Se puede pensar que es un sector bajo el amparo de todos los beneficios de la ley forestal de 1987 y no es así. En los últimos años hubo más de 30 modificaciones, entre decretos y reglamentaciones, advierte Francisco Bonino.
Para Francisco Bonino, vicepresidente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF) el sector que más ha invertido en los últimos 20 años, que lidera las exportaciones del país y genera el 13% de la energía nacional, "necesita un nuevo impulso para crecer". En un evento convocado bajo la consigna "Decisiones que marcan el futuro", las empresas del sector plantearon sus objetivos y establecieron una meta de medio millón de hectáreas adicionales dedicadas a la producción forestal. Esa meta "llevaría 35 años cumplirla" con el ritmo de crecimiento actual", explica Bonino. Por tanto, desde la SPF impulsan un cambio en las condiciones actuales del sector, que favorezca la inversión y genere mayor competitividad, hoy amenazada por el desarrollo en países vecinos. La hoja de ruta enumera aspectos como un marco regulatorio más ágil y menos restrictivo, mejor infraestructura y el impulso a nuevas industrias ligadas a la madera, enumeró el empresario. Si se cumpliera esa meta de crecimiento proyectada, estiman que equivaldría a un 2,5% de PIB adicional, llevaría el empleo de los 46.000 puestos actuales a más de 64.000 y las exportaciones pasarían de US$ 3.000 a US$ 4.340 millones. A continuación, un resumen de la entrevista.
La coyuntura muestra un comportamiento bastante heterogéneo de los productos forestales.
Depende los sectores. Varios tuvieron un flojo desempeño en 2025 y están esperando una recuperación este año. Los cambios tarifarios generados por Estados Unidos afectan a las empresas que exportan hacia ese mercado, pero también es negativo para productos que van con otro destino, pero se reprocesan y terminan en EEUU. Productos que terminaron colocándose en mercados alternativos a precios sensiblemente menores. La exportación de paneles contrachapados ha tenido un año 2025 malo, con alguna mejora puntual en los últimos meses. La celulosa tuvo precios muy bajos el año pasado y en el primer semestre de este año empezó a recuperarse. A nivel de la exportación de chips, todavía las mejoras son muy marginales y siguen niveles muy bajos. Y en cuanto a tablas, las de eucalipto se han tenido buenos niveles de colocación, las de pino están en niveles de precios muy bajos. La exportación de troncos ha tenido un buen semestre, cayó en volumen porque India compró menos, pero Vietnam y China mantuvieron buenos niveles de precio.
La forestación ocupa hoy algo más de 1.100.000 hectáreas, pero con un crecimiento el último año de apenas 1%. ¿Cómo se llega al objetivo de sumar medio millón más de hectáreas con estas condiciones?
Capaz que hay una percepción general de que la forestación es un rubro que no para de crecer, porque en la memoria reciente están las plantas de celulosa o las de madera aserrada en Rivera y Tacuarembó. Pero la realidad es que, si hoy se está plantando poco, lo que estamos hipotecando es el futuro. Y esa es la preocupación de la Sociedad de Productores Forestales. Si crecemos al ritmo que venimos ahora, esas 500.000 hectáreas llevaría unos 35 años alcanzarlas. Lo que nosotros proponemos para crecer más; este plan de 500.000 hectáreas más que podría generar 16.000 empleos, un aumento del PIB de 2.5% y unos 1.300 millones de dólares en exportaciones, requiere acciones en tres ejes, uno regulatorio, uno que es logística, infraestructura y energía y uno que es desarrollo industrial y mercados.
¿Cuáles son los aspectos regulatorios a modificar?
Estamos bastante alineados a lo que plantea el Ministerio de Economía en el proyecto de ley de competitividad. Nosotros ponemos como ejemplo lo que hace Nueva Zelanda, que define las pautas del sector y después dice, ""en vez de pedir permiso y esperar, se notifica y hay un compromiso de cumplir". Si no se cumple, habrá consecuencias. Pero se invierte el funcionamiento y se gana tiempo. Es importante también establecer una suerte de estándar nacional forestal, que defina niveles de riesgo para para distintas zonas, y según ese nivel de riesgo es lo que se tiene que cumplir, basado en el impacto. Por otro lado, es necesario simplificar un esquema normativo que es poco claro y repartido entre distintas instituciones del Estado. El inversor lo que necesita saber es cuáles son las reglas, claras, explícitas, unificadas, y no siempre es así.
El segundo el de infraestructura. ¿Cómo abatir los costos logísticos?
