Lunes, 07 de Septiembre de 2026

El secuestro del embajador Jackson

UruguayEl País, Uruguay 7 de septiembre de 2026

Asombra constatar la poca memoria que se tiene hoy de tan triste episodio de la historia nacional como lo fue aquel secuestro de un diplomático por parte de la guerrilla tupamara.

Una de las consecuencias que tuvo la llamada operación "el abuso" por la cual se fugaron de la cárcel de Punta Carretas más de 100 tupamaros, entre los cuales estaba la plana mayor dirigencial del movimiento, fue la liberación casi inmediata del por entonces embajador de Reino Unido en Montevideo Geoffrey Jackson (1915- 1987). El próximo miércoles se cumplirán 55 años de aquello.

Asombra constatar la poca memoria que se tiene hoy de tan triste episodio de la historia nacional como lo fue aquel secuestro por parte de los tupamaros. El embajador Jackson narró en un libro traducido al español en 1973 ("People´s Prison") el detalle de lo que fue su calvario iniciado el 8 de enero de 1971. Escribió allí que "he llegado a la conclusión, con la ayuda en no poca medida del recordatorio que he descrito, que mucho más que una ideología precisa, la ferocidad era la característica principal común a las diversas personalidades de mis secuestradores. Donde no existía tenía que ser aprendida y donde era latente tenía que hacerse manifiesta para que el individuo pudiese vivir en forma consecuente consigo mismo".

Importa tener presente esta dimensión agresiva y dañina de aquellos secuestros, porque el paso del tiempo y distintas narraciones sesgadas y edulcoradas de las acciones guerrilleras parecen haber dejado la idea en las generaciones del Uruguay actual de que lo que hacían no era en realidad tan grave. En definitiva, se ha llegado a decir que el terrorismo que realmente existió fue el terrorismo de Estado, como consecuencia de una ilegal y excesiva represión de las fuerzas públicas por esos años, exculpando al mismo tiempo a la acción guerrillera porque ella fue antes que nada una forma particular y legítima de hacer política y sin afanes terroristas.

Jackson dejó en claro que hubo golpes, torturas psicológicas, agresiones y apremios físicos de parte de los tupamaros. Sobre ese día de enero en que comienza su calvario, Jackson escribe que un tupamaro "me golpeaba con su pistola y me gritaba que cerrara los ojos; como yo naturalmente parpadeaba, volvió a golpearme. Muy pronto comprendí que recibiría golpes de todas maneras y miré furtivamente todo lo que pude". Los meses que pasó encerrado en los sótanos de la casa llamada "cárcel del pueblo" de la calle Juan Paullier 1192 esquina Charrúa de Montevideo, estuvieron marcados por la brutalidad, el miedo y el sufrimiento.

El embajador, con esas sobriedad y sutileza tan inglesas para describir las cosas, lo definió como un contexto en el que "los contactos humanos directos que me iban a ofrecer esos meses tenían todos algo de una pesadilla". Por eso mismo debe recordarse la situación real que sufrió Jackson. En efecto, el peligro de la subversión guerrillera era grave. En 1970, por ejemplo, los tupamaros habían decidido asesinar a Dan Mitrione, una de las personas que por entonces tenían secuestradas en pésimas condiciones. Se trataba de un ciudadano estadounidense y diplomático apostado en Uruguay, acusado por los tupamaros, sin prueba convincente alguna, de haber llegado al país para formar a funcionarios uruguayos en prácticas de torturas.

En definitiva, al haber hecho la fuga masiva de la cárcel el 6 de setiembre, los tupamaros decidieron la rápida liberación del embajador, ya que no les servía más como moneda de cambio para intentar obtener ventajas del gobierno. En este sentido, incluso, esa liberación buscaba sembrar la duda de si no habría habido una negociación secreta entre el gobierno y la guerrilla para hacer una especie de acuerdo tácito a partir del cual se dejaban fugar más de 100 guerrilleros a cambio de la liberación de tan importante diplomático.

Obviamente, esa hipótesis era un disparate, sobre todo cuando ese mismo gobierno había recibido presiones internacionales fortísimas en episodios anteriores similares, como el de Dan Mitrione de parte de Estados Unidos, y no había cedido en lo más mínimo. Pero, igualmente, la imaginación y la voluntad de dañar a las autoridades democráticas del país de parte del relato izquierdista intentaron sembrar esa duda en aquellos años (y lo siguieron sugiriendo por mucho tiempo).

Luego de sufrir una prisión tan injusta como inhumana durante 244 días, Jackson salió del Uruguay, se reunió con su familia en Londres y retomó posteriormente su trabajo en el servicio diplomático inglés. A 55 años de su liberación, importa tener presente aquellos trágicos episodios de terrorismo guerrillero que tanto dañaron al Uruguay y a su imagen internacional.
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