La conciliación con las colonias
El gobierno británico siguió un camino intransigente que volvió inevitable la guerra de independencia.
El año siguiente del Discurso sobre la tributación en América Burke realiza su segundo intento por encontrar una salida al creciente problema americano en el Discurso sobre la conciliación con las colonias de marzo de 1775. En ese entonces la situación ya iba tomando un cariz violento; sólo un mes después de pronunciado estallarían los primeros enfrentamientos en Concord y Lexington y en junio en Bunker Hill "la primera batalla formal de la revolución. en lo que se convertiría en una larga y sangrienta guerra" como comenta Gordon Wood.
Al comienzo del discurso Burke arriesga un punto de vista poco popular en ese momento en Inglaterra: "La paz implica reconciliación; y, donde ha habido una disputa de fondo, la reconciliación implica de algún modo, siempre, una concesión de una parte o de la otra. En este estado de cosas, no tengo dificultad en afirmar que la propuesta debe originarse en nosotros".
El espíritu norteamericano en que "el amor a la libertad es el rasgo predominante" es un aspecto fundamental que lo lleva a entender que la conciliación es el único camino posible ya que descarta los otros dos: intentar cambiar ese espíritu "que ningún arte humano puede alterar" o el enfrentamiento abierto ya que "no se gobierna a una nación que debe ser permanentemente conquistada".
Desprecia todo el gran debate sobre el derecho a la tributación que "es menos que nada en mi consideración" para enfocarse en el tema central: "La cuestión ahora, sobre toda esta materia acumulada, es si optarán por atenerse a una experiencia provechosa o a una teoría perniciosa; si eligen edificar sobre la imaginación o sobre los hechos".
En su opinión la solución: "Es la paz simple, buscada en su curso natural y en sus querencias habituales. Es la paz buscada en el espíritu de la paz." Deben dejarse de lado las disquisiciones teóricas para restaurar el clima de concordia que existía previo a que el conflicto comenzara a crecer, aceptando la autonomía de las colonias, de sus asambleas. Como apunta Jesse Norman: "Eso significaba la humillación pasajera de acceder a las demandas de los colonos, pero también significaba medidas para restablecer la confianza mutua, ya entonces tan gravemente dañada, y para renovar el interés comercial de América en el Imperio".
Lamentablemente el gobierno británico siguió un camino intransigente que volvió inevitable la guerra de independencia de los Estados Unidos. "La magnanimidad en política no pocas veces es la sabiduría más auténtica; y un gran imperio y mentes pequeñas congenian mal" advirtió Burke proféticamente. Con tono apesadumbrado sobre las perspectivas que se cernían en el horizonte sentenció: "Me queda el consuelo de que, en cada etapa de los asuntos de América, me he opuesto con firmeza a las medidas que han producido la confusión, y que acaso traigan la destrucción de este imperio. Si no puedo dar la paz a mi país, se la doy a mi conciencia".
"La Cámara de los Comunes rechazó su primera resolución por 270 votos contra 78; pero la posteridad votó con Burke". concluye Russell Kirk. El Discurso sobre la conciliación con las colonias es apreciado por varios de los estudiosos de Burke como uno de sus mejores, en que se expone con nitidez un destilado de sabiduría que sobrepasa su tiempo y su contexto, por lo que aún hoy puede leerse con provecho.