Lunes, 07 de Septiembre de 2026

La relevancia de los primeros mil días

ChileEl Mercurio, Chile 7 de septiembre de 2026

El período desde la concepción hasta el segundo año de vida es crucial. Desde el punto de vista del aprendizaje, en nuestro país hay una deuda pendiente con la implementación del proyecto de ley de sala cuna universal.

Los primeros mil días de vida de un niño -que abarcan desde la concepción hasta su segundo año de vida- constituyen un período crucial que determina su futura condición de salud en todos los ámbitos, sus capacidades neurocognitivas, su capacidad de relacionarse y en especial, su bienestar general. Es sin duda la etapa de mayor plasticidad biológica, en especial del sistema nervioso central y un período de gran crecimiento y desarrollo (Suri, 2025).
Durante los primeros años de vida se establecen millones de conexiones neuronales por segundo, configurando la arquitectura cerebral que sustentará el lenguaje, la memoria, la capacidad de aprender, la regulación emocional y las habilidades sociales, entre otras funciones. La inversión destinada a proteger el desarrollo temprano produce beneficios que se traducen en mejor salud, mayor rendimiento escolar, productividad laboral y menores costos futuros en salud, educación y protección social (Heckman, 2013).
En primer lugar, el embarazo constituye una ventana irrepetible para prevenir enfermedades y favorecer un desarrollo saludable. La adecuada nutrición materna, los controles prenatales, la pesquisa de problemas de salud mental y la prevención del consumo de alcohol, tabaco y otras drogas son intervenciones de enorme impacto. Por otra parte, la nutrición adecuada durante este período y durante los primeros meses de vida es fundamental. La lactancia materna, por ejemplo, aporta nutrientes esenciales y anticuerpos que refuerzan el sistema inmunitario y el desarrollo cognitivo del niño.
Sin embargo, junto a la salud física, el cuidado y protección del entorno socioemocional desempeña un papel fundamental en el crecimiento integral del niño. La familia constituye el primer entorno protector y un espacio de aprendizaje, que se expresan en muestras de cariño, conversaciones, juegos, cuentos leídos y diferentes tipos de estimulación, los que fortalecen circuitos neuronales relacionados con el lenguaje, la atención y el desarrollo socioemocional.
Asimismo, los altos índices de violencia al interior de las familias, el maltrato infantil, el abandono, el estrés persistente o la negligencia a nivel familiar pueden alterar la arquitectura cerebral en una etapa especialmente vulnerable. Así, el afecto, la estabilidad emocional y los vínculos seguros son los determinantes biológicos del desarrollo (Shonkoff & Phillips, 2000).
Desde el punto de vista del aprendizaje, en nuestro país hay una deuda pendiente con la implementación del proyecto de ley de sala cuna universal. Las salas cuna y los jardines infantiles de calidad son espacios muy valiosos donde el lenguaje, la curiosidad y el juego enriquecen la arquitectura cerebral en un período de extraordinaria plasticidad. Existe evidencia científica que revela que una educación inicial de calidad es una de las herramientas más eficaces para reducir desigualdades antes de que estas se traduzcan en brechas escolares, sociales y económicas. Así, una educación temprana tiene la capacidad de disminuir brechas que, de otro modo, podrían acompañar a los niños durante toda su trayectoria escolar secundaria y superior, y, por ende, de su futuro laboral.
En suma, el concepto de los primeros mil días es una verdadera "ventana de oportunidades", que se basa en una amplia evidencia científica que demuestra que las intervenciones tempranas reportan beneficios significativos para el niño, su familia y la sociedad. Las brechas de origen disminuyen al recibir un cuidado integral en el embarazo y en los primeros años cuando la familia entrega apoyo y seguridad. El desarrollo integral en los primeros mil días de vida con todas sus implicancias es un asunto vital para la familia, el sistema de salud y educativo, pero, sobre todo, es una responsabilidad compartida y un gran desafío de toda la sociedad.
"Existe evidencia científica que revela que una educación inicial de calidad es una de las herramientas más eficaces para reducir desigualdades antes de que estas se traduzcan en brechas escolares, sociales y económicas".
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