El insulto
En una de sus acepciones, el diccionario de la RAE define insulto como "ofender a alguien mediante palabras o acciones para provocarlo e irritarlo"
En una de sus acepciones, el diccionario de la RAE define insulto como "ofender a alguien mediante palabras o acciones para provocarlo e irritarlo". Insultar, obviamente, es una agresión, muchas veces incluso gratuita, contra una persona. En ocasiones, responde también a una forma errónea de respuesta ante el daño recibido por parte de otro. Sea como fuese, sin duda el insulto es siempre manifestación de una ira, de un enojo descontrolado que, con o sin causa, se verbaliza inadecuadamente a través de un ataque directo hacia quien, de modo real o de modo imaginario, ha despertado tal reacción de furia.
No hay insulto bueno, aunque incluso algunas personas buenas se hayan salido de sus casillas y hayan caído en esta lastimosa conducta. Supone finura moral y autocontención enojarse cuando corresponde sin sobrepasar el respeto debido a quien a lo mejor debe ser reprendido severamente. Pero no es lo mismo llamar la atención o retar para corregir que hacerlo para herir. Corregir sin ofender es todo un arte. Implica caridad sin laxitud y rigor sin medias tintas. Al revés, el que insulta no amonesta, sino que genera un conflicto aún mayor. El lenguaje privado y el lenguaje público han de ser particularmente cuidadosos en este sentido. El respeto comienza con las palabras, pues "de la abundancia del corazón habla la boca" (San Lucas 6, 45).