‘Zoom out’
Uno de los daños más graves que produjo el anterior gobierno fue inducir al país a un estado de ensimismamiento
Uno de los daños más graves que produjo el anterior gobierno fue inducir al país a un estado de ensimismamiento. Es entendible: era difícil mirar allende el ombligo cuando las fuerzas vivas de la sociedad estaban concentradas en frenar la bola de demolición operada por el Ejecutivo. Pero, por fin terminada esa etapa, ya podemos hacer zoom out y apercibirnos de lo que estaba ocurriendo en el resto del mundo. Que no era poco. Mientras Colombia atravesaba una noche de cuatro años, tres vendavales estaban remodelando el planeta. El primero es el cambio climático, que avanza a un ritmo mayor del que se pensaba. Un reciente informe de la ONU es contundente: el mundo ya no está en trayectoria para limitar el calentamiento global a 1,5 °C, la meta más ambiciosa del Acuerdo de París. El segundo es el progreso de la inteligencia artificial (IA), cuyo influjo cambiará las formas como pensamos, creamos, trabajamos y nos comunicamos. No habrá actividad humana a salvo de esta tecnología: esta semana salió al mercado un cepillo de dientes "inteligente" que, supuestamente, cepilla mejor. En tercer lugar, estamos cruzando la zona de turbulencia del reacomodo del poder global. Las instituciones multilaterales que, más o menos, ordenaban el mundo están siendo sustituidas por un nuevo sistema basado en el equilibrio de fuerzas entre grandes potencias. Bajo este orden emergente, las potencias se arrogan la facultad de controlar —incluso con menos pretextos que antes— los activos geoestratégicos que les plazcan. No importa si no les pertenecen. Es lo que acaba de pasar con el petróleo venezolano. Estos tres fenómenos tienen un punto de encuentro: la energía. El cambio climático, a la postre, es un dilema energético: ¿somos capaces de producir suficiente energía para suministrarle una vida de calidad a toda la humanidad sin destruir nuestro ecosistema? La IA, como toda rama de la informática, es energía con significado: un flujo de electrones que representa información. Pero requiere cantidades ingentes de esos electrones: en 2024 los datacenters de Estados Unidos consumieron tanta electricidad como Tailandia, un país de 72 millones de personas. Y la reorganización mundial del poder tiene también, en el centro, a la energía: sus fuentes primarias, como el crudo venezolano, y los materiales críticos para transportarla y almacenarla, como el cobre y el litio. El discutible acuerdo entre Washington y Caracas no es solo un negocio: también es un desplazamiento del centro de gravedad del globo, geopolíticamente hablando. Pues encierra el potencial de garantizarle a EE. UU. seguridad energética a largo plazo y bajo costo, y así contribuir a consolidar el poder hemisférico que anhela la administración Trump. Un poder fundamentado en acceso a la energía y a los materiales que exige el siglo XXI. Todo esto conecta con Colombia de muchas formas. Fue una estulticia la política del gobierno anterior de reducir nuestra seguridad energética, como consecuencia de la desatención del sistema eléctrico y el freno a la exploración de hidrocarburos. Por eso mismo, la intención del gobierno de ADLE de reformar el mecanismo de la consulta previa, verdugo extorsivo de tantos proyectos, es un imperativo nacional. Pero quedan otras preguntas por resolver. ¿Qué pieza seremos en el nuevo rompecabezas mundial? ¿Cómo garantizarle a nuestro país los flujos de energía indispensables para la prosperidad en la era de la IA? ¿Cómo participamos del progreso tecnológico y de la lucha contra el cambio climático sin empobrecer a nuestra población, sino lo contrario? Ahora que volvimos al estado, apenas normal, de contar con un Gobierno que gobierna, debemos ocuparnos por fin de los grandes temas del siglo. No nos son ajenos. Y vamos tarde. @tways / tde@thierryw.net
Tubo de ensayo
Thierry Ways
Mientras Colombia atravesaba
una noche de
cuatro años, tres vendavales estaban remodelando el planeta.