Wimpi en el ayer y el hoy del tipo
Por mejorar el servicio, le graban la llamada. Le imponen cinturón de seguridad, y el alcohol cero.
Anteayer se cumplieron 70 años de la muerte de Wimpi, Arthur Núñez García
Fue periodista en El Imparcial y El Plata. Se consagró como humorista en sus libretos para Radio Carve. Triunfó como charlista y escritor que enseñaba a reflexionar. Juntó lo popular y lo culto en una amalgama preñada de esperanzas.
Convencido de que "la vida no es siempre alegre ni siempre trágica pero siempre es seria", libró una lucha filosófica por la persona, que él llamaba el tipo. El 9 de setiembre de 1956 murió. Sus restos regresaron a su Uruguay natal, los velaron en el Puerto y los sepultaron en La Teja.
Al Uruguay por unas razones y a la Argentina por otras, les hace falta hoy una prédica que se yerga hacia valores superiores. En ambas orillas del Plata tenemos problemas del sentir y el pensar mucho más acuciantes que lo que nos damos cuenta, porque nos falla la doctrina de la persona. Por eso, está vigente la mirada de Wimpi, a pesar de todo lo que cambió el tipo.
Aquel sufría las ansiedades de la privacidad y la libertad. Educaba a los hijos con docentes respetados que los impulsaban a distinguirse por sus talentos y virtudes. La ambición y angustia de la adolescencia se resolvía sin pasta base y sin justificación psico-social de las responsabilidades .
En cambio, el tipo actual tiene la intimidad invadida y la libertad espiada. A pretexto de cuidarlo, lo filman. Por mejorar el servicio, le graban la llamada. Le imponen cinturón de seguridad, alcohol cero, se ve obligado a hablar con máquinas. Los servicios todo lo impersonalizan, mientras fingen sonreír en la "atención personalizada".
El tipo que reflejaba Wimpi tenía una ternura comprensiva ante la imperfección ajena y propia. En cambio, el tipo de hoy, pasa de largo ante el otro. Abrevia hasta los velatorios. No se detiene en el yo ajeno. Tampoco en el propio. No se da tiempo para reír jugueteando con semejanzas ni para llorar las atrocidades nuestras de cada día. Acepta resignado cuando en el Ministerio le cierran la entrada y lo mandan a escribir por computadora lo que él necesita decir cara a cara.
Un Estado supuestamente socialista, enancado en un capitalismo supuestamente liberal, le arrebata lonjas a la persona que, reducida a número PIN, se jibariza para adaptarse.
Pero la adaptación pasiva es lo contrario del hombre. Wimpi lo enseñó luminosamente. "Había hace mil millones de años, una colonia de gusanos cuyos individuos estaban adaptados a su medio. Podían considerar asegurados su mantenimiento y su conservación. La adaptación, empero, no les bastó. "La evolución, antes bien -"inestabilidad creadora"- fue el criterio que inauguró la libertad sobre la Tierra; que permitió avanzar al pequeño latido elemental de la primera vida, a través de una espesura de monstruos.
"Aferrados al medio, los adaptados fueron quedando atrás. Por fortuna, en aquella colonia reptante apareció un gusano rebelde. Se sintió incómodo en el sitio que a los otros les satisfacía, y se apartó de ellos. Lo dejaron solo. Era el gusano loco. "De él -fundador de la libertad sobre la Tierra- se valió la Naturaleza para culminar su obra en la gracia del sentimiento y el milagro de la idea." ¡Y es en ese camino de libertad creadora que hoy, 2026, los incómodos y rebeldes estamos llamados a impulsar el Risorgimento cultural que necesitan, a la vez, el tipo y la República!