Esperando el crecimiento económico en Uruguay
Es difícil explicar por qué debería crecer la economía uruguaya si no cambia la combinación de políticas macroeconómicas -fiscal y monetaria- y la política salarial que se implementan en un contexto de flotación cambiaria como el actual.
La evidencia muestra que nuestra economía crece poco, por debajo de lo que el gobierno había estimado para los dos años iniciales de su gestión. La nueva estimación gubernamental para 2016 apunta a un nuevo comportamiento de la producción local (PIB) menos favorable aún. El país no crece y no es por las ocasionales menciones a la situación en Medio Oriente, sus efectos sobre la pronunciada suba del precio del petróleo y sobre el bajo crecimiento mundial y regional.
Es difícil explicar por qué debería crecer la economía uruguaya si no cambia la combinación de políticas macroeconómicas fiscal y monetaria y la política salarial que se implementan en un contexto de flotación cambiaria como el actual. Todas resultan en efectos contractivos de la actividad y no se modificarán en el corto plazo por lo que se podría concluir que el bajo crecimiento de la economía continuará a la espera de cambios regionales y del resto del mundo que puedan empujar su expansión.
Desde el exterior siguen favoreciendo a nuestro país, el bajo nivel de las tasas de interés relevantes a nivel global y los precios de algunos productos del agro, pero poco más. Bajas tasas de interés explican un contexto financiero que permite, con crédito externo y local, cubrir el exceso de gastos del sector público. Si las tasas de interés referidas fueran más altas, se plantearía un obstáculo importante para financiar el negativo resultado fiscal que persiste y nos acosa por la continuidad de aumentos de tributos que se deberían pagar. Asimismo, porque tasas de interés bajas desestimulan el ahorro y estimulan al consumo privado que evita, tributariamente a un mayor déficit fiscal. Y siendo bajas las tasas de interés, tampoco la inversión se ve empujada a declinar más de su bajo nivel actual para superar la que ocurre solo para restituir la que se amortiza.
Política fiscal
La política fiscal tiene una estructura tributaria que mezcla impuestos de naturaleza indirecta IVA, Imesi con otros de naturaleza directa IRPF, IASS, Patrimonio, Primaria que además, en el caso de algunos de ellos, duplica bases imponibles y, en otros implican gravar lo que ya se había gravado. La recaudación de esos impuestos, tanto los personales como los empresariales, disminuyen el ingreso disponible de esos contribuyentes para gastar en consumo y en inversión, las formas de aplicación de sus ingresos. Ese castigo a la demanda global privada reduce la producción y al empleo.
Se podría argumentar que la alta y creciente presión fiscal sobre el sector privado vía impuestos, tarifas y otras medidas de efectos equivalentes permite un gasto público con fines redistributivos que tienen efectos multiplicadores sobre la economía iguales a los que tendrían los mismo recursos si se mantuvieran en el sector privado. Pero ese argumento se debe probar con resultados distintos a los actuales y que llevan, continuamente, a aumentos tributarios o del crédito con el mismo argumento de la solidaria redistribución. El gasto privado es más expansivo de la economía que el gasto público redistributivo. En primer lugar, porque la recaudación tiene un costo insoslayable: el de los recursos que quedan en aquella parte de la intermediación que no llega al objetivo principal por ejemplo, mejorar el bienestar de la infancia y nada aporta al crecimiento económico ni actual ni futuro. Declarar impuestos, liquidarlos y pagarlos exige recursos pecuniarios que son explícitos pero también otros, como el tiempo que se usa para cumplir con todos esas obligaciones y que se quitan a otras actividades productivas o al propio ocio.
En segundo lugar porque tampoco es de manera alguna reproductivo un gasto público que refleja más los objetivos y la intención del gasto de unos pocos en cualquier gobierno que el de los muchos que le financian. Éstos, con su gasto, le darían al país, la verdadera estructura productiva que debe tener y no la que a la administración de turno, discrecionalmente, se le ocurra.
Política monetaria
Tampoco la política monetaria se enfoca enteramente en el mejoramiento de la actividad económica. Es contractiva para atacar el problema inflacionario a través de dos vías con efectos deprimentes de la actividad económica. La primera de esas vías es el propio nivel de la tasa de interés nominal respecto a la inflación. En la medida en que supera al ritmo inflacionario de modo de abatirlo, reduce el gasto en consumo y en inversión e induce un mayor ahorro para limitar la emisión monetaria, lo que se refleja en la actividad económica. La segunda vía es por la atracción que genera una tasa de interés local por encima de la internacional. Ese diferencial de tasas de interés en favor de la local genera ingreso de capitales financieros o desdolarización especulativa que, simultáneamente, con un sistema cambiario de flotación de la moneda, aumenta el valor del peso y deprime al del dólar. El resultado es menor inflación pero con menor competitividad para los exportables y para las empresas locales sustitutivas de importaciones.
En ambos casos, los efectos sobre el nivel de actividad son adversos
La política salarial también impone presiones bajistas sobre el nivel de actividad, contrariamente a lo que se alega desde varios ámbitos, en particular desde el laboral sindical. La fijación de pautas de aumento salarial por parte del gobierno central puede ser adecuada para algunas circunstancias pero lo que hoy se observa es que el empleo no crece marcando un desajuste entre lo que debería ser el salario determinado por libertad en oferta y demanda y lo que las pautas dan lugar a que sea.
Como mencionaba al principio, es difícil pensar en una recuperación económica con la actual mezcla de políticas que hoy se manejan.