Diplomáticos y políticos
Un amigo afirma: diplomáticos son quienes no dicen lo que piensan y políticos son quienes no piensan lo que dicen
Un amigo afirma: diplomáticos son quienes no dicen lo que piensan y políticos son quienes no piensan lo que dicen.
Esta polaridad es sugerente. Más de una guerra se habrá iniciado porque políticos o militares dijeron o hicieron algo que no pensaron. Muchas quizá se habrán evitado por discretos silencios o palabras cautas, elipsis cuidadosas, persuasiones discretas. El arte de Talleyrand o de Franklin no consistió simplemente en ocultación, sino en oportunidad y bonhomía. El disimulo, cuando es bien usado, es herramienta social de convivencia. Porque, como dice Baltasar Gracián, es muy distinto mentir que decir mentiras.
Esta polaridad no tiene solamente aplicación en las altas esferas del poder. Es una dimensión de la vida social. Y como toda práctica social, puede profesionalizarse. Porque a hablar, como a actuar, debe aprenderse y practicarse. Las personalidades políticas hablan sin pensar, impulsadas solo por el deseo de obtener resultados para sí o sus causas. Las personalidades diplomáticas callan cuando deben hacerlo y quizá recuerden ese viejo proverbio árabe que dice "eres amo de tus silencios pero esclavo de tus palabras".
Critilo observa que sobran las moralejas.