La guerra de drones ya llegó a Colombia
Víctor Muñoz
El ataque contra una guarnición militar en Ocaña, ejecutado con un enjambre de drones cargados con explosivos, confirma que Colombia entró en una nueva fase del terrorismo
Víctor Muñoz
El ataque contra una guarnición militar en Ocaña, ejecutado con un enjambre de drones cargados con explosivos, confirma que Colombia entró en una nueva fase del terrorismo. Estos ataques aumentaron un 146% entre enero y mayo de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, según la Defensoría del Pueblo. En 2026, la amenaza se extendió por Cauca, Chocó, Caquetá, Catatumbo, Huila, Nariño y Norte de Santander, alcanzando escuelas y población civil. La tecnología que sirve al progreso también está siendo utilizada para escalar la violencia. Un dron de bajo costo puede vigilar tropas, hostigar una base o destruir infraestructura que vale millones. La administración del presidente De La Espriella cuenta con excelentes relaciones con Estados Unidos, Israel y países europeos con capacidades probadas en materia de drones. Es imperativo aprovechar esa cooperación internacional para facilitar la transferencia tecnológica, el entrenamiento y el intercambio de inteligencia. Esto no se resuelve simplemente adquiriendo inhibidores de señal. Como se ha visto en Ucrania, los nuevos drones FPV despliegan kilómetros de fibra óptica para mantener el control y transmitir video sin utilizar radiofrecuencia. Por eso no pueden neutralizarse mediante interferencia electrónica convencional. Surgen otras respuestas: mallas, mecanismos para cortar el cable, drones interceptores, sistemas automatizados de detección e intercepción y soluciones experimentales con láser. Ninguna funciona por sí sola. El láser puede cortar la fibra o afectar el dron, pero exige precisión y pierde eficacia con lluvia, niebla, humo o vegetación. Colombia necesita una arquitectura nacional contra drones. Primero, un mando conjunto que integre Fuerzas Militares, Policía, inteligencia, Aerocivil, ANE y operadores de telecomunicaciones. Segundo, una defensa por capas: radares, sensores acústicos y térmicos, cámaras, inteligencia de radiofrecuencia, barreras físicas e interceptores. Debe responder a drones controlados por radio, fibra óptica, navegación satelital o sistemas autónomos con IA. Tercero, proteger según el riesgo. Bases y estaciones de Policía son prioridad, pero también aeropuertos, refinerías, oleoductos, subestaciones eléctricas, centros de datos y cárceles. Cada instalación crítica requiere protocolos y redundancia. Cuarto, Contratación pública. Los sistemas deben ser abiertos, interoperables y actualizables localmente. Colombia puede importar componentes, pero debe controlar el software, los datos y las comunicaciones cifradas. Depender de aliados para lo reemplazable, nunca para aquello que puede ser apagado. Universidades, startups y empresas nacionales deben desarrollar sensores, analítica con IA y sistemas adaptados a nuestra geografía, utilizando sandboxes con reglas claras. Esta guerra no se ganará comprando más drones, sino conectando inteligencia, tecnología, doctrina y velocidad de respuesta. No es una amenaza futura. La guerra de drones ya está aquí.
Emprendedor, investigador, analista.