Domingo, 27 de Septiembre de 2026

Embestida de la oposición

ChileEl Mercurio, Chile 27 de septiembre de 2026

Se percibe en dirigentes de oposición y exautoridades el afán de ajustar cuentas o al menos debilitar al Gobierno, condicionando la tarea del Presidente Kast de liderar la política internacional del país.

El brusco cambio en el escenario internacional que se ha experimentado en los últimos años -crecimiento de la delincuencia transnacional vinculada a la criminalidad organizada, impacto de fenómenos migratorios que desbordan los controles fronterizos, recrudecimiento de tensiones geopolíticas y conflictos bélicos que recuerdan el período de la Guerra Fría, entre otras situaciones- se ha sentido con fuerza en Chile. Ante esta nueva realidad que desafía al país y respecto de la cual no hay respuestas fáciles ni se pueden emplear recetas simplistas del pasado que pudieron servir en contextos muy distintos, se hubiera esperado, particularmente de la oposición, mayor altura de miras y prudencia en sus juicios y conductas para colaborar en una política de Estado.
Naturalmente, es legítimo que en materia internacional existan diferencias y puedan expresarse, pero una cosa distinta es que se utilice la política exterior de forma mezquina -con alusiones demasiadas veces vacías ante la defensa de los intereses nacionales-, como arma de política interna, para sacar pequeñas ventajas partidarias. En estos días, declaraciones de dirigentes y exautoridades, en las cuales abundan las descalificaciones y a veces una impostada indignación moral con la que pretenden erigirse como superiores defensores de la soberanía y la autonomía nacional, han adolecido de ello. Olvidan así otros episodios recientes, como cuando el gobierno de Boric, tras reclamos de EE.UU., dejó sin efecto el decreto que le había otorgado hace solo 48 horas la concesión del cable submarino a China o la cancelación del proyecto de observatorio astronómico impulsado por la Universidad Católica del Norte y la Academia China de Ciencias.
A la primera y pública interpelación parlamentaria de un ministro de Relaciones Exteriores y los riesgos que ello puede traer para los mejores intereses del país, se suma la inédita violación de su deber de reserva que hizo un excanciller a lo tratado privadamente en una reunión en la Cancillería, en la que también participaban otros exministros de la cartera -instancia que había operado sin mayores contratiempos durante distintos gobiernos, pese a los dispares puntos de vista que pudieran existir-, y la carta pública de los expresidentes Boric y Bachelet criticando la decisión del Presidente Kast de adherir a la iniciativa Escudo de las Américas y llamando "a reconsiderar la permanencia de Chile en esta instancia", entre otros hechos.
Si de salvaguardar los intereses del país se trata, hay mejores formas y más eficaces de plantear sus opiniones. Boric y Bachelet ni siquiera tuvieron una conversación previa con el Presidente Kast para que se les entregaran más antecedentes. De ahí que se perciba un cierto afán de ajustar cuentas o, al menos, debilitar al Gobierno, condicionando la tarea de Kast de liderar la política internacional del país.
Ya hubo indicios de ello cuando el entonces presidente Boric sorprendió al país, el pasado 2 de febrero, al anunciar formalmente la candidatura de Bachelet con el apoyo de Brasil y México. Dejaba de esta manera en una incómoda posición a su sucesor, el cual ni siquiera había sido consultado en una decisión que involucraba al futuro gobierno y que comprometía también a otros dos Estados. Lo que ocurrió después, incluyendo el reciente retiro de esa candidatura tras la falta de respaldos, fue solo la culminación de esa operación política inicial.
Alcances de la iniciativaLo anterior no implica desconocer la relevancia y las eventuales implicancias que pudiera tener la adhesión de Chile a la iniciativa internacional Escudo de las Américas, que han suscrito 15 países de la región. Es bienvenido y necesario que exista una coordinación entre los distintos gobiernos para combatir con mayor eficacia el crimen transnacional -tendría poco sentido quedar fuera de ello si además lo integran nuestros tres países limítrofes- e hizo muy bien el Gobierno en conseguir que se consigne expresamente que "cada Estado actúa de conformidad con sus respectivas obligaciones legales internacionales y nacionales". El Presidente Kast ha resaltado también que "no vamos a participar en intervenciones militares en otros países y que tampoco vamos a perder nuestra soberanía".
Tratándose hasta ahora de una declaración de intenciones de colaboración habrá que estar atentos a cómo evoluciona esta iniciativa (no es un tratado) y que en cada caso se cumpla escrupulosamente nuestra normativa interna. Las aprensiones, más que por el contenido del texto dado a conocer, surgen sobre todo porque detrás de este está la controvertida figura del Presidente Trump; por el hundimiento por parte de EE.UU. de lanchas sindicadas de transportar drogas, lo que ha ocasionado centenares de muertos en distintos lugares del continente y que difícilmente puede conciliarse con las normas del derecho internacional; por las declaraciones de autoridades norteamericanas y otras iniciativas, como la "Coalición de las Américas contra los carteles", que tendrían mayores alcances que lo suscrito por el país, entre otras situaciones. De ahí que el Gobierno deba explicar con la mayor claridad posible cuál será la deriva, incluyendo las líneas rojas, que tendrá en el futuro este acuerdo de intenciones.
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