Jueves, 10 de Septiembre de 2026

Entre el duelo y las ruinas: Un mes después del terremoto

ColombiaEl Tiempo, Colombia 10 de septiembre de 2026

El terremoto del 10 de agosto no terminó cuando dejó de moverse la tierra

El terremoto del 10 de agosto no terminó cuando dejó de moverse la tierra. Para miles de familias, ese momento apenas marcó el comienzo de otro proceso: descubrir cuánto daño tenía su vivienda, saber si podían volver a entrar, sacar las pertenencias que quedaron adentro, encontrar un lugar temporal para vivir y, en los casos más graves, empezar a pensar cómo volver a construir una casa que tardaron años en conseguir o incluso hacerlo sin los seres queridos que lo habitaban. El evento de magnitud 7,4, ocurrido a las 7:34 de la mañana en San José del Palmar, Chocó, dejó daños en distintos puntos del occidente del país. El movimiento fue catalogado por el Servicio Geológico Colombiano como el más fuerte registrado en el país en lo corrido del siglo XXI. Con el paso de los días, el balance de la emergencia fue creciendo y la discusión dejó de estar concentrada únicamente en el rescate de personas. La vivienda comenzó a convertirse en uno de los principales problemas de la etapa posterior al desastre. Reportes oficiales de Fasecolda registraron más de 35.000 viviendas destruidas y más de 180.000 con diferentes niveles de afectación. Las cifras permiten dimensionar la magnitud del golpe. Las 35.000 viviendas destruidas representan, en términos aproximados, un volumen de construcción equivalente a lo que se produce en Bogotá durante un año, mientras que las más de 180.000 viviendas afectadas se acercan al volumen de viviendas que se construyen en todo el país durante ese mismo periodo. Sin embargo, el impacto de perder una vivienda no puede medirse únicamente por el número de metros cuadrados que desaparecieron. Para una familia no solo dejaron de tener los muebles soñados, los documentos necesarios, las fotografías con sus recuerdos más preciados, sino las historias de varias generaciones, los proyectos familiares y los planes que parecían pensados para durar mucho más que una vida. Uno de los casos más dolorosos que dejó este suceso fue el del periodista José Fernando Patiño. Su padre, Darío Patiño Rivera, de 78 años, murió en el colapso de su apartamento en Cali. También está Anthony Roldán, cuya familia perdió la casa que su padre había construido hacía 31 años. La vivienda había sido levantada poco a poco y se había convertido en el patrimonio de varias personas. Así mismo, Darlyn Asprilla perdió por completo la vivienda que había pertenecido a su abuela. Aquella casa había sido construida durante años con el trabajo informal de una mujer. Y Viviana Gil, quien llevaba 17 años en el apartamento de Dosquebradas donde vivía con su hijo, Jerónimo. En enero de este año, después de 15 años de cuotas, Viviana y su esposo terminaron de pagar el crédito hipotecario.
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