Pablo Sirvén: cómo reconstruyó el secuestro y asesinato de Oberdan Sallustro en su última novela
"Yo definiría el libro como una suerte de thriller político que te tiene en una tensión por el hecho de que vos sepas lo que va a pasar", afirma Pablo Sirvén sobre su última novela, "Operación Sallustro", en una entrevista para el ciclo De Autor, exclusivo para suscriptores de LA NACION
"Yo definiría el libro como una suerte de thriller político que te tiene en una tensión por el hecho de que vos sepas lo que va a pasar", afirma Pablo Sirvén sobre su última novela, "Operación Sallustro", en una entrevista para el ciclo De Autor, exclusivo para suscriptores de LA NACION.
"Me mataron de la manera más artera que se puedan imaginar: un balazo en el pecho y otro en la nuca", son las primeras líneas de esta obra, sin spoiler. Con 50 años como periodista, Sirvén combinó la realidad con la ficción en una historia a dos voces: la de Oberdan Sallustro, quien fue secuestrado y asesinado por un grupo terrorista en 1972, cuando era gerente general de Fiat, y la de Nahuel Sima, un personaje ficticio miembro de la guerrilla que no estaba cómodo en ningún lugar y que se convirtió en un contrapunto clave para el desarrollo de esta historia.
"Cubriendo una nota me encontré con una persona que había sido asistente directo de Sallustro. Me contó que había sido soldado en la Segunda Guerra Mundial y que había sido partisano contra Mussolini. A mí me empezó a entusiasmar porque este hombre fue secuestrado y asesinado por guerrilleros, y él también había sido guerrillero. Ahí comencé a trabajarlo en mi cabeza", comenta Sirvén, quien además se encontró con la sorpresa de que no había ningún libro sobre Sallustro, entre tantos escritos sobre los años 70.
"Me pareció interesante que el libro tuviera varias capas: tiene una del tema de la violencia en la Argentina, otra que es la historia de Fiat, que es muy atrapante- tanto la parte italiana como la relación con el fascismo y con el comunismo-, y también la historia del automóvil me parece fascinante, especialmente lo que fue acá en la Argentina el Fitito, al que accedió la clase media y hasta la clase obrera", destaca.
"Me mataron de la manera más artera que se puedan imaginar"
Para que Sallustro fuera lo más verosímil posible hubo una investigación exhaustiva. El autor recopiló gran cantidad de datos de su rutina gracias a su colaborador, e incluso detalles que le brindó el único de sus cinco hijos -que todavía vive- sobre cómo hablaba y qué características tenía. Así, consiguió que el personaje dijera cosas que podría haber dicho Sallustro. La intención era "que [este último] se pudiera reconocer si resucitara y leyera el libro", revela.
En el caso del guerrillero Sima, el autor construyó una familia de clase muy alta donde él no estaba muy cómodo ni tenía con sus padres psiquiatras un vínculo muy afectuoso. Más bien eran bastante desapegados. Vivían en Barrio Norte y se iban de vacaciones a Punta del Este. "Ahí empieza la búsqueda de salir de ese hastío, que es lo que les pasó a muchos chicos de esa época. La revolución cubana del 59 fue muy idealizada por la juventud de esa época. Después se agregó el Mayo francés en el 68 y en el 69, el Cordobazo. Todo eso hizo en este pibe y en muchos de la época que en su cabeza tuvieran la oportunidad de decir ‘vamos a barrer todo y a empezar una nueva historia’. Y la guerrilla les daba esa posibilidad", explica Sirvén. Con fobia a los ruidos extremos, Sima estuvo más dedicado a tareas de inteligencia: no soportaba el ruido de las explosiones, no podía poner una bomba ni disparar, y eso no es casual en alguien que parecía no hallarse en ningún lugar.
"Cubriendo una nota me encontré con una persona que había sido asistente directo de Sallustro"
Hay cuidado en la manera en que se trata el tema de la violencia. "Tanto la víctima de la guerrilla como la víctima de la dictadura militar es la misma, o sea: perdiste tu vida. La salvedad es que como hubo un relato ideologizado de la guerrilla, al menos para los deudos de las víctimas de la dictadura militar hubo como cierto abrazo del poder. En cambio, las víctimas de la guerrilla fueron puestas debajo de la alfombra. No son equiparables, no es lo mismo que te mate una banda de terroristas a que el Estado mate. El Estado nos representa a los argentinos", distingue.
En los capítulos impares de la novela, Sallustro es el narrador en primera persona y un observador omnisciente. Nos cuenta su muerte y sigue narrando lo que sucede hasta hoy. Sima, que cuenta su historia en los capítulos pares, también narra en primera persona, pero -a diferencia de Sallustro- su relato es como si fuera su diario personal durante un año.
"El libro tiene un remate que es entre poético y sorprendente", concluye el autor.