Entre otras cosas, el uso de bitrenes y tritrenes, una forma de transporte que implica hasta un 15% de ahorro en el transporte y Brasil lo tiene hace 15 a 20 años. La restricción es especialmente por cuestiones de infraestructura, pero también porque no ha sido prioridad desarrollarlo. También es importante desarrollar el ferrocarril, al norte del Río Negro, es una forma de bajar costos importantes, y que puede impulsar inversiones en esas regiones. Y después están los puertos, con costos muy altos, y además, una gran conflictividad. Otro aspecto importante es el de las tarifas de energía, no solo el precio que es más alto que en países vecinos, sino también una tarifa rígida que no nos permite aprovechar la estacionalidad de algunos sectores.
¿El tercer eje apunta a buscar nuevas formas de aprovechar esa oferta de madera que proyectan?
Exacto. Entendemos que hay que fijarse un plan de largo plazo, donde se establezca, por un lado, ver qué otras industrias forestales se pueden hacer. En el evento puse como ejemplo dos tecnologías nuevas: baterías fabricadas a partir de carbono derivado de la lignina un subproducto de la celulosa que ya empieza a moverse hacia la escala comercial, con desarrollo de una empresa instalada en Uruguay. Y el segundo, un proceso que transforma la madera a nivel molecular hasta volverla 80% más liviana y 50% más resistente que el acero, al punto de pensarse como material para carcasas de celulares. Hay una compañía trabajando en eso, que ya cerró su primera ronda de capital Como subproducto del sector, ¿la generación de energía tiene incentivos para crecer?
Por el lado ambiental hay mucho para hacer. Uruguay tiene, dentro de sus compromisos de descarbonización, aumentar el área forestal. Por tanto, hay una meta allí. Generamos energía renovable, pero además, firme. Entonces es un complemento muy importante; no es la más barata de la matriz, pero se sabe que va a estar; siempre que tenga un contrato la máquina va a estar prendida y produciendo. Pensando en una mayor demanda de energía en el país, ligada a nuevas tecnologías y data centers que requieren mucha energía, nosotros todavía tenemos mucha capacidad de generación que no hemos desplegado y que podría desplegarse con ese objetivo.
¿El crecimiento de la forestación es en desmedro de otros rubros de producción o junto a ellos?
No, será con integración con otras producciones, como la agrícola, la ganadera, como complemento, algo que ya ocurre. Tenemos, en un mismo campo, la capacidad de hacer muchas producciones. Hay mucho lugar para integrar producciones en todo el territorio.
¿Falta inversión en el sector?
Falta inversión para llegar a las 500 mil hectáreas extra, es cierto, pero en los últimos 20 años, es difícil encontrar un sector que haya invertido más que este. Y con las particularidades de un rubro ligado al largo plazo. Tenemos proyectos a 50 años y por eso somos muy sensibles a las regulaciones; si las condiciones cambian, no es algo de lo que podamos salir ni que recuperemos rápido lo invertido. Después de instalado no hay forma de que un productor forestal se lleve los árboles de otro lado. Es por eso que plantemos siempre la importancia de la estabilidad de largo plazo. Con nuestras demandas Quisimos alertar que no somos tan competitivos como los vecinos. Por ejemplo, en Brasil, la velocidad con que se aprueban las inversiones industriales y las condiciones que le otorgan a los proyectos hace que sea muy interesante para las empresas instalarse ahí. Y después hay países nuevos que no estaban en el registro como Paraguay que están siendo muy competitivos, con condiciones climáticas favorables para un mayor crecimiento de los árboles. No quiere decir que no podamos competir, pero no nos podemos dormir en los laureles.
¿Cuál es la rentabilidad del sector en Uruguay?
Uruguay tiene a favor que tiene una percepción de riesgo más baja que algunos otros países y los inversores siempre miran las dos cosas juntas, rentabilidad y riesgo. Si uno mira solo el bosque, la rentabilidad de Uruguay es más baja que la de Brasil o Paraguay, pero si mira el contexto, hay mejores condiciones. Pero los retornos de los bosques no son de dos dígitos, andan por 7, 8, 9%. Por eso hay que cuidarlo. Retornos bajos, en un ciclo tan largo, es muy fácil que sea desestimulante para el inversor. Se puede pensar también que este es un sector bajo el amparo de todos los beneficios de la ley forestal de 1987 y no es así. Hubo más de 30 modificaciones, entre decretos y reglamentaciones. Primero, se desmontó el esquema de subsidios, como un efecto de arrastre de la crisis del 2002. Después se colocó el impuesto a las ganancias a las plantaciones de celulosa y luego el impuesto al patrimonio, donde las empresas forestales de gran porte son grandes aportantes. Desde el punto de vista impositivo lo único que queda es que las plantaciones que van con destino a madera, que tienen rotaciones muy largas de 25 o más años, tienen esquemas tributarios libres de impuestos a las a las ganancias. Nosotros no planteamos subsidios ni nuevas exenciones, sino mejoras que tienen que ver con las reglas de juego o con la necesidad de agilizar trámites y autorizaciones.