Domingo, 06 de Septiembre de 2026

Optimismo sí, pero bien informado

ColombiaEl Tiempo, Colombia 6 de septiembre de 2026

Ante todo, el país está optimista

Ante todo, el país está optimista. Y tiene razones para estarlo. Pero ese optimismo hay que cuidarlo comunicando bien las señales, especialmente sobre seguridad y momento económico. En cuanto a las de seguridad, han sido señales que resaltan la absoluta falta de voluntad política del anterior gobierno para liberar al país de esas plagas. Sin embargo, para que se pueda informar sobre sus recientes y futuros triunfos con credibilidad, se necesita que la prensa sea libre. Por eso no cuadra que en adelante, sus ministros y demás funcionarios tengan prohibido hablarle a la prensa sin "permiso" previo del Gobierno. El comunicado oficial finalmente no comete la equivocación de condicionar el manejo de las entrevistas y de la información solo con medios y periodistas "amigos", y ojalá ese no sea el tono. Por su propio bien, no debe obligar a los medios y a los periodistas a "lagartizarse". En esa condición no se publicarían ni información ni opiniones confiables, sino condicionadas a recibir el premio de la amistad del Gobierno, como hamsters que corren en las ruedas de sus jaulitas. Con eso pierde Abelardo, porque la crítica libre —en eso consiste precisamente la libertad de prensa— conviene siempre, sin excepciones, a un gobernante, para que no se absorba en sí mismo cual caballo con anteojeras y más bien tome decisiones con criterio para acelerar en unas cosas que van en la dirección correcta, como poner a funcionar la máquina de inteligencia del Estado —dormida durante cuatro años—; y modificar las que no, porque, por ejemplo, ofenden, como que se pavonee procazmente entre los cadáveres de los sicarios abatidos. Si el periodismo no es libre, se volvería sospechoso ante la gente de ocultar, distorsionar o inventar, e inmediatamente la asociarían con actos de genuflexión. Y eventualmente hasta cohibiría para hablar bien de los resultados del Gobierno para ahorrarse las suspicacias de periodismo sumiso. ¿No le convendría más a Abelardo que las informaciones y opiniones a su favor se produzcan genuinamente, sin intereses ni presiones de por medio, para que, de corazón, la gente tenga razones para conservar su optimismo? De lo contrario, los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio. Y nos falta ver si funciona someter a los ministros a "permisos" previos para hablar de sus sectores, porque se supone que son quienes mejor los conocen en el Gobierno. Veo difícil que un ministro se encuentre en algún acto público con periodistas y logre capotearlos sin preguntas ni respuestas. Por ejemplo, una comunicación frecuente con el país es obligación de ministros como el del Interior, por la amplitud de sus temas, y lo ha hecho; así como conviene que el de Defensa consulte primero con su Presidente, o que el de Hacienda, que también lo ha hecho, modere la oportunidad de hacer declaraciones por lo técnico de su tema. Así, unos deben hablar mucho y otros muy poco. Está muy bien que el presidente Abelardo procure buscar una coordinación para que su gobierno no entregue señales deshilvanadas o desorganizadas e incoherentes. Pero esta nueva forma de comunicación oficial obliga a preguntarse, por la variedad de las señales que está mandando, quién lo aconseja y lo asesora en el tema, por los contrastes. El presidente Abelardo comunica acertadamente muchas cosas, como cuando le ordena al Inpec irrumpir en las celdas de peligrosos capos a buscar celulares de contrabando, porque envía una adecuada señal de autoridad. Y son muy positivas las señales que está enviando a la inversión, pero en todo caso, las inmediatas están a la espera de la agilización de licencias ambientales, del control de las vagabunderías de las consultas previas y de estabilidad jurídica y tributaria; y todavía la situación económica macro es muy confusa por la gravedad de la que se heredó, a pesar de que el ministro de Hacienda ha hecho un esfuerzo monumental por sincerar nuestras finanzas. Entonces, muchos potenciales inversores están en stand by. Como los periodistas, es mejor que los gremios actúen con buen criterio que con ciega obsecuencia. El modo optimista del país da para lo primero. Pero para eso, al Gobierno le conviene mantener permanente conversación, diálogo, interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo. De manera que está muy bien que el presidente De La Espriella les ponga orden a las señales que está enviando el Gobierno al país y que explore formas organizadas y efectivas de comunicar sus éxitos, pero también debe recibir con humildad la crítica sana a su desempeño, siempre pensando en mantener el optimismo del país. Que organice la información, pero que no la "oficialice" . O sea, ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.
Primeros cien días
María Isabel Rueda
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