Editorial
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Cifra con asterisco
Conviene no cantar victoria
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Cifra con asterisco
Conviene no cantar victoria. Esa debería ser la lectura del reporte de mercado laboral que el Dane entregó ayer, con una tasa de desocupación nacional de 8,1% en julio, la más baja para ese mes desde que hay registros. La cifra tiene mérito. Frente al 8,8% de julio del año pasado la caída es de siete décimas y el propio Dane la califica de estadísticamente significativa. Hay 160.000 desocupados menos y 578.000 ocupados más. La ocupación subió de 58,9 a 59,5% y la participación, de 64,6 a 64,8. La subocupación bajó de 7,7 a 6,7% y la brecha de género se estrechó de 4,0 a 3,4 puntos porcentuales. La informalidad bajó en todos los dominios y quedó en 54,5%. Hasta ahí llegan las luces. De dónde salen esos puestos importa tanto como cuántos son. Administración pública, defensa, educación y salud aportó 404.000 ocupados, casi siete de cada diez del total. El comercio sumó 158.000 y construcción, 156.000. En contraste, agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca perdió 204.000 plazas. Un mercado laboral apoyado en la nómina estatal mientras el campo pierde terreno no es señal de robustez. El contraste territorial es elocuente. Mientras el indicador nacional mejora, en las trece ciudades y áreas metropolitanas la desocupación subió de 8,4 a 8,5%. El empuje provino de los centros poblados y el rural disperso, con 4,9%, y de otras cabeceras, con 3,7. Las capitales, donde más pesan los costos laborales formales, se quedaron rezagadas. La serie desestacionalizada lo confirma. Pasó de 8,2% en junio a 8,3 en el total nacional y a 8,4 en el ámbito urbano. Como se recordará, el salario mínimo subió 23,7%, más de cuatro veces la inflación anual de enero, de 5,35%. Varios analistas del sector financiero le atribuyen a ese costo parte de la debilidad de la nómina privada urbana. Y con la inflación de julio en 6,03%, la negociación de diciembre llegará tensa. Hay zonas donde el problema es de otro tamaño. En el trimestre móvil, Quibdó registró 23,0% y Cartagena, 13,6. El desempleo juvenil fue de 14,1. A todo lo anterior se suma una discusión que no es menor. En su primera rueda de prensa como director del Dane, nombrado por el gobierno de Abelardo De La Espriella, Ricardo Valencia Ramírez, abordó las dudas sobre las proyecciones de población. Economistas de la Universidad de Antioquia y de la Javeriana han advertido que las cifras de empleo formal no coinciden con los reportes de pago de seguridad social, porque el marco poblacional parte de 2019 y no incorpora la migración ni los cambios demográficos. Valencia sostuvo que no ha hallado anomalías en el cálculo de los indicadores y comparó esas proyecciones con la actualización que arrancó la dirección anterior en 2025. Y anunció una mesa de expertos en demografía para aplicar una nueva medición de población, que podría modificar los datos nuevos y los de años anteriores. Ese anuncio merece respaldo y premura. Si cambia el denominador, cambian las tasas, y con ellas el diagnóstico sobre el que se construyen las políticas públicas de empleo. El país necesita saber si la mejora del empleo es real o si parte de ella la explica un denominador desactualizado. Como este es el último dato de un mes completo del gobierno Petro, la tentación de sacar pecho o descalificar será enorme. Lo sensato es blindar al Dane de esa pelea y dejar que hablen los demógrafos antes que los políticos.