que más necesitan nieve artificial, las temperaturas superan con mayor frecuencia el nivel que permite fabricarla.
Otra estrategia consiste en construir telecabinas de última generación que lleven rápidamente a los esquiadores a alturas cada vez mayores. Varias forman parte de un programa de 50 millones de euros (US$ 58 millones) anunciado en diciembre pasado por la región italiana de Piamonte. Pero pueden saturar las cumbres y no les sirven a los esquiadores y practicantes de snowboard menos experimentados, que prefieren las pendientes suaves de las zonas bajas.
Las regiones de montaña, por lo tanto, deben encontrar más cosas que ofrecer a los turistas. "Las estrategias de adaptación basadas en la diversificación de las actividades y de los ingresos de las zonas de montaña son cruciales", señala un estudio del Banco de Italia. Por suerte, las altas temperaturas también harán que algunos veraneantes huyan de las playas del Mediterráneo. Los eventos culturales, los centros de bienestar, el ciclismo de montaña y los baños en lagos pueden atraerlos hacia las montañas. Whistler Blackcomb, el mayor centro de esquí de Norteamérica, recibe hoy más visitas en verano que en invierno.
En Piamonte, la inversión destinada a diversificar la oferta sigue siendo modesta: menos de 6 millones de euros de los 50 millones contemplados en el programa de modernización. Scott sostiene que mucho dependerá de cuán pronto los responsables de las políticas públicas y los inversionistas europeos lean las señales escritas en el hielo. Los centros que logren posicionarse tempranamente como destinos para todo el año o para el verano obtendrán una ventaja reputacional de enorme valor. Scott colabora en un proyecto que busca modelar cuáles tienen mayores probabilidades de quebrar: "Sin duda, el 25% en los próximos 20 años". Con humor negro, el proyecto se titula "Après Ski".