Domingo, 13 de Septiembre de 2026

Tesis

UruguayEl País, Uruguay 13 de septiembre de 2026

El Partido Nacional alcanzó el poder, en 1958, pero no lo pudo mantener por mucho tiempo, enfrentado a lo que fue una suerte de fin de época.

Durante muchas décadas, el Partido Colorado fue, en el Uruguay, prácticamente hegemónico, ejerciendo el poder de forma casi constante y haciendo un uso "iintensivo" de él.

Con el llamado Primer Batllismo, período fuertemente marcado por la personalidad y el pensamiento de José Batlle y Ordoñez, el Partido Colorado, si bien no llegó a absorber a la izquierda, le quitó el viento de sus banderas, debilitando el vigor de sus ideologías (era la época de anarquistas y socialistas, principalmente).

El sistema funcionó bien mientras el batllismo gozó del vigor de su juventud ideológica y del poder de un Estado todavía con poco desgaste, al que usó muy eficazmente, tanto en materia social, como en materia política.

Durante ese período, el Partido Nacional sobrevivió en el llano, con períodos cortos de acceso parcial al poder y la izquierda mantuvo, con dificultad y divisiones, un núcleo de poder acotado más al mundo sindical que al político.

Para fines de los '50 el Estado uruguayo ya no producía efectos importantes, ni económicos, ni sociales, (políticos, todavía sí) y el batllismo había agotado sus ánimos reformistas (lo que sus detractores llamaban el "inquietismo"), sin que el Partido Colorado encontrara nuevas banderas o el vigor de alguna raíz histórica.

El Partido Nacional, por su parte, alcanzó el poder, en 1958, pero no lo pudo mantener por mucho tiempo, enfrentado a lo que fue una suerte de fin de época: una realidad que ya no reaccionaba a las viejas formas e ideas del pasado.

Las ideas fuerza y las tradiciones que alimentaban al partido en el llano, no funcionaban con igual eficacia en el poder y el Estado ya no daba más jugo (aun suponiendo que el Partido Nacional tuviera la afinidad como para usarlo). También es cierto que persistía en la población una cierta resistencia cultural al cambio, que no aceptó las propuestas reformistas de los blancos.

Tampoco el Partido Colorado, vuelto al poder a mediados de los '60, revivió la combinación de un ideario lanzado con el manejo efectivo del Estado.

Para 1971, la izquierda todavía fragmentada, pero creciendo y con un espacio ideológico - cultural mucho más despejado (por la retracción del batllismo), dio el paso trascendental de priorizar la obtención del poder por encima de la puja por el predominio ideológico.

Nace el Frente Amplio, que no paró de crecer electoralmente hasta el 2019.

Después vinieron los años oscuros de la dictadura.

Retomada la Democracia en 1985, el Partido Colorado arranca tranquilizando al electorado, preso de temores e incertidumbres al salir de un período descolocador, pero sin seducirlo y luego entra en un proceso de vaciamiento, a manos, sobre todo, de la izquierda, que, al arriar mayoritariamente sus banderas más ideológicas, termina quedándose con las del batllismo (una suerte de revancha de lo sufrido a manos de Don Pepe).

El Partido Nacional, por su parte, robustece su contenido emocional, dando una demostración excepcionalísima de capacidad para superar la ausencia de poder, pero no alcanza a configurar un perfil ideológico que sea, a la vez, nítido y atractivo en sí. Las convicciones reformistas no prenden por igual en todo su electorado.

Los potenciales efectos instrumentales de ejercer el poder serán, para ambos partidos fundacionales, muy magros, con la realidad de un Estado desgastado, que se desliza en una pendiente de rendimientos decrecientes.

De los tres, hasta hoy, es la izquierda la que conserva un núcleo consistente de apoyos, que decantan en lo cultural más que en lo ideológico.

A la vez, durante sus largos años en el gobierno, el Frente ha conseguido permear al Estado como lo hacía el batllismo tradicional. Con ello no escapa al desgaste que produce el tratar de manejar un Estado ineficiente en medio de una tibia realidad económica.

Por otra parte, en su largo proceso de crecimiento electoral, el Frente ha ido perdiendo sus equilibrios internos, llegando, por primera vez a una realidad de predominio sectorial, que nunca había tenido.

La gran pregunta es, ¿cómo seguirán estas líneas, trazadas hacia el futuro?
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