La agenda con USA
En estas primeras semanas, el Gobierno les ha dado toda la importancia que merecen a nuestras relaciones con Estados Unidos, descompuestas durante los cuatro años anteriores
En estas primeras semanas, el Gobierno les ha dado toda la importancia que merecen a nuestras relaciones con Estados Unidos, descompuestas durante los cuatro años anteriores. A estas alturas, su normalización es evidente. La descertificación en la lucha antidrogas es una clara herencia del gobierno Petro que no empaña la prolongada luna de miel que tendremos entre nuestros dos países, lo que no significa, necesariamente, que podamos ver en el corto plazo prolíficos dividendos de esta nueva época. A nuestra nueva embajadora le corresponde el reto de hacer realidad todos los apoyos anunciados por el secretario de Estado Marco Rubio en su reciente visita a nuestro país. Hay voluntad política en EE. UU., pero sus actuales limitaciones presupuestales, en medio de una guerra que se prolonga, dejan un espacio limitado para que las ayudas que necesitamos puedan tener la envergadura del Plan Colombia que logró Andrés Pastrana. Aun en medio de estas circunstancias, la excanciller deberá movilizar en nuestro favor la compleja burocracia americana, teniendo presente que muy poco podrá lograr si no se consolida una sólida y fluida conversación con los dos partidos gringos. Un sabio y prudente equilibrio de relacionamiento, pasa por entender que los demócratas también son amigos de Colombia y que nuestras relaciones no pueden construirse, por afinidades ideológicas, solamente con el Partido Republicano. Si bien este preside el Gobierno y goza de las mayorías del poderoso Congreso americano, existe la probabilidad de que en noviembre el Partido Demócrata mejore su representación relativa. Y para obtener leyes a nuestro favor, los necesitaremos a ambos. De hecho, la realidad de una representación diplomática acéfala en Colombia, que para nada nos conviene, es producto de los desencuentros bipartidistas en EE. UU. Necesitamos un embajador en propiedad que ayude a impulsar las relaciones bilaterales, pero el último embajador en propiedad fue el entrañable y dinámico diplomático Kevin Whitaker, quien cesó en funciones en agosto del 2019. Desde entonces las relaciones han quedado en manos de interinos. En su segundo mandato, Trump ha intentado corregir la situación, sin poder lograrlo. Su última designación, la del empresario y exsenador Nate Morris, está sometida a un plan tortuga de homologación, junto con otras doce postulaciones diplomáticas, impuesto por los congresistas demócratas. Una de las prioridades de la agenda con EE. UU., si no la más importante hoy, debe ser la obtención de un régimen de aranceles preferencial. Se trata de una audaz iniciativa del Tigre, con ocasión del terremoto, que fue bien recibida por Trump, pese a su decisión de imponer un arancel común a toda la región. Este beneficio reanimaría nuestras exportaciones en la coyuntura revaluacionista que vivimos y ayudaría a salvar miles de empleos y a muchas empresas. Sería una pena que este proyecto empiece a hacer cola en los escritorios de Washington, que a partir de este mes entran en modo campaña. También vemos espacio para obtener victorias tempranas en la lucha contra la corrupción y, en particular, para que la justicia condene las irregularidades y la robadera del cuatrienio anterior, propósito en el que han coincidido públicamente los dos gobiernos. Para ello es mucho lo que puede ayudar el general Barrera, muy apreciado por las agencias americanas. No es una coincidencia que la delegación a la posesión de Abelardo De La Espriella haya sido encabezada por el attorney general de EE. UU., Todd Blanche. Poderoso mensaje y poderosa oportunidad para movilizar la cooperación del Departamento de Justicia. Por ejemplo, hay que indagar por los indictment que cursan en la fiscalía del distrito sur del estado de Nueva York, justo cuando ha trascendido que algunos de ellos se han desacelerado, como producto de acuerdos de colaboración en curso. La carismática embajadora Araújo deberá tramitar también las ayudas ofrecidas para consolidar la seguridad nacional, en equipos e inteligencia, y —además— alentar nuevas inversiones. Toda una agenda llena de desafíos. Taponazo. Orgullo patrio el que se siente al ver a Madrid tomada por Shakira, como embajadora de nuestra cultura, acompañada por el Carnaval de Barranquilla.
La nueva realidad
Néstor Humberto Martínez Neira
Nuestra nueva embajadora tiene el reto de hacer realidad todos los apoyos anunciados por el secretario de Estado Marco Rubio en su reciente visita a nuestro país.