Lunes, 21 de Septiembre de 2026

"Más del 80 por ciento de los mayores de 75 están en condiciones de trabajar"

ChileEl Mercurio, Chile 21 de septiembre de 2026

Conocido como el "Panzer" en sus tiempos de ministro, el exsenador sigue muy activo en temas de política a un nivel académico. Aquí hace un repaso por momentos clave de su vida y las reflexiones que le dejaron.

E sta entrevista debió realizarse en tres sesiones, porque José Miguel Insulza es un hombre con la agenda llena. En ese lapso, lo llamaron de radios para entrevistas, lanzó un libro en la Biblioteca del Congreso y, el mismo día, tuvo que volar a la celebración de los 90 años del colegio Saint George, donde fue homenajeado junto a otros 89 exalumnos. La semana pasada participó en el Consejo de Excancilleres, convocado por el ministro Pérez Mackenna.
Hasta marzo, ejerció como senador. Hoy, a los 83 años, dice estar "semiretirado", pero los hechos muestran que está lejos de eso. Entró al directorio de Azul Azul, sociedad que gestiona el club de sus amores, Universidad de Chile, donde afirma que se entretiene y que va a seguir, pese a los problemas. "Es cierto que en el caso Sartor se cometieron graves tropelías, pero no hay una sola que sea imputable a la administración de Azul Azul", dice, y agrega que están en números azules.
Entre otras cosas, cuenta, está preparando un diplomado sobre Estado y Democracia en América Latina, que llevará su nombre, con académicos del continente. También prepara una conferencia sobre la Carta Democrática Interamericana, que ofrecerá en la Universidad del Alba, en La Serena, y está feliz con esta invitación porque pocos se acuerdan, dice, que hace 25 años, el mismo día del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, se firmó en Lima, Perú, este documento que "consagra la democracia como única forma posible de gobierno en América". Él, como ministro del Interior y vicepresidente de la República, la firmó ese día de 2001 en representación de Chile, pues el entonces Presidente Ricardo Lagos se encontraba de gira en Europa.
La Carta Democrática Interamericana fue el eje de su desempeño como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), cargo que ejerció en dos periodos consecutivos, entre 2005 y 2015. Una etapa que es relatada con todo detalle en el libro que acaba de lanzar, "La democracia del consenso", un diálogo que sostiene con los senadores Francisco Chahuan y Jaime Quintana -editado por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad de Chile- y cuyo título refleja la forma de hacer política en la que cree.
Por décadas, fue apodado como el "Panzer"; pero en muchos de los episodios políticos que protagonizó es recordado por intentar buscar el consenso. "Soy peleador, pero tiendo a buscar las razones que la gente tiene para hacer o decir algo", aclara.
Insulza entró a estudiar Derecho en la Universidad de Chile al igual que su papá y su único hermano, que era un año y tres meses mayor que él. Llamado Agustín, como el padre, el hermano falleció días antes de cumplir los 60 años. No alcanzó a conocer a sus nietos y, por eso, José Miguel los considera como propios. En total, suma ocho nietas y un nieto.
En la Escuela de Derecho, en 1961, entró a la política, tras conocer al entonces presidente de la Fech Marco Antonio Rocca y, como él, entró a militar en la JDC. Llegó a ser vicepresidente de la Fech y presidente del Centro de Alumnos de Derecho. Después de eso, cuenta, se retiró de la política porque se quería casar con su polola de entonces, Carmen Hertz (exdiputada del Partido Comunista).
En 1967, ya egresado de la carrera, acompañó a un amigo a una reunión de la Unión de Federaciones Universitarias, en Valparaíso, en la que se abordó la necesidad de una coordinación de los paros estudiantiles. Ese día, Insulza volvió a Santiago convertido en presidente de la organización. "A la semana, estábamos con mil estudiantes en la calle, apoyando el paro en la Universidad Católica de Valparaíso, que fue la primera de las huelgas universitarias", relata.
En 1969 no se casó con Carmen Hertz sino con Valeria Ambrosio, hermana de Rodrigo Ambrosio, fundador del Mapu, escisión de la DC que ocurrió ese mismo año, pero de la cual Insulza no participó de inmediato. Ese año, partió a Estados Unidos con su esposa a hacer un doctorado en ciencia política en la Universidad de Michigan. Allá nació su hija mayor que hoy vive en Canadá. Pero se volvieron antes, porque Salvador Allende había ganado las elecciones y querían ser parte del gobierno de la UP. Recién entonces entró al Mapu.
En 1973, cuando trabajaba con el Canciller Clodomiro Almeyda, fueron a la IV Cumbre de Países No Alineados en Argel y, ya de regreso, durante una escala en París supieron que había ocurrido el golpe de Estado. No pudo volver a Chile. Se quedó en Buenos Aires y luego viajó a Italia, donde vivió el exilio con su segunda esposa, Eliana Merlet. Allá nació Javier, el único de sus hijos que hoy vive en Chile. Llevaba siete años de exilio cuando en 1981 partió a México para dirigir el Instituto de Estudios de Estados Unidos en el Centro de Investigación y Docencia Económicas.
