Reflexiones sobre el FA
Este conserva desde sus orígenes diferencias que, pese a los esfuerzos para disimularlas, reaparecen.
Es notorio que parte de los integrantes del Frente Amplio se muestran insatisfechos con la gestión del gobierno. Este conserva desde sus orígenes, diferencias que pese a los esfuerzos para disimularlas, reaparecen cada vez con más fuerza, particularmente en momentos, como los presentes, donde en todo el país se respira un aire de estancamiento, con señales de caída.
Esta situación no resulta indiferente para las autoridades de la coalición forzadas a implementar marchas, visitas, conversatorios, con los mandos intermedios y todo tipo posible de acercamientos con la militancia. Y es precisamente en ese contexto de dudas donde surge un factor negativo adicional, nada menor: la escasa presencia de jóvenes en las actividades partidarias. Situación que se entiende necesario corregir, en tanto atañe a la supervivencia de la coalición; un objetivo, además, que, según admiten las dirigencias, debe separarse del éxito o fracaso del actual gobierno. En este sentido en el último congreso del FA se aprobó un documento como insumo para su próximo congreso "José Pepe Mujica", enfatizando la necesidad que los Comité de Base tengan "la posibilidad de plantear cambios en las formas de funcionamiento para poder desarrollar mejor sus objetivos" Se trata -expresan- de "espacios contrahegemónicos a la cultura dominante, lo que exige mayor flexibilidad en sus formas de funcionamiento. Incluyendo, la posibilidad de abrirlos a personas que no necesariamente pertenezcan al FA.
Estas apreciaciones comprensibles, no modifican la realidad: la izquierda ha perdido su ideología -elemento clave de su perfil- y a la larga, fueren cuales fueren las medidas organizativas que adopte, perderá lo que resta de su identidad, especialmente entre los jóvenes. El primer efecto de este vaciamiento fue la pugna, encubierta y disimulada, que tuvieron con sus líderes de entonces, Líber Seregni, Hugo Batalla y Danilo Astori. Esas deserciones o más bien expulsiones en el caso de los dos primeros, mostraron un proceso "in nuce" desde los comienzos de la coalición. Los posteriores éxitos electorales de la misma lograron ocultarlas, pero 1989 con el derrumbe del universo soviético y con él del marxismo, como herramienta teórica, se rompieron los últimos atisbos de una unidad que quedó en pura forma, mera estrategia para ganar. Es claro que el FA está roto, dividido en dos porciones, la marxista leninista, aproximadamente un 40% de la coalición, y el Movimiento de Participación Popular (MPP) de práctica Social-demócrata, pese a que sus integrantes no se reconozcan en ella. La fractura es notoria, basta para asumirla observar las diferencias de forma y fondo entre Juan Castillo, (Ministro de trabajo) y Juan Oddone (Ministro de economía), el primero un revolucionario en potencia, afiliado al proletariado como clase revolucionaria, el segundo un puntilloso social demócrata desvelado por los equilibrios macro-económicos. Otro ejercicio posible sería contrastar a Lenin con Orsi. Esto no significa que cualquiera de ellos se aleje de la coalición.
Sí implica dificultades crecientes para gobernar o que hacerlo, como ahora ocurre, sea una práctica gris, chata, previsible, cuidadosa de no ofender a los revolucionarios encadenados, que por ahora braman pero no muerden.