Estado benefactor: el fin de una ficción
EL HISTORIADOR NIALL FERGUSON HA RECORDADO QUE TODA GRAN POTENCIA QUE GASTA MÁS EN SERVIR SU DEUDA QUE EN SU DEFENSA DEJA DE SER GRAN POTENCIA".
Es curioso que tanta gente seria haya apoyado alguna vez la idea del Estado benefactor, esto es, que se puede vivir a expensas de otros para siempre. Por supuesto, se trata de una ilusión confortable y políticamente rentable, pero de desenlace dramático. Las cifras son elocuentes.
Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), Estados Unidos cerrará 2026 con un déficit de 1,9 billones de dólares, equivalente a 5,8% del PIB, en plena paz y sin recesión. La deuda ya alcanza el 101% del PIB y llegará al 120% en 2036. Europa no está mejor: Francia arrastra una deuda cercana al 118% del PIB e Italia roza el 139%, con déficits crónicos que ningún gobierno se atreve a corregir. Japón es el caso más extremo: con una deuda cercana al 235% del PIB y tasas de sus bonos a diez años en torno al 3%, su nivel más alto en treinta años, enfrenta el riesgo de una crisis financiera tan seria que en agosto el Tesoro de Estados Unidos intervino junto a Tokio para sostener el yen, la primera operación conjunta desde 1998, ante el temor de que el gobierno japonés, mayor acreedor extranjero de Washington con más de 1,1 billones de dólares en bonos del Tesoro, comenzara a venderlos para defender su moneda y disparara así las tasas de interés estadounidenses.
Ahora bien, según el mito popular, el dinero que gasta Estados Unidos se va en guerras y rescates a banqueros. En realidad, se va en gasto social. En Estados Unidos, el gasto obligatorio (pensiones, Medicare, Medicaid y transferencias varias) representará el 61% de todo el gasto federal en la próxima década. El síntoma más alarmante de la crisis por venir es que Washington pagará este año cerca de un billón de dólares - trillion en inglés- solo en intereses de su deuda, contra US$ 885 mil millones en defensa.
El historiador Niall Ferguson ha recordado que toda gran potencia que gasta más en servir su deuda que en su defensa deja de ser gran potencia; así ocurrió con la España de los Habsburgo, la Francia del Antiguo Régimen y el Imperio británico. Los intereses ya son la tercera partida del presupuesto federal, equivalen al 3,2% del PIB (récord de posguerra) y se duplicarán hasta 2,1 billones en 2036. Cuando casi uno de cada cinco dólares recaudados se destina a pagar intereses, la crisis de deuda deja de ser una hipótesis y se convierte en una certeza.
Nada de esto habría sido posible, por supuesto, sin la complicidad de los bancos centrales. Bajo un patrón monetario sólido como el oro, un gobierno irresponsable enfrenta pronto el límite de sus acreedores. Bajo el dinero fiat, ese límite desaparece, porque el banco central crea dinero de la nada y compra la deuda que el mercado no absorbería a esas tasas. La Reserva Federal multiplicó su balance de 900 mil millones de dólares en 2008 a casi 9 billones en 2022. El BCE acumuló billones de euros en bonos de gobiernos que, sin ese comprador, habrían debido ajustarse hace años.
Alemania ilustra otra dimensión del problema. El país de la disciplina fiscal ha abandonado su freno de deuda para endeudarse en cientos de miles de millones, mientras sostiene un sistema de transferencias que crece sin relación con la economía. El Bürgergeld, recién reemplazado por un esquema más estricto, costó más de 50 mil millones de euros en 2025, y el 47% de sus más de 5 millones de beneficiarios eran extranjeros, sobre todo sirios, ucranianos, afganos e iraquíes. Una clara muestra de empatía suicida que se ve en casi todo occidente.
En Estados Unidos, según el último desglose de la Oficina del Censo, de 2012, el 41,6% de la población negra, el 36,4% de la hispana, el 17,8% de la asiática y el 13,2% de la blanca no hispana participaba en programas sociales en un mes promedio. Los ingresos medianos por hogar siguen el orden inverso: 121.700 dólares en los hogares asiáticos, 92.500 en los blancos no hispanos, 71.000 en los hispanos y 56.000 en los negros. Con un impuesto a la renta donde el 5% superior paga cerca del 60% de la recaudación, unos grupos son en promedio aportantes netos y otros receptores netos.
Como decía Frederic Bastiat en el siglo 19, el Estado es esa gran ficción en virtud de la cual todo el mundo busca vivir a expensas de todos los demás. Además, advirtió que esa ficción siempre terminaría mal. Vaya que tenía razón.