La crisis fiscal
El corte de cuentas entre el gobierno Petro y el de Abelardo De La Espriella resultó mucho peor de lo que se esperaba antes del 7 de agosto
El corte de cuentas entre el gobierno Petro y el de Abelardo De La Espriella resultó mucho peor de lo que se esperaba antes del 7 de agosto. De hecho, el país enfrenta la peor situación fiscal desde la guerra de los Mil Días, cuando se inició el siglo XX. Los expertos estimaban hace un mes que el déficit fiscal para este año se elevaría a 6,6 por ciento del PIB (unos 130 billones de pesos); los más pesimistas lo calculaban superior al 7 por ciento. Con la presentación del nuevo proyecto de presupuesto para el año que viene por el Ministerio de Hacienda resulta, ahora, que el déficit equivaldría al 8,2 por ciento en 2026 y 9,4 por ciento en 2027. Además de los ineludibles gastos que trae consigo el terremoto del 10 de agosto, estimados inicialmente entre 30 y 40 billones, el gobierno Petro elaboró un presupuesto para 2027 que no incluyó compromisos adquiridos y gastos corrientes que no estaban financiados. El nuevo equipo en Hacienda se vio obligado a incrementarlo en 60 billones, llevándolo en total a 634 billones. Una cifra monumental nunca registrada. De cubrirse con deuda interna y externa, como parecería fue en un principio la intención del Gobierno, podría conducir a una situación explosiva y altamente peligrosa. Así lo insinuó el mismo ministro el martes anterior en el Congreso. Ahora bien, los bancos del exterior reconocen que el hueco fiscal tiene su origen en la desastrosa herencia del gobierno anterior y en el terremoto, pero no han dejado de manifestar su sorpresa y se preguntan —al igual que muchos en Colombia— cómo tapar semejante tronera. * * * * La crisis fiscal y la necesidad del ajuste trajeron a mi memoria la actuación del ministro de Hacienda Roberto Junguito en julio de 1984, cuando asumió el Ministerio. Hizo algo similar a lo que está intentando el ministro Gómez Martínez. Les explicó al país al país y a la opinión pública la cruda realidad de la crisis económica de ese momento y que, ante el agotamiento de las medidas que se habían puesto en práctica, tocaba cambiar el rumbo y adoptar una estrategia diferente. Junguito procedió a recortar el gasto público, a elevar los impuestos y a conversar con la banca internacional que le había cerrado el crédito a Colombia. Posteriormente se devaluó el peso en 53 por ciento en 1985, con una inflación de 23 por ciento, con lo cual se recuperó la competitividad de las exportaciones. Firmado un acuerdo de monitoría con el Fondo Monetario Internacional, se reabrió el crédito externo para Colombia, en medio de la crisis de la deuda externa de América Latina. * * * * Aunque el contexto de hoy en día es muy diferente y esa experiencia no es replicable, la oportunidad es propicia para una reorientación de la política económica y para diseñar una estrategia de mediano plazo que fije una nueva ruta para el país. De inmediato hay que combinar un recorte de los gastos de funcionamiento con la obtención de nuevos recursos en el interior. Y negociar el ahora llamado ‘reperfilamiento’ de los pagos de la deuda externa para aliviarlos en el tiempo. La fórmula de emitir bonos de suscripción obligatoria para las sociedades se utilizó en el pasado y podría aplicarse rápidamente. El respaldo del Fondo Monetario Internacional para elaborar un programa de acción para los próximos años sería conveniente y avalaría a Colombia frente a los inversionistas internacionales. La economía requiere cambios y reformas para salir del estancamiento, crecer y enfrentar la realidad social. Hay que emprenderlos juiciosamente. Estudiar los cambios tributarios que deben introducirse para promover el crecimiento y aumentar el recaudo es imprescindible. Ajustar la reforma pensional para corregirla y mejorarla no da espera. ¿No se podrá aprovechar la crisis para generar un futuro promisorio?
Oportunidad
Carlos Caballero Argáez