Hay que tener en cuenta a la gente
Mario Hernández
Un informe de agosto de la firma Raddar es quizá el trabajo más reciente y serio del comportamiento de los consumidores que abarca el más amplio concepto de ciudadanía, pues en él cabemos los 53 millones de colombianos sin distingo alguno, ni regional, ni género o nivel de preparación académica
Mario Hernández
Un informe de agosto de la firma Raddar es quizá el trabajo más reciente y serio del comportamiento de los consumidores que abarca el más amplio concepto de ciudadanía, pues en él cabemos los 53 millones de colombianos sin distingo alguno, ni regional, ni género o nivel de preparación académica. Aunque todavía las cifras muestran una evolución positiva, es evidente la racionalidad de la gente: los hogares siguen demandando bienes y servicios, pero con una cautela racional al priorizar cada vez más la compra de bienes esenciales por la presión que ejercen los precios sobre su bolsillo y que se evidencia en la mayor tasa de inflación observada. Al igual que el ministro de las finanzas públicas dice que el presupuesto nacional está cada día más atado por los gastos inflexibles, las personas del común también viven una situación cada más estrecha y el margen de disponibilidad se reduce a diario porque arrancan el mes con un partidor muy alto: servicios públicos indexados, combustible en alza por efecto del precio internacional, costos de la salud y la educación que no pueden eludir o disminuir y una canasta básica de bienes básicos que es fija y que no se puede disminuir, pero a diario sube su valor. Los alimentos presentaron el mayor crecimiento real, con una expansión de 4,33%, y representan cerca del 30% del gasto total de los hogares cuando es evidente que la importancia de la comida baja proporcionalmente cuando las familias mejoran su condición de ingreso, cosa que parece no estar pasando aquí. La inflación anualizada a agosto pasó del 6,2% y todo señala que mantendrá esa tendencia por razones externas e internas que no son de caso explicar aquí y no ha sido mayor por la dañina revaluación del peso frente al dólar y otras monedas fuertes y porque resulta cada vez más extendido que se busca promociones, liquidaciones y descuentos, aunque no siempre el consumidor gana porque se expone a falta de garantías y menor calidad de los productos, como en el caso de las bebidas alcohólicas o no alcohólicas, los electrodomésticos, las prendas de vestir y en general las manufacturas de cuero. Si se quitara los alimentos y servicios, la inflación podría estar por encima del 8%. Es claro que el crédito de consumo se mantiene como un instrumento de pago de las familias, pero su crecimiento es cada vez menor por las razones aludidas y las circunstancias señalan que tiene un límite que es la capacidad de pago de los consumidores. Sin duda alguna que los agentes productivos deben tomar en consideración lo que está ocurriendo y el particular en los servicios, donde el estado juega un papel dominante no puede tenerse como práctica exprimir el bolsillo de los atribulados consumidores, por errores y manejo de quienes administran esos rubros y que además deben soportar con paciencia unos costos ocultos como la inmovilidad urbana, las carreteras en mal estado y la inseguridad. Así, no es mucho pedir que se tenga más en cuenta a la gente del común.
Empresario exportador.