Pero antes de recibir allí su primer sueldo, recibió un llamado de su hermano, pues su padre estaba próximo a morir. Logró volar a Chile con un permiso por cinco días. Pero el día en que tenía que irse de país, su papá falleció. Entonces se acordó de Jaime Guzmán Errázuriz, quien había sido su contertulio y adversario político en el programa de TV "A esta hora se improvisa". Encontró su número en la guía telefónica y lo llamó.
Guzmán no solo consiguió renovar su permiso por otros cinco días, sino que asistió al funeral de su padre. "En cinco días, tuvimos largas conversaciones políticas", recuerda.
El permiso para volver a Chile le salió en 1987. En México nació su hijo Ignacio, que falleció cuando tenía un año y medio, producto de una malformación cardíaca. "Es lejos, el mayor golpe que he tenido", ha dicho.
En México, se separó de Eliana Merlet y, más tarde, se casó con la mexicana Georgina Núñez, doctora en Economía y su actual esposa, con quien tuvo a su hijo menor, Daniel, quien hoy vive en ese país.
Decidió volver a Chile con su familia, tras recibir una oferta de trabajo en el Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales (ILET), en Santiago. Aquí vivió el regreso a la democracia, ya como militante del Partido Socialista y, cuando empezó el gobierno de Patricio Aylwin, tuvo un puesto en la coordinación de la cooperación internacional. Luego pasó a la Dirección Económica de la Cancillería, a cargo de las relaciones bilaterales.
En el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, fue nombrado subsecretario de Relaciones Exteriores y, a los pocos meses, canciller. Reemplazó a Carlos Figueroa, quien pasó a Interior. Dice que con él aprendió y desarrolló lo que, cree, debe ser la política exterior de Chile: "Abierta al exterior, manteniendo la independencia, y siempre coherente, predecible y respetuosa del derecho internacional". En ese sentido, es crítico de cómo se han llevado las cosas últimamente. Sin embargo, la reciente reunión de excancilleres le pareció "interesante y constructiva". Dice que no están de acuerdo en todo, pero que hay "un espacio de diálogo".
-Como canciller, en 1998 debió trabajar para traer a Pinochet a Chile, cuando estuvo detenido en Londres. Muchas personas en su sector se oponían a eso. ¿Por qué estaba tan convencido de que había que hacerlo?
"Porque un país que se dice democrático no puede dejar que otros hagan justicia por él. Si tenía que haber un juicio contra Pinochet, debía hacerse en Chile, lo que podía abrir la puerta para juzgar también a otros responsables, cosa que ocurrió".
Fueron momentos difíciles, recuerda. Pero el único instante que le sacó lágrimas, y de emoción, fue cuando el Presidente Frei llamó a todos los dirigentes de la Concertación y les dijo: "Han atacado al canciller. Quiero que sepan que quien ataca a mi ministro, me ataca a mí. Y eso no lo voy a aceptar".
En su último año de Gobierno, Frei Ruiz-Tagle lo nombró ministro secretario general de la Presidencia. Debió enfrentar situaciones de desempleo (crisis asiática) y varias huelgas. Insulza recuerda que fue un período difícil, que supo sortear con éxito y que de ahí viene el apodo de Panzer. En el Gobierno siguiente, Ricardo Lagos lo nombró ministro del Interior. "Quedamos en que iban a ser dos años y, al final, fueron cinco y medio".
-¿Qué le falta a la política de hoy?
"Más humanidad. Ahora hay gente que entra a la política como un trabajo. Nosotros entrábamos por vocación. En ese tiempo, todos, los de derecha, izquierda y de centro, entrábamos a la política por una vocación de servir. Eso se ha perdido".
-Ha dicho que a su generación política la diferencia de las nuevas que estas últimas no debieron enfrentar una tragedia. ¿Qué les enseñó esa tragedia?
"Mucha gente no sabe lo que es perder todo y lo que se ha sufrido para lograr lo que tenemos. Cuando mi generación entró a la política, creíamos que cada día era mejor que el anterior y que, pese a los problemas, se avanzaba. Nunca habíamos previsto que todo se fuera para atrás tan fuertemente. Vimos que la política y la realidad tienen avances y también retrocesos. Por eso aprendimos a valorar lo que íbamos consiguiendo, con todas las dificultades que hubiera. En política, hay dos frases que me interpretan: que uno avanza, si transa, y que lo mejor es enemigo de lo bueno".
-¿La sociedad chilena está abierta a que las personas mayores sigan aportando?
"No. Hace dos años atrás el gobierno de Boric, mi gobierno, no halló nada mejor que decir que los funcionarios públicos tenían que jubilarse después de los 75 años. Y en la ley de reajuste de 2026, pusieron varias excepciones que dejaron contenta a la Universidad de Chile, a los académicos, pero al trabajador común y corriente lo dejaron fuera".
-¿Por qué esto le parece mal?
"Porque significa que se desprecia a las personas por su edad. Reconozco que puede haber gente que tiene dificultades para seguir trabajando, pero más del 80 por ciento de los mayores de 75 años están en condiciones de hacerlo. La mayoría no lo hacemos por voluntad propia, pero no veo por qué a los mayores se nos va a privar del derecho a trabajar".
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