105 pares de zapatos
Tía Waverly tiene una nueva amiga
Tía Waverly tiene una nueva amiga. Le dicen Mini; pero al parecer no tiene nada que ver con el tamaño global de su persona, sino con una cierta manera de abreviarle el nombre. Está feliz porque dice que es muy simpática, alegre y "salida de la caja"; expresión esta que, coincidentemente, ha incorporado a su vocabulario. "¿Y qué significa eso, querida tía?", inquiero. "Pues que no tiene moldes pues mijito", espeta, y quedo más o menos igual.
Resulta que se han dedicado a tomar el té, especialmente estos días en que ha hecho bueno. Y en su casa (o sea en la de Mini). "Estoy fanática del té verde con miel, mijito, una delicia", agrega, y pienso si acaso las tazas en esa casa serán grandes o pequeñas. La tía le lleva los sándwiches de pepino (era que no) y se la pasan hablando de esto y aquello, de cocina y pintura, de vida social y viajes. "!Ay, mijito, es encantadora¡ Y tiene un gato precioso, gris y avispado, que se llama Cucho", continúa, y no puedo sino fruncir el ceño: no recuerdo que a la tía le gustaran los gatos. Menos al perrito Braulio. "Pero lo que más me gusta de ella es su generosidad. ¿Creerás que la semana pasada regaló ciento cinco pares de zapatos a una institución de beneficencia? Pues como lo oyes".
Ciento cinco pares de zapatos... Eso no es nada "mini". ¿Cómo alguien puede tener tantos? Alcanza a ponerse como 3,47 veces cada uno al año... ¿Y se habrá quedado con cuántos?, pienso. "Tía, ¿me habla en serio?". "Sí, mijito. Y a fines de mes van como sesenta abrigos". Oh my God¡