Al profesional se le fue impuesta una pena educativa; quienes lo evaluaron entendieron que no supo mantener un "correcto" vínculo con los pacientes.
El 29 de julio de 2024 un
joven de 18 años llegó junto con su madre hasta la
emergencia del
Sanatorio Galicia del Círculo Católico. Había participado en una
riña con otros adolescentes y presentaba lesiones en el rostro y una hemorragia nasal.
El médico de guardia hizo pasar al joven y a su madre al consultorio de cirugía. Luego de una serie de preguntas básicas, le pidió a la mujer que saliera. Médico y paciente quedaron solos. El médico le hizo un examen físico y un taponamiento nasal para detener la hemorragia.
Durante aproximadamente una hora y media de atención y espera por una tomografía, el médico ingresó varias veces al consultorio.
En determinado momento, el joven advirtió a personal de la emergencia que el médico había tenido una conducta de índole sexual inapropiada, que incluyó comentarios sobre el color de sus ojos, besos en el cuello y un acercamiento hacia su zona genital.
La acusación provocó recriminaciones y momentos de tensión en la emergencia. El médico negó los hechos y confrontó al paciente. Luego otro profesional asumió la atención.
Cuando dejaron el sanatorio, el joven y su madre radicaron una denuncia policial.
Tocamientos
El 20 de febrero de 2025 el paciente se presentó ante el Tribunal de Ética Médica para denunciar al doctor. "Comenzó a hacer el taponamiento nasal que lo hacía estar a casi centímetros de mi cara, me miraba, se reía, me miraba los ojos, me preguntaba de qué color eran, si eran avellana, si eran cafés. También lo que hacía era empujar sus piernas contra mí, yo estaba sentado en una camilla", declaró.
Según su relato, después la situación avanzó. "Empezó a tocarme la pierna y a decirme susurros en el oído, me llegó a dar besos en el cuello, incluso, y posterior a esto también quiso acercarse al área genital mía".
El 28 de febrero de 2025, el médico denunciado hizo sus descargos por escrito. "No existió el acoso, el manoseo, las miradas provocativas ni los besos", afirmó en su defensa.
"La denuncia de este paciente desde hace casi un año me viene causando un agotamiento en el ámbito laboral y desgaste moral, me causa vergüenza frente a colegas de trabajo saber que cuento con estas infundadas denuncias a pesar de su apoyo incondicional", sostuvo. Dijo ser un padre de familia al que no le gustan los varones y tiene una conducta intachable.
El 30 de mayo compareció personalmente y una pregunta clave cambió el rumbo de la investigación. "¿En alguna otra oportunidad le pasó una situación similar con otro paciente?", preguntó quien instruyó la investigación. "No", respondió el médico. "¿Tuvo denuncias o quejas de otros pacientes en otras oportunidades?", insistió. "No", volvió a responder el profesional. Pero no era así. Durante el proceso surgió un antecedente que el indagado ocultó.
Meses antes, un policía había acusado al médico de un presunto abuso sexual en la emergencia del Hospital Policial. El caso también terminó en la Justicia.
En tanto, la investigación administrativa fue archivada porque no pudo determinarse la naturaleza del incidente.
El 21 de noviembre el acusado volvió a ser interrogado por el Tribunal de Ética y se le preguntó la razón por la que no informó que tenía un antecedente de similar naturaleza al que originó la investigación.
Confrontado, el médico reconoció que por aquel episodio había declarado en sede policial, aunque sostuvo que desconocía que existiera una denuncia penal y que había asumido que el asunto había quedado archivado en el Hospital Policial.
"No lo mencioné no por ocultarlo sino por desinformación. Asumí que esto se quedaba archivado en el Hospital. Era tan inverosímil lo que se denunciaba, algo tan superficial que todavía no sé bien en que consiste la denuncia, que no sabía que era de índole sexual", dijo.
Se le insistió en que omitió señalar el hecho ante una pregunta bien concreta. "Fue algo que como pensé que estaba archivado ni siquiera se me vino a la mente en el momento que se me hizo la pregunta. Con todo lo que ya venía declarando ni me acordé de esto", dijo.
"Grosero"
El Tribunal tomó declaración a cuatro testigos. Ninguno de ellos presenció las conductas denunciadas. Uno de los médicos sostuvo que el acusado apenas había atendido inicialmente al paciente y que, debido a la cantidad de trabajo, no tenía tiempo para revalorarlo. Sin embargo, el propio acusado reconoció durante su declaración haber ingresado varias veces al consultorio durante la asistencia.
La investigación interna realizada por el Círculo Católico no encontró elementos suficientes para determinar fehacientemente una actuación irregular del profesional. Por lo tanto, el abuso no pudo probarse.
No obstante, el Tribunal fue contundente al considerar que el médico acusado "faltó a la verdad groseramente" cuando afirmó que no había recibido denuncias o quejas de otros pacientes. La falta a la verdad no podía ser sancionada específicamente porque quedaba fuera del objeto inicial del proceso, pero sí fue considerada al evaluar el conjunto de la prueba.
Una de las integrantes del Tribunal, Diana Domenech, señaló que el médico había mantenido un relato coherente "hasta el momento" en que apareció la información de Fiscalía sobre el episodio anterior.
Además consideró probado que existió "una relación inadecuada, que acabó en un conflicto médico-paciente, y que fue percibida por este con una connotación sexual".
El entonces presidente del Tribunal, Hugo Rodríguez, sostuvo que "el mal manejo del vínculo médico-paciente por parte del denunciado, en la hipótesis más benigna, fue erróneamente interpretado por el denunciante como guiado por una intencionalidad sexual".
Domenech entendió que correspondía suspender al médico durante tres meses y Rodríguez propuso una suspensión de un mes. Los otros dos integrantes, Gerardo Eguren y Fernando Repetto consideraron que no había siquiera prueba indiciaria suficiente para acreditar las conductas sexuales denunciadas, pero entendieron que estaba demostrado que el profesional "como mínimo no tiene una correcta forma de relacionarse con sus pacientes". Finalmente se le impuso una sanción educativa, la tercera en gravedad de las cuatro previstas después de la advertencia y la amonestación y antes de la suspensión temporal. La sanción educativa consiste en la realización obligatoria de cursos de desarrollo profesional médico continuo.