Alerta que Alemania no puede ignorar
Rafael Herz
La victoria de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt, estado de la antigua República Democrática Alemana que hacía parte del bloque soviético, no es simplemente un resultado regional
Rafael Herz
La victoria de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones de Sajonia-Anhalt, estado de la antigua República Democrática Alemana que hacía parte del bloque soviético, no es simplemente un resultado regional. Es una señal de alarma para Alemania y, por extensión, para Europa. Con el 43,8% de los votos, la AfD ha protagonizado una victoria histórica, aunque no alcanzó la mayoría absoluta que le habría permitido gobernar sin alianzas. Y lo que lo hace aún más relevante es que haya ocurrido en un país donde hace menos de un siglo el movimiento fascista sacudió la paz en Europa y mató a millones de personas con base en odio y rencor. ¿De dónde surge este éxito? Sería un error explicarlo únicamente por la xenofobia o el radicalismo de una parte del electorado. La AfD ha sabido convertir frustraciones reales en una oferta política sencilla, que implica menos inmigración, mayor seguridad, defensa de una identidad nacional fuerte y rechazo de la élite política. A ello se suma el malestar económico y la percepción de que los partidos tradicionales no ofrecen respuestas convincentes. La elevada participación, cercana al 78%, indica además que la AfD no solo movilizó también a ciudadanos anteriormente poco inclinados a votar. Pero comprender las razones de un voto no significa justificar las propuestas. La AfD ha defendido posiciones radicales sobre integración de los inmigrantes legales además de su rechazo por la inmigración ilegal, y, en política exterior, busca una estrecha relación con Rusia, admirando la autocracia. La rama regional del partido de Sajonia-Anhalt es considerada extremista por los servicios de inteligencia alemanes. La derrota de la CDU, el partido tradicional de derecha y del que proviene el actual canciller Merz, es igualmente significativa. Su desplome, hasta el 17,2%, demuestra que intentar competir con la AfD endureciendo el discurso migratorio no necesariamente devuelve los votos perdidos. Por el contrario, puede contribuir a desplazar hacia la derecha el centro de gravedad del debate. La gran incógnita es qué ocurrirá con la llamada "Brandmauer", el acuerdo que ha impedido a los partidos convencionales cooperar con la AfD. Si ese muro comienza a resquebrajarse, incluso mediante apoyos indirectos, la victoria de Sajonia-Anhalt podría convertirse en un precedente nacional. La AfD ya interpreta el resultado como un paso hacia las elecciones federales de 2029 y convertirse en partido de gobierno y no de solo de oposición. Alemania entra en una etapa de mayor polarización, mientras los partidos tradicionales enfrentan una pregunta incómoda que implica cómo recuperar a los ciudadanos desencantados sin adoptar el discurso de quienes cuestionan algunos de los fundamentos del orden democrático liberal. La respuesta no puede ser ignorar a casi la mitad del electorado ni demonizar sus preocupaciones. Pero tampoco puede consistir en aceptar como normal aquello que amenaza las reglas democráticas y los valores básicos de Occidente. La lección de Sajonia-Anhalt es contundente. Cuando los partidos tradicionales dejan vacíos políticos, alguien termina ocupándolos. Y esta vez lo ha hecho la AfD con un discurso radical, excluyente y muy peligroso.
Analista Internacional.