Arrastra los pies
Una vez más este gobierno da señales preocupantes de desidia, inoperancia y omisión. No gobierna, no avanza en nada y en todo caso retrocede.
Hay algo que sigue siendo confuso, y es saber si al gobierno le interesa o no que se concrete la inmensa inversión que haría la empresa HIF Global para construir y poner en marcha una planta en Paysandú que procese hidrógeno verde.
Todo indica que, aunque a veces dice que sí, en realidad le da exactamente lo mismo. Si el acuerdo no se alcanza no se haría mucho problema, aunque eso implique perder una inversión de unos 6.000 millones de dólares, la creación de 1.400 puestos de trabajo (mientras duren las obras) y de unos 300 empleos una vez que la planta empiece a funcionar, a lo que se sumaría la exportación de un producto "no tradicional" que será muy requerido en el mundo desarrollado.
No es poca cosa.
Las declaraciones del presidente Yamandú Orsi sobre juicios que no se harían contra Uruguay en caso de avanzar con la planta, son una muestra de su escaso interés en tomarse en serio la inversión. Que quien siendo el presidente de la Republica hable sin estar informado de algo tan sensible, demuestra la poca seriedad que el gobierno le da a este tema.
Ante situaciones similares, anteriores gobierno frentistas actuaron de manera diferente. Si bien el Frente Amplio se opuso a la construcción de la planta de UPM en Fray Bentos promovida por el gobierno de Jorge Batlle, ya siendo presidente Tabaré Vázquez entendió la dimensión de esa inversión. Cuando Argentina la quiso bloquear mediante un virtual sitio al país con el cierre de los puentes binacionales, aguantó el embate con serena firmeza. Vázquez tenía claro lo que esa inversión significaba para el futuro del país y el tiempo le dio la razón a el y a quienes le precedieron con la apuesta a la forestación.
También José "Pepe" Mujica desde su presidencia, fue un decidido promotor de que se instalara la segunda planta de UPM en Durazno. Incluso, cuando las negociaciones parecían
flaquear, viajó a Finlandia para convencer a la empresa que valía la pena venir a Uruguay.
Ante una inversión enorme y un proyecto que puede ser muy interesante para el país al diversificar la producción nacional, como antes lo hizo la pasta de celulosa, este gobierno arrastra sus pies. El presidente dice estar interesado en la inversión, pero no tiene mucha idea en qué están los eventuales juicios y deja que su ministra de Industria, que no tiene ningunas ganas de que el proyecto se concrete, hable más fuerte. El único que insiste es el intendente de Paysandú.
La principal traba para llegar a un acuerdo estaría en la tarifa que UTE le cobraría a la empresa. HIF Global entiende que es muy alta y advierte que en otros países le ofrecen mejores opciones. UTE no quiere ofrecer ese servicio a pérdida ni por menos de lo que cobra a otras empresas.
Lo que UTE no parece entender es que objetivamente sus tarifas son excesivas y por eso no puede competir con lo que otros países ofrecen. Es muy cara para HIF Global, lo es para otras empresas que contratan sus servicios y lo es para el uruguayo común que usa electricidad en su casa. Por lo tanto, lo que urge resolver es como UTE reorganiza su empresa para que sus costos bajen y pueda cobrarle menos no solo a HIF Global sino a cada hogar uruguayo. Implica resolver aquello del "país caro" y hacerlo competitivo y atractivo.
Es que si este acuerdo no se concreta por un tema de tarifas de luz, el mundo entero sabrá que no vale la pena invertir en Uruguay, pese a otras ventajas que sí tiene, porque para contar con energía eléctrica hay que pagar mucho más de lo que cuesta en buena parte de la región.
No es una buena señal.
Lo incomprensible es esta manera de arrastrar los pies en una negociación crucial para Uruguay. Algo tan importante, no parece serlo para quienes gobiernan. Y si no lo es, que lo digan y no nos tengan en vilo. Una vez más este gobierno da señales preocupantes de desidia, inoperancia y omisión. No gobierna, no avanza en nada y en todo caso retrocede respecto a lo que el gobierno anterior dejó hecho y resuelto. Cuántos problemas se hubiera ahorrado si, en lugar de borrar lo heredado hubiera empezado desde ahí. El problema no es que las encuestas, al dar tan baja aprobación, se equivocan en los métodos de hacer su trabajo. El problema tampoco es que haya tropiezos en la comunicación. Los hay en la forma de llevar adelante sus políticas.
El gobierno comunica bien. Comunica con meridiana claridad su incapacidad de dar respuestas, su mediocridad para gobernar, su inoperancia, sus discrepancias internas. Todo el país lo ve y lo entiende. El drama es que así, Uruguay no avanzará en soluciones que lo transformen para darle más bienestar a su población.
En estos tiempos de ritmos acelerados y de incertidumbre generalizada, quien no se mueve hacia adelante no quedará parado donde estaba, sino que retrocederá.