El poder es prestado3080 caract mi ta demus Catuidem di ctuideont Doluptur
Por Inés Templepresidenta De Lhh Dbm Perú Y Lhh Chile
Estoy convencida de que uno de los principales retos de quienes ostentan cargos con poder es tener muy claro que el poder no es inherente a ellos, sino al cargo o a la función que cumplen
Por Inés Templepresidenta De Lhh Dbm Perú Y Lhh Chile
Estoy convencida de que uno de los principales retos de quienes ostentan cargos con poder es tener muy claro que el poder no es inherente a ellos, sino al cargo o a la función que cumplen. Las manifestaciones externas del poder confunden y seducen a muchos, al punto de hacerlos olvidar que toda posición es pasajera, que tiene un comienzo y un fin. Aquí repaso ideas al respecto.1. El poder tiende a generar arrogancia: muchos sienten que el poder de hoy les garantiza el de mañana. Dejan de aprender, descuidan el desarrollo de su perfil profesional y su red de confianza, asumiendo que ese poder les durará para siempre. Les pasa por igual a ejecutivos, profesionales, empleados públicos o privados y políticos, por supuesto.2. Algunos olvidan rápidamente que el poder no es sino un medio para cumplir una misión, servir un propósito definido o, idealmente, un fin mayor. No es un privilegio para disfrutar en beneficio propio.3. Otros adoptan conductas arrogantes, incluso faltando el respeto a quienes los rodean o a quienes tienen mucho más mérito que ellos, dañando así no solo los resultados esperados del cargo, sino también su propia efectividad y su reputación.4. Quienes tienen un cargo que les confiere algún tipo de poder corren el riesgo de confundir su valor profesional ?y hasta su identidad personal?, con el valor o prestigio que les trae su cargo o ese poder temporal que se acaba con el cargo.5. La vanidad que puede traer el poder hace que muchos se acostumbren a escuchar solo a quienes les dicen lo que quieren escuchar. Y cuando dejamos de escuchar a quienes se atreven a contradecirnos, empezamos también a perder contacto con la realidad y con los objetivos de la responsabilidad recibida.6. No es nada positivo olvidar a los amigos de siempre, dejar de devolver llamadas o contestar correos, o de ayudar desinteresadamente cuando se puede. Quizá una buena medida de nuestro carácter sea cómo tratamos a quienes no necesitamos y no pueden darnos nada a cambio, o debemos dejar ir, por ejemplo.7. Cuando el poder nos hace sentir por encima del resto en conocimientos, experiencia o calidad de nuestras decisiones, la arrogancia, el ego y la falta de humildad terminan inutilizando el criterio y el sentido común.8. El poder aísla, muchas veces incomunica, y puede hasta insensibilizar ante el dolor ajeno. Eso daña a quienes están a nuestro alrededor y nuestras relaciones con ellos, que podrían esperar nuestra caída para cobrarse las ofensas o descuidos recibidos.9. El gran reto de quienes ostentan poder es mantenerse lúcidos sobre la necesidad de desarrollar permanentemente su perfil profesional para no perder vigencia ni relevancia. Y ojalá tener la madurez para vigilar sus actitudes y comportamientos hacia los demás y cuidar así la calidad y calidez de sus relaciones.10. Quizá la mejor manera de ejercer el poder sea no olvidar nunca que es prestado y pasajero. Mantener una actitud de aprendiz, servir con sencillez y actuar con integridad, decencia y coherencia ayuda a no perder aquello que vale mucho más que cualquier cargo: la credibilidad y la confianza de los demás.