‘Pese a todo, hay datos que invitan al optimismo’
Reciban la más cordial bienvenida a esta noche, cuyo propósito no es otro que reconocer a las personas, empresas e instituciones que con su trabajo hacen de Colombia un mejor país
Reciban la más cordial bienvenida a esta noche, cuyo propósito no es otro que reconocer a las personas, empresas e instituciones que con su trabajo hacen de Colombia un mejor país. Estos premios son una forma de decirle al país que detrás de cada empresa que sobrevive y crece hay alguien que decide liderar, hacer, quedarse, arriesgar y apostarle a Colombia. Reconocerlos es también una manera de devolverle al éxito empresarial el lugar que merece, el de un ejemplo que vale la pena imitar. En esta edición estamos estrenando una categoría de gestión pública sostenible, para reconocer también a quienes demuestran que el Estado puede ser eficiente con cada peso y, sobre todo, transformar la vida de la gente. Este año tuvimos un récord en este galardón. Se postularon más de 920 organizaciones, empresarios, docentes y estudiantes. Esa cifra nos llena de orgullo y de optimismo, porque confirma que, aun en tiempos difíciles, en Colombia sobran historias que merecen ser contadas. A todos ellos, gracias por su confianza. A nuestro jurado, gracias por asumir con rigor e independencia la difícil tarea de elegir. Y a PwC, gracias por auditar el proceso y darle a estos premios el sello de transparencia que los ha distinguido en 32 ediciones. Nos reunimos en un momento que no se parece a ningún otro. Hace apenas unas semanas, Colombia estrenó gobierno y vivió la peor tragedia natural de lo que va del siglo. El 10 de agosto un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, sacudió buena parte del país. Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Quibdó y el norte del Valle sintieron su fuerza como pocas veces. 335 compatriotas perdieron la vida, más de 4.500 resultaron heridos, un centenar siguen desaparecidos y más de 36.000 viviendas quedaron destruidas. Casi medio millón de personas, en 500 municipios, sufrieron sus consecuencias. Detrás de cada cifra hay una familia. Les pido que esta noche las tengamos presentes. Pero en medio del dolor, Colombia volvió a mostrar su mejor rostro. Rescatistas, voluntarios, la Cruz Roja, los bancos de alimentos, las autoridades y miles de ciudadanos anónimos corrieron hacia donde más se les necesitaba. Y el sector privado respondió con una velocidad y una generosidad que merecen reconocimiento. Grandes grupos económicos, familias empresarias, gremios y compañías de todos los tamaños pusieron recursos, alimentos, materiales y capacidad logística. Eso, señoras y señores, es la empresa como institución social. Es la prueba de que el éxito empresarial no es un estigma, sino un patrimonio colectivo. Más adelante rendiremos un homenaje especial a quienes estuvieron al frente de esa respuesta. Pero la reconstrucción apenas comienza, y exigirá que la solidaridad de las primeras horas se convierta en compromiso de largo plazo, con cada peso ejecutado de manera eficiente y transparente. El 7 de agosto se posesionó el presidente Abelardo De La Espriella, y tres días después la emergencia se convirtió en su primera gran prueba. Le deseamos éxito, porque el éxito de un gobierno es el éxito del país. Y precisamente por eso, con el respeto y la franqueza que siempre han caracterizado a Portafolio, quiero referirme a los retos que tenemos por delante. Hay datos que invitan al optimismo. La economía pasó de crecer 2,2% en el primer trimestre a 3,5% en el segundo, por encima de lo que esperaban los analistas, acumulando 2,9% en el semestre, más que el 2,6% de todo 2025. El desempleo, que en febrero estaba en 9,2%, bajó a 8,1% en julio. Las ventas del comercio minorista crecen 11,4% en lo corrido del año, jalonadas por carros, motos y tecnología. Pero esas buenas noticias esconden fragilidades que no podemos ignorar. Buena parte de ese crecimiento lo explica el gasto del Estado, que en el segundo trimestre aumentó 12,2%, más de cuatro veces el ritmo del consumo de los hogares. La primera fragilidad es fiscal. Colombia enfrenta uno de los desequilibrios más severos de su historia. Este año, aun con un recorte de $21,9 billones, el déficit cerraría en 7,2% del PIB. El Presupuesto General para 2027 llega a un máximo histórico de $635 billones, y sin el ajuste de $45 billones que el Gobierno le ha pedido al Congreso, el déficit llegaría a 9,4% del PIB el próximo año, el más alto que haya registrado el país. Ordenar las cuentas es un acto de responsabilidad con las próximas generaciones. Pero el remedio no puede ser peor que la enfermedad, así que el ajuste debe venir acompañado de control del gasto, sin asfixiar a quienes producen. La segunda es la inflación. Cerramos 2025 en 5,1%, lejos de la meta de 3%, y en lugar de bajar, los precios se aceleraron: en agosto la inflación llegó a 6,24%, su nivel más alto en dos años. Para contenerla, el Banco de la República ha subido su tasa de interés en 275 puntos básicos este año, de 9,25% a 12%. Eso encarece el crédito para hogares y empresas por igual, y los analistas anticipan que la inflación cerrará el año cerca de 6,5%, con tasas altas por más tiempo. La tercera, quizás la más urgente, es la energía. Colombia enfrenta un riesgo real de desabastecimiento eléctrico. Los generadores calculan un déficit de energía firme de 5,4% este año, que subiría a 7,8% en 2027. Y lo enfrentamos en medio de un fenómeno de El Niño que ya está aquí y que el Ideam advierte podría ser uno de los más intensos desde 1950, con su punto más crítico entre noviembre y enero. Es la hora de destrabar licencias, acelerar proyectos, asegurar el gas y cuidar cada kilovatio. Un apagón no sería solo un problema técnico, sería un golpe a la confianza que el país necesita recuperar. Y la cuarta es la inversión. Aquí los indicadores no son malos, son demasiado pobres. La inversión en Colombia ronda el 16% del PIB, en mínimos de dos décadas, muy lejos de los niveles superiores al 24% que alcanzamos en 2007. A comienzos de este año, por primera vez en los registros, el gasto del Estado pesó más en la economía que la inversión.